
Tras los 1.000 días transcurridos desde el 7 de octubre de 2023, Gaza se encuentra en ruinas, su población ha sido diezmada e Israel sigue ampliando el control del enclave. Más del 90% de la Franja ha sido destruida con 223.000 toneladas de explosivos, y las fuerzas israelíes tienen el control de casi el 80% de un territorio que han convertido en inhabitable.
La cifra oficial de muertos es de 73.068, de los que 21.500 eran niños, y de ellos 1.022 bebés. Se trata de muertes directas por ataques israelíes y con identidades confirmadas, pero análisis como los realizados por la revista médica “The Lancet” estiman que las víctimas mortales, incluidas las fallecidas de forma indirecta por heridas o enfermedades, pueden llegar a 124.000, el 4% de la población que tenía Gaza. De hecho, unas 9.500 personas están desaparecidas, muchas de ellas enterradas bajo los escombros, mientras que 173.514 han resultado heridas.
Por otro lado, el «alto el fuego» nunca se ha cumplido desde que se aprobó hace ocho meses, y las estructuras que creó están sirviendo para afianzar el genocidio.
Así, la denominada Junta de Paz creada por Donald Trump para supervisar el «alto el fuego» y dirigir la reconstrucción bajo un plan de tres fases no ha logrado asegurar siquiera el cumplimiento de la primera por parte israelí.
En lugar de la retirada gradual, Israel ha ampliado su control de Gaza y solo permite la entrada de un tercio de los camiones de ayuda que se comprometió a autorizar. Las fuerzas israelíes también han matado a más de 1.000 palestinos desde que la falsa tregua entró en vigor. Ayer mismo mataron a dos más e hirieron a 7, entre ellos varios niños, en otro ataque en Mawasi
Pero, además, la Junta está planeando la construcción de campos de concentración bajo el eufemismo de «refugios humanitarios libres de Hamas», donde encerrar a la población palestina. Ha empezado ya a levantar su infraestructura en Tel al-Sultan, al sur de Rafah, una zona destruida sistemáticamente.
En estos campos, los palestinos deberán someterse a puntos de control militares, sistemas de vigilancia electrónica y biométrica para poder recibir suministros básicos.
Para estos planes, Israel tiene que deshacerse del resto de ayuda humanitaria y la propia Junta pidió acabar con la Unrwa. «La Unrwa no tiene lugar en la nueva Gaza», afirmó.
Sin esperanza «Lo más difícil de todo lo que he experimentado en mi vida han sido estos últimos 1.000 días. Todo nuestro ánimo ha desaparecido, incluso nuestra esperanza. Nuestros hijos no están recibiendo educación. Vivimos sin comida, sin bebida, sin estabilidad, sin descanso. Vivimos en la calle», lamenta en una tienda de Deir a-lBalah Munawar al-Raai, una palestina desplazada varias veces.

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