Iñaki  Iriondo
Cronista político

Demostración de fuerza

El PNV llevaba semanas en marcha para hacer una «demostración de fuerza», en la que según sus propias cuentas congregaron a 2.500 personas. Ese número, los titulares posteriores y la «ensalada de porrazos» de la víspera de la Ertzaintza cuestionan si los objetivos jeltzales se cumplieron.

Imagen del acto preelectoral celebrado el domingo por el PNV en Landako Gunea de Durango.
Imagen del acto preelectoral celebrado el domingo por el PNV en Landako Gunea de Durango. (Andoni CANELLADA | FOKU)

La convocatoria era explícita: «El próximo domingo 24 de mayo a las 11.30 en Landako Gunea de Durango tenemos una cita en la que tenemos que demostrar quiénes somos. No es solo un acto. Es una demostración de fuerza». Pero lo que acabó copando portadas casi de forma unánime no fue la fortaleza preelectoral del PNV, sino que el presidente del EBB, Aitor Esteban, ve «ciertamente muy difícil que Sánchez pueda culminar la legislatura. Más bien diría que sería irresponsable seguir más allá de 2026, sin rumbo, sin presupuestos, sin una mayoría estable y con una agenda descontrolada y judicializada». El Grupo Noticias abría ayer sus periódicos con «El PNV pide a Sánchez que cierre la legislatura este año», Vocento se decantaba por «El PNV presiona a Sánchez para que adelante las elecciones a este año por el ‘caso Zapatero’» y ‘El Mundo’, por «El PNV sentencia a Sánchez y explorará su debilidad»

Pero las palabras de Aitor Esteban y esos titulares no son una demostración de fuerza, sino de un «quiero y no puedo», porque Pedro Sánchez ya ha dejado claro que no va a atender a las peticiones del presidente del EBB y de un PNV que no tardó en volver a tener a que pasar a la defensiva, aclarando que «una cosa es ser muy crítico con Pedro Sánchez, que en este momento no cuente con nuestro apoyo, pero otra muy diferente es hablar de una moción de censura e inventarse o incentivar otras hipótesis. Eso no va a ocurrir». Lo aclaró el portavoz parlamentario Joseba Díez Antxustegi, en entrevista concertada con ETB1 para la mañana del día siguiente al acto.

Como también son un quizá querer pero seguro que no poder las palabras dirigidas al PSE avisándole de que «diferenciarse del PNV cada semana no es un proyecto de país. Buscar la confrontación continuamente y desbordar el río para después decir que las aguas vuelven siempre a su cauce… ¡Ya! Hasta que no vuelvan». Pero Eneko Andueza ha comprobado una y otra vez que sí, que el vaso nunca se desborda, porque a PNV y PSE no les une ni el amor ni la lealtad, sino el interés. Son socios con un pacto vertical y de hierro en todas las instituciones en las que les es posible.

¿Qué va a hacer el PNV? ¿Romper el Gobierno de Lakua, las tres diputaciones, los tres ayuntamientos de las capitales de la CAV? ¿Devolverá la Alcaldía de Durango conseguida con el voto de un ultra del PP? Todo eso sí que sería fuerte.

Los que mostraron fuerza (excesiva) y autoritarismo (que no autoridad) fueron los ertzainas que recibieron en el aeropuerto de Loiu a los solidarios ya maltratados de la Flotilla con una «ensalada de porrazos», según definición del diario ‘Abc’. Aun dando por buena la referencia a las «provocaciones» del consejero Bingen Zupiria (que ya es mucho dar) golpear con semejante saña a personas que tienen ya en el suelo, es merecedor del escándalo con el que se ha recibido hasta en medios internacionales. Un porrazo en la nuca a un hombre postrado... un joven al que dos agentes y un guarda de seguridad mantienen en el suelo contra el mostrador del Ambulatorio de Deustu a un herido para el que piden asistencia... serán puntos que Zupiria tendrá que explicar hoy con claridad.

Paradójicamente, quienes sí que demostraron fuerza fueron quienes acudieron a la manifestación del domingo al mediodía en Bilbo en denuncia de la actuación de la Ertzaintza y en solidaridad con los golpeados. Sin necesidad de una campaña de un mes de cartas, mensajes directos y recordatorios de «cupos mínimos» juntaron cerca del mismo número de personas que el PNV en el acto de Landako.

La demostración de fuerza del domingo la cuantificó el propio PNV en la asistencia a Landako de 2.500  personas, de un partido que tiene, al menos, 1.600 cargos públicos y liberados, y probablemente nos quedemos cortos. Son 988 alcaldes y concejales, no menos de 267 altos cargos y asesores del Gobierno de Lakua, más de un centenar en las diputaciones, otro tanto de parlamentarios del Congreso, Senado, cámaras autonómicas y Juntas Generales. Sumen sus equipos. Y también todos los liberados en la estructura del PNV que no sean ni asesores ni cargos públicos. Es más, según datos acreditados aunque no oficiales, el partido tiene 233 organizaciones municipales a muchas de las cuales se les recordó su compromiso de asistencia al acto.

El PNV se jacta de que de gracias a él «Euskadi es un país fiable» y que «tenemos un país que merece la pena y un partido preparado para dar lo mejor de sí. Y cuando todo eso se pone en marcha, no hay quien nos pare». Con todo ese currículo ¿es un éxito reunir a 2.500 personas en un acto que llevaba preparando durante siete semanas? Son el 11,36% de las «22.000 almas» que «laten al unísono» de las que habló Aitor Esteban como número de afiliados jeltzales, sin contar los nuevos simpatizantes a los que abrió la puerta.

Por buscar una comparación, según fuentes municipales de Bilbo, EH Bildu congregó a 15.000 personas el 22 de noviembre en un acto de la formación. Eso es seis veces 2.500. Sobre demostraciones de fuerza, cada cual puede hacer sus propias cuentas.