NAIZ

Koro Santesteban recoge el Premio de Comunicación Alfonso Sánchez 2026

La responsable de la prensa estatal de Zinemaldia, Koro Santesteban, recibe la distinción de la Academia «en representación del equipo de comunicación y prensa del certamen». «No hay trayectoria valiosa sin la compañía de los otros», manifestó Santesteban. 

Koro Santesteban, responsable de prensa estatal de Zinemaldia.
Koro Santesteban, responsable de prensa estatal de Zinemaldia. (ACADEMIA DE CINE ESPAÑOLA)

Koro Santesteban, responsable de la prensa estatal de Zinemaldia, recibió este miércoles el Premio de Comunicación Alfonso Sánchez 2026 que otorga la Academia de Cine a medios y profesionales por su contribución a la promoción y divulgación de nuestro cine. 

Ante un auditorio repleto de compañeros de la prensa y de la industria, y visiblemente emocionada, Santesteban reconoció que nunca había imaginado recibir una distinción  de estas características. «Lo entiendo también como un reconocimiento a las personas de esta industria cuya labor es tan fundamental como anónima, y que no suelen recibir premios», dijo, y celebró que la Academia «visibilice y reconozca también nuestra labor».

«Me llega en un momento muy especial de mi vida, en el último tramo de mi trayectoria profesional. No os imagináis hasta qué punto supone una ilusión renovada para seguir adelante en esta etapa final», añadió.

En un emotivo discurso, la donostiarra mostró su gratitud por recibir una distinción que calificó de «prestigiosa» y confesó que espera «estar a la altura» de un galardón que, recordó, han recibido anteriormente profesionales de la comunicación a quienes admira profundamente. Recordó también al desaparecido crítico de cine y cineasta Diego Galán, primer galardonado con este premio y exdirector de Zinemaldia, de quien aseguró que «marcó también mis inicios en el Festival».

Rememoró su primera llegada a las oficinas del certamen en el verano de 1988, momento que recuerda también en esta entrevista concedida a NAIZ, cuando «no sabía hasta qué punto iba a cambiar mi vida aquel verano del 88», al subir por primera vez la escalera del Teatro Victoria Eugenia. «Cuatro décadas, cinco cambios de oficina, dos nuevas sedes, cuatro directores y una directora después, me iré de un festival digitalizado, interactivo y moderno. Sin embargo, algo sobrevivió de aquella época a este mundo hiperconectado, algo que ni la IA ni la tecnología dejaron obsoleto: la certeza de que no hay trayectoria valiosa sin la compañía de los otros», afirmó.