No es más que un tropiezo, pero caerán

Dicen que caen, pero tratan de capear un temporal que no esperaban y que, con suerte para ellos, pasará, como todo hoy en día, desapercibido en poco más de una semana. Ajenos a la realidad de las miradas que los aúpan, son muchos los que vieron una veda abierta en la que hacer poco, saber poco y ganar mucho.
No los culpo, bueno, igual un poco. No son los únicos, ni mucho menos los últimos, que tienen esos preceptos como rectores vitales. Ahora, cuando su influencia es innegable, pero su vigencia, cuestionable, parece que muchos piden perdón sin saber por qué y otros, ante una encrucijada que ni siquiera entienden, aguardan a que amaine el temporal.
Si de algo carecen las redes es de moralidad. Sin juez sobre el estrado, las reglas se establecen desde el banquillo, y son esos pocos que destacan los que parecen definir el difuso marco de la opinión. Sería naíf pensar que las caras visibles de las redes sobresalen por talento. No: sobresalen por astucia, impacto y, sobre todo, imagen. Hace tiempo que dejaron de hacer para luego ser, y terminaron por pretender, y punto.
Lejos de la arcaica y casposa demonización que se hace de cualquier personaje –porque eso es lo que son: personajes– que comunica a través de una pantalla, como seguidor de algunos y detractor de muchos, veo necesario poner en valor a aquellos que hacen y creen, y no tanto a quienes pretenden algo sin saber qué.
La plena accesibilidad que brinda internet permite también que, por ocultas veredas, se inmiscuyan voces que convierten el algoritmo en una herramienta de conocimiento, entretenimiento y, sobre todo, enriquecimiento para algunos. Personajes –esto nunca dejan de serlo– que transmiten y retransmiten, con pasión, aquello que un día los conmovió a ellos. Está por ver el recorrido que este tipo de contenido puede llegar a tener frente a la hipersaturación vacía que promueve la mayoría, pero no dudo de que el tropiezo de ahora se convertirá en un hostión más pronto que tarde.

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