Aitor Agirrezabal
Aktualitateko erredaktorea / Redactor de actualidad

Arraigo y pertenencia; Mikel Landa devuelve el brillo al naranja

Mikel Landa volverá a vestir de naranja a partir de 2027, 14 años después. El ciclista vasco de referencia en la última década vuelve a casa para cumplir lo prometido y dar vida a un proyecto de país más que necesitado.

Mikel Landa, con el maillot naranja en 2013.
Mikel Landa, con el maillot naranja en 2013. (Iñigo URIZ | FOKU)

Hay fichajes que se explican por los vatios, por los resultados o por las opciones de victoria. Y hay otros que hablan de pertenencia. El regreso de Mikel Landa a Euskaltel Euskadi corresponde a esta segunda categoría. Pertenencia a un proyecto de país, que durante más de una década actuó como si de una selección vasca de ciclismo no oficial se tratase. Eso que de forma oficial se niega.

A sus 36 años, cuando podría haber optado por un último contrato en estructuras con mayor presupuesto y con la presencia asegurada en las grandes vueltas, o incluso por colgar la bici, el alavés ha decidido volver al equipo que marcó sus inicios. Una decisión que tiene un peso deportivo evidente, pero cuyo valor simbólico resulta todavía mayor en el contexto que atraviesa el ciclismo vasco.

El movimiento llega en un momento de incertidumbre. Euskaltel Euskadi continúa consolidando un proyecto que ha recuperado la presencia del ciclismo profesional vasco, pero que sigue compitiendo en una categoría donde nada está garantizado. En 2027 el equipo no tiene asegurada su participación ni en el Tour, ni en la Vuelta, ni en el Giro. El acceso dependerá de terminar este año entre los 30 mejores equipos del mundo, las invitaciones y de un escenario cada vez más competitivo, con más equipos de todo el globo aspirando a las escasas plazas disponibles.

Precisamente por eso la apuesta de Landa adquiere una dimensión especial. Es una apuesta consciente por un proyecto que conoce bien y con el que mantiene un vínculo que nunca ha desaparecido.

Porque la relación entre Landa y Euskaltel va mucho más allá del maillot naranja. En los años posteriores a la desaparición del histórico equipo, el de Murgia nunca ocultó su implicación con el intento de reconstruir el ciclismo vasco desde sus cimientos. Llegó incluso a presidir la Fundación Euskadi, una responsabilidad que asumió en un momento delicado, cuando mantener vivo el proyecto requería tanto credibilidad como compromiso y las instituciones ya no sostenían un proyecto de élite.

Un deseo repetido

Aquella implicación no fue un gesto puntual. Durante años ha repetido que quería retirarse vestido de naranja. No era una frase hecha. Era la expresión de una deuda emocional con el equipo que le abrió las puertas del profesionalismo y con una estructura que, en Euskal Herria, representa mucho más que una licencia deportiva.

El regreso anunciado este sábado confirma que aquellas palabras respondían a una convicción profunda. En una época marcada por contratos millonarios, decisiones condicionadas por el calendario de las grandes vueltas y proyectos diseñados desde la lógica empresarial, Landa ha elegido cerrar el círculo allí donde todo empezó. Puede que para darle un nuevo comienzo.

Y es que la operación supone, sobre todo, un impulso para el propio Euskaltel Euskadi. La llegada de un corredor con el prestigio internacional de Landa multiplica la visibilidad del equipo y ofrece un referente de enorme valor para los jóvenes ciclistas que llegan desde la cantera vasca. No garantiza invitaciones, pero sí aporta argumentos deportivos y mediáticos. Y, probablemente, unos resultados que hace años que no alcanza la estructura naranja.

Dar vida al naranja

En un deporte cada vez más globalizado y deslocalizado, donde las identidades de equipo resultan cada vez más difusas, el regreso de Landa recuerda que todavía existen decisiones que responden a una idea de pertenencia. Que todavía hay corredores dispuestos a asumir riesgos por devolver parte de lo recibido.

Quizá por eso este fichaje tiene un significado especial para el ciclismo vasco. Porque no solo incorpora a uno de sus mejores corredores de las últimas décadas. También recupera un símbolo. Uno que entiende que vestir de naranja no es únicamente competir bajo unos colores, sino formar parte de una historia colectiva que puede y debe seguir escribiéndose.