«El talento no tiene nada que ver con el reconocimiento, porque este forma parte del sistema»
‘Harri biguna’ es una serie documental que habla del arte vasco contemporáneo desde una mirada feminista. Ha sido presentada este martes en el Museo de Bellas Artes de Bilbo y ya están disponibles en las plataformas Primeran y ETB ON los seis capítulos de entre 23 y 29 minutos de duración.

Dirigido por Tamara García Iglesias (Lasarte, 1978), ‘Harri biguna’ ha sido un «trabajo artesanal» de cinco mujeres. El trabajo ha sido producido por Atekaleun y cuenta con la participación de EITB y el apoyo del Gobierno de Lakua.
¿Cómo surge la idea de repensar y recontar la historia del arte euskaldun?
Empieza aquí, en el Museo de Bellas Artes. He estado trabajando con ellos durante cuatro años haciendo un proyecto que se llama Ikuspuntuak. Me di cuenta de que había muchas artistas que yo desconocía, no solo que desconocía la obra, sino que no había oído nombrar. Y ahí me di cuenta de que la herramienta de la serie de televisión era una herramienta que sirve para el público en general y que era lo que yo quería aportar. Yo provengo del mundo del cine, del lenguaje audiovisual y de la tele. Lo que hice fue juntar curadoras y críticas de arte que yo respeto mucho y decidir contar esas décadas como ellas quisieran. Y transmitirlo con una técnica documental basada en el collage. Siempre pensamos que el arte contemporáneo es especialista. Pero el público en general no es bruto, es decir, no tiene el conocimiento, pero sí es sensible. No tiene el conocimiento específico, que eso forma parte de lo académico, del museo. Es otra cosa. Su experiencia artística no parte de ahí. Eso es lo que aprendí en Ikuspuntuak y lo que he aplicado aquí.
«A nivel de Euskal Herria, nos parece muy importante la vinculación que tiene el arte con nuestra identidad»
La serie tiene una vocación pedagógica, no solo en términos artísticos, plásticos y visuales, sino también en el mismo relato que se hace.
Eso es. Cada capítulo se inicia con una niña que lee un texto muy complejo de arte feminista, representando esa cosa de intentar comprender algo muy avanzado y que para comprenderlo tienes que ponerte en la situación de una niña, de niña en cuanto al conocimiento. Queríamos hacer una serie pedagógica para gente que no estaba dedicada al arte. Porque primero, a nivel de Euskal Herria, nos parece muy importante la vinculación que tiene el arte con nuestra identidad. Y después que, a través del arte contemporáneo, el arte en general, tú puedes tener unas experiencias vitales muchísimo más amplias. También queríamos trabajar la perspectiva feminista que a todo el equipo nos parecía super importante.
«Si ves la serie y terminas pensando que el arte no tiene que ver con una persona, sino con un contexto, ya está. Yo ya estoy contenta»
¿Por qué han situado el relato entre la década de los 60 y los 2000?
Por una cosa muy práctica que era acotar el tiempo. Y otra muy interesante para mí es darme cuenta de que el arte contemporáneo vasco se crea al final de dictadura como resistencia, se forma el artista vasco a nivel identitario en el principio de la democracia y es hasta el día de hoy que llega esa forma identitaria casi intacta. Para poder comprender Euskal Herria y la perspectiva feminista, tienes que entender que, durante el final de la dictadura y principio de la democracia, Euskal Herria tenía una necesidad identitaria muy fuerte. Por eso también tenemos una forma de contar las cosas a nivel de concepto artístico tan particular que tiene que ver con decir sin decir. Efectivamente, cuando estás bajo la represión no puedes decir directamente, tienes que saber decir de otra forma. Una cultura lo suficientemente abstracta y misteriosa para que tú no entiendas exactamente lo que está tratando de decir, y puede despistarte por la belleza o por la escala.
Al comienzo de la democracia hay una necesidad super fuerte de no querer ser ‘eso’. Nosotros no somos Madrid, nosotros no somos la movida madrileña, no somos el color, las risas, el flamenco, tampoco somos las jotas. La identidad del artista vasco es serio, profundo, metafísico, tótem. Y viene dado por una necesidad de identidad muy potente. El problema es que seguimos con eso que solucionamos en los 70. Y en esa identidad hay un montón de mujeres que no entran, obviamente. Entender que nosotros nos definimos en esa forma violentamente, rabiosamente, necesariamente, y que eso ha definido no solo nuestra política, sino nuestro arte, nuestra literatura, nuestra forma de ser… me parece super necesario. Me encantaría que todo esto se pudiese estudiar en las escuelas. Y en nuestro caso, si ves la serie y terminas pensando que el arte no tiene que ver con una persona, sino con un contexto, ya está. Yo ya estoy contenta.
