Al PNV le molesta más citarle a Agirre que acusarle de «apartheid lingüístico»
En declaraciones efectuadas la pasada semana, el presidente del EBB, Aitor Esteban, demostró que al PNV le molesta más que EH Bildu haga propuestas de homenaje al lehendakari José Antonio Agirre, que el hecho de que el PSE le acuse de imponer un «apartheid lingüístico» con la Ley de Empleo Público.

El viernes 26 de junio Pello Otxandiano anunció en el pleno y registró después una propuesta para que el Parlamento pida añadir el nombre de Lehendakari Agirre al Aeropuerto de Loiu. Y días después Arnaldo Otegi recordó que José Antonio Agirre formó un gobierno de «amplio espectro, donde estaban comunistas, socialistas y las dos familias del abertzalismo».
En el propio pleno del Parlamento ya se vio que la propuesta de renombrar el aeropuerto pilló a contrapié al PNV y se demostró en comentarios posteriores. Y a todo ello le dio forma el presidente del EBB, Aitor Esteban, en una entrevista en Herri Irratia, quejándose de que EH Bildu haga «citas a personajes y referente nuestros en vez de a los suyos», refiriéndose a Agirre, Lauaxeta e incluso Ibarretxe. A lo que añadió que «si EH Bildu va a sus referentes históricos, estos son Txabi Etxebarrieta, Argala, Gadafi, Txapote, Urrutikoetxea y el propio Otegi», que tienen «un legado que no es muy vistoso».
La intencionalidad de la comparación es evidente, pero también es indiscutible que, en su fuero interno, para cientos de miles de vascos y vascas los militantes de ETA se han sacrificado y han hecho más por Euskal Herria que otros condenados como los burukides jeltzales del “Caso de Miguel”, afamados jeltzales de los casos Margüello e Hiriko, o los que se salvaron del juicio del “Caso Tragaperras” por la falta de diligencia judicial. También tuvieron sentencias de prisión exalcaldes de Bakio y Muskiz y ahí sigue todavía coleando lo de Alonsotegi.
Especialmente osada parece la mención de Aitor Esteban a Argala, un hombre que para sus 25 años, junto a otros, ya había cambiado la historia del Estado y lo mataron por ello sin dejarle cumplir los 30. En la memoria está la mítica fotografía de Jose Miguel Beñaran Ordeñana, Argala, con Telesforo Monzón, miembro precisamente de aquel primer Gobierno Vasco de Agirre, al igual que Gonzalo Nárdiz, militante de ANV.
Tampoco parece elegante en un dirigente político tratar de minusvalorar la referencialidad del secretario general de una formación que le está disputando ya abiertamente la hegemonía política en Euskal Herria. Por no hablar del ámbito cultural y del espectáculo, terreno en el que en foros jeltzales se lamenta el protagonismo que tiene la izquierda independentista.
Sobre lo que en ese momento el PNV todavía no se había pronunciado era sobre las graves acusaciones de sus socios del PSE.
A raíz de lo ocurrido con los ceros de la PAU, la Secretaria de Universidades, Innovación e Investigación del PSE, Patricia Campelo, afirmó que «rechazamos la utilización de la situación creada como argumento para avanzar en un apartheid lingüístico del mismo calibre que el que se pretende imponer con la reciente Ley de Empleo Público y la exclusión de miles de vascos y vascas» y así lo transmitió su partido urbi et orbi.
El PNV encajó el golpe de semejante acusación sin apenas reaccionar. Parece haberse acostumbrado ya hasta a que su socio contradiga al lehendakari Imanol Pradales, cuando pretende ponerse firme desde Madrid exigiendo las transferencias de la Seguridad Social. El PSE replicó en un escrito a seis de sus afirmaciones, con una foto de Pedro Sánchez, y concluyendo que «un traspaso en los términos en que se vería satisfecha la aspiración del PNV dejaría a Euskadi en bancarrota si tuviera que afrontar hoy el pago de las pensiones».
Resulta difícil entender cómo puedes poner buena cara en el Consejo de Gobierno a quién te acusa de «imponer» un «apartheid lingüístico», o cómo el PSE sigue junto a quien, en su opinión, tiene tales pretensiones autoritarias.
El problema para el PNV probablemente no es lo que digan, sino quién lo dice.
No hay entrevista en cualquier medio a todo tipo de dirigente institucional o interno jeltzale, en cuyo titular no acabe apareciendo una mención despectiva a EH Bildu. Salvo algún meme, al PSE le consienten casi todo. Aseguran que les une más de lo que les separa.

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