Iñaki  Iriondo
Cronista político

«¿Por qué aquí?»

En su explicación de la actuación policial, Zupiria preguntó por qué ocurren estas cosas aquí y no en otros lados, y su respuesta es que parte de la sociedad vasca odia a la Policía. La pregunta es buena. Debería invitar a una reflexión más amplia. Porque la respuesta no es simple ni ajena a Lakua.

(Raúl BOGAJO | FOKU)

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

¡Qué es poesía!, ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía... eres tú.

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

 

Como el acusado al final de un juicio, en la comparecencia parlamentaria para explicar los porrazos de la Ertzaintza en el aeropuerto de Loiu, el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, hizo uso de su derecho a la última palabra. Fue una intervención preparada, que el Departamento subió luego a sus redes sociales con subtítulos traduciendo al español una alocución que fue íntegramente en euskara.

Mirando directamente al portavoz de EH Bildu en la comisión, el consejero hizo preguntas que reglamentariamente nadie podía después responderle. Era, recordemos, su derecho a la última palabra:

«Señor Ortiz de Guinea:

¿Por qué aquí?

¿Por qué aquí?

A través de la inteligencia artificial es posible ver las bienvenidas que recibió la Flotilla en distintos lugares de Europa.

¿Por qué aquí?

Yo tengo 65 años y me siento hijo de este país. Cuando repaso mi vida, una y otra vez, me vienen muchas imágenes, situaciones y acontecimientos. Y siempre me hago la misma pregunta: ¿por qué aquí?

Creo que tenemos algo que no hemos curado y no tiene que ver con el modelo policial. Tiene que ver con el modelo de convivencia. ¿Cómo queremos vivir juntos? ¿Bajo qué principio de autoridad?

Eso es lo que aquí está en cuestión. Y una y otra vez suceden cosas que no gustan a nadie y una y otra vez nos preguntamos: ¿Por qué aquí?

Pues bien, veamos lo que tenemos que hacer para que no vuelva a suceder y para ello el primer paso es decidir en qué vamos a basar nuestra convivencia. Organizar un sistema de seguridad acorde con esa convivencia y la Policía deberá responder a ello.

La casa no se empieza por el tejado, se empieza por los cimientos».

¿POR QUE AQUÍ? PREGUNTA ZUPIRIA. LA ÚNICA DIFERENCIA ENTRE LO QUE SE HIZO EN EL RECIBIMIENTO A LA FLOTILLA EN AEROPUERTO DE MADRID Y EN EL DE BARCELONA CON LOIU ES QUE ALLÍ NO HABÍA POLICÍA EN EL «COMITÉ DE BIENVENIDA».

Los que esperaban en Barajas y en el Prat, emocionados, se saltaron la barandilla y ocuparon todo el espacio que quisieron ocupar para dar abrazos, besos y todo tipo de parabienes a quienes llegaban de Turquía, que además pudieron hacer libremente declaraciones antes los medios

¿Puede que la diferencia sea esa? Que en ningún otro aeropuerto -ni tampoco otras veces en Loiu- había uniformados improvisando su «quién manda aquí».

En su comparecencia, para no decir qué opinaba él de la orgía de porrazos a la que se lanzaron sus ertzainas, el consejero quiso fijar el marco mental de que esas imágenes que dieron la vuelta al mundo se deben «al odio de parte de la sociedad vasca a la Ertzaintza». Esa es su respuesta a ese ¿por que aquí? Algunos se lo compraron a cinco columnas.

Para otros la respuesta es que a la Ertzaintza se le ha dado patente de corso. Dice el consejero que es la institución más vigilada. Que siempre se abren investigaciones internas. La cuestión es en qué concluyen y cómo se hacen. ¿Hay que recordar el rapapolvo del tribunal a la Policía autonómica por su actuación tras la muerte de Iñigo Cabacas? ¿Nos olvidamos de que Asuntos Internos archivó la desaparición de la comisaría de Ondarroa de pruebas sobre drogas del hijo del jefe policial porque no encontró al culpable? ¿Y de que la Comisión de Transparencia y Control se queje de que se entorpece su labor? ¿De las denuncias del Ararteko por su opacidad?

Y si el consejero dice que parte de la sociedad odia a la Ertzaintza, no es menos cierto que parte de la Ertzaintza odia a un importante sector de la sociedad vasca. Se focaliza en la izquierda abertzale, pero Lakua no debería olvidar las formas de centenares de ertzainas en lucha contra el propio lehendakari Iñigo Urkullu, ni aquel estrecho pasillo a las puertas del Parlamento, resuelto con una multa de 300 euros al firmante de la convocatoria «por invasión de la carretera» y que acabó pagando el sindicato ErNE. Fue en 2018.

Se han justificado todo tipo de tropelías represivas, legitimado el uso público de simbología supremacista o abiertamente nazi, el empleo de terminología ofensiva en la propia Academia de Arkauti, que los sindicatos de aquellos que deben velar por los derechos de todos insulten a partidos en sus comunicados, tengan o no algo que ver con los hechos de los que hablan. Según las centrales policiales, todo lo que hacen los ertzainas está bien y quien muestre alguna discrepancia o matización es una especie de traidor, lo que acaba condicionando la políticas públicas.

PERO DEL ÚLTIMO ALEGATO DEL CONSEJERO SE PUEDE EXTRAER ALGO POSITIVO.

Consensuar las bases de la convivencia, organizar un sistema de seguridad acorde con esa convivencia al que la Policía deberá responder, es realmente un ejercicio democrático, Bingen Zupiria y su partido debería explicitar cómo hacerlo.

Pero más allá de las descalificaciones y las mofas que se han repetido, lo cierto es que eso se parece mucho a gestar un nuevo modelo policial.