El documental reflexiona sobre qué es el artista o la artista vasca, qué es Euskal Herria, cómo nos queremos definir… No son únicamente reflexiones de las décadas anteriores, son totalmente actuales.
Para mí es peliagudo, pero super actual y a la vez super necesario. Una de las cosas más increíbles en nuestro contexto es la duda permanente, la incomodidad permanente, el no saber contestar de forma directa de dónde eres… Hay muchísimas cosas que son propias de nosotras que están desde los 60. Ahí te das cuenta de que el hombre y la mujer moderna no nacen en el 2000. Nosotros no somos una generación espontánea, venimos con un contexto social mega potente y aun lo tenemos sin resolver. Y es guay porque se redefine. Primero empezamos con la definición y la identidad sexual. Se empezaron a poner en duda mogollón de cosas, también quién eres. Y luego afortunadamente vendrán los extranjeros y dirán ‘oye, mira, que yo soy vasco y he nacido en Senegal’. Y tendremos que ver cómo hacer ese binomio.
¿Qué dificultades han tenido al documentaros?
Isabel [Baquedano] es una artista tan importante como Oteiza o Chillida, y no está ni por asomo en el archivo con esa representación. La mayor dificultad es acceder a materiales para un lenguaje audiovisual, archivo, entrevistas de esas personas que apenas hay… A la hora de poder ilustrarla y contarla tengo los cuadros y tres libros. Lo más difícil es encontrar dentro de archivos representación o huellas que no sean la propia obra o que no sean catálogos colectivos. O encontrar entrevistas que se han hecho o personas que las han conocido. A partir de los 60 y 80 es mejor, porque puedes hablar con las personas.
En ese sentido, la misma técnica del collage es muy visual. La información también está fraccionada.
El collage era la forma visual que más representaba esta cosa de hacerlo a cachos. También es lo contrario a la especialización, lo profundo, lo del estudio especializado. Es como esta cosa de saber a trozos.
El proceso de legitimación o la calidad artística son conceptos que también tratan. ¿Por qué?
Claro, lo que para mí la teoría feminista ha desarticulado es que calidad, continuidad, esfuerzo y talento tenga que ver con el reconocimiento. No se es talentosa y por eso hay un reconocimiento, eso no va así. Es verdad que a la hora de comunicar queda mucho más bonito y tiene mucho más charming, mucho más aura decir que es el talento creador, la potencia, la cosa esta de morir por el arte… Pues queda mucho más guay, porque todos necesitamos héroes, pero me parece que el feminismo lo que ha venido a decir es que el talento no tiene nada que ver con el reconocimiento. El reconocimiento forma parte del sistema. El talento es una cosa super subjetiva.
¿Y qué ha pasado con las artistas de Ipar Euskal Herria?
Pues eso es un misterio del misterioso. Hay muy poca documentación de la zona de Iparralde en cuanto a trabajar. Yo pienso que Francia puede llegar a tener algo, pero hay muy poquita información en Euskal Herria sobre la zona de Iparralde.
¿Qué decisiones han tomado para la gestión lingüística?
En los 60 y de los 70 muy pocos sabían euskera, primero por contexto; es decir, no habían tenido la libertad lingüística que nosotros hemos tenido después. Y segundo, muchísima representación de arte contemporáneo no sabe euskara. Tiene una formación de la pera, pero no es capaz para hablar sobre su obra artística en euskara. Lo utiliza de forma vital, como lo uso yo, pero no ha desarrollado un euskara especializado para hablar de la obra en profundidad. Y hay una una parte del euskara técnico que no descarga emocionalmente todo lo que uno hace a través de su trabajo.
Todo aquello que nosotros podíamos conservar en euskara lo hemos hecho. Textos en euskara, subtítulos… Y también queríamos evitar esto de la representación. Para mí es super importante que la serie sea en euskara, me parece que es lo que debe ser, pero también entiendo que el contexto no me va a dar toda la cantidad que yo quiero. Hemos tenido que lidiar con conservar y mantener la obra en euskara y respetar el lenguaje en el que se quieran expresar las artistas. Nos hubiese encantado poder entrevistar a todas las personas en euskara.

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