Beñat Zaldua
Iritzia saileko arduraduna / Coordinador de la sección de opinión

¿Gobernar desgasta a la extrema derecha?

La avasalladora victoria de AfD en Sajonia-Anhalt, donde se ha quedado a las puertas de la mayoría absoluta, abre una tentadora vía de escape: que gobiernen y empiecen a desgastarse. La experiencia muestra que no es una buena idea.

El candidato de AfD en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund, tras ganar las elecciones.
El candidato de AfD en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund, tras ganar las elecciones. (Odd ANDERSEN | AFP)

Llegados a este punto, en el que la extrema derecha alemana ha obtenido el 44% de los votos en Sajonia-Anhalt, es tentador pensar que quizá lo más pertinente es que gobiernen un territorio con competencias limitadas para que el ejercicio del poder empiece también a desgastarles y demuestren que, más allá de la propaganda, son un atajo de inútiles. Durante la campaña, la candidatura de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), contraria a la política de cortafuegos contra la extrema derecha, jugó con la idea de abstenerse en la tercera votación de investidura y permitir a AfD obtener la presidencia con mayoría simple. No está claro que lo vayan a hacer, pero aquí va el spoiler: entregar las llaves a la extrema derecha no suele ser una gran idea. Es más, habitualmente les refuerza.

Así lo defendió ayer Heike Klüver, catedrática de Comportamiento Político en la Universidad Humboldt de Berlín. En un artículo en el “Süddeutsche Zeitung” explicó la investigación que llevaron a cabo en el Humboldt Governance Lab, para la cual analizaron 57 democracias y 1.237 gobiernos desde la década de 1970 hasta la actualidad. «El resultado es inequívoco», concluye.

En campaña, BSW ha jugado con la idea de abstenerse en la tercera votación de investidura, permitiendo así gobernar con mayoría simple a la AfD. Los datos acumulados sugieren, sin embargo, que gobernar no desgasta a la extrema derecha

Centraron su análisis en qué ocurre con los partidos de extrema derecha después de asumir funciones de gobierno y llegaron a una conclusión tajante: «La participación en el Gobierno no debilita a la extrema derecha, sino que la fortalece. De media, los partidos de extrema derecha ganan alrededor de seis puntos porcentuales hasta las siguientes elecciones».

Klüver cita como ejemplos lo ocurrido con el PiS polaco a partir de 2005, con el Fidesz húngaro tras 1998 y con el Partido Popular Danés (DF) en 2001, cuando actuó como principal apoyo de un gobierno conservador y cuatro años después pasó del 12% al 13,3%. Sin ir tan lejos en el tiempo y en el espacio, es un fenómeno que cabe intuir observando la experiencia de Vox en varias comunidades autónomas españolas.

Orban, Abascal y Le Pen, el año pasado en Madrid. (Ricardo RUBIO | EUROPA PRESS)
Orban, Abascal y Le Pen, el año pasado en Madrid. (Ricardo RUBIO | EUROPA PRESS)

Tres falsas esperanzas

Según la catedrática, son tres las esperanzas que articulan esta idea de que el ejercicio de gobierno puede amansar a la extrema derecha y reducir su apoyo. La primera es que, al gobernar y tener que llegar a acuerdos con otras fuerzas, los ultras se moderarán y rebajarán sus políticas reales, por ejemplo, en cuanto a migración e identidad nacional.

No ocurre. Cabe pensar que, de hecho, puede suceder lo contrario. Esos discursos se legitiman, como con Meloni, que llegó proponiendo centros de internamiento de migrantes en terceros países, una medida entonces extravagante que la UE, sin embargo, ya ha adoptado como propia. Vox y la «prioridad nacional» asumida por el PP también son ejemplo.

La segunda esperanza tiene que ver con la expectativa de que el ejercicio de gobierno y la imposibilidad de aplicar programas que tienden a la grandilocuencia decepcionen a sus votantes originales, mermando sus apoyos. Pero «los votantes de la extrema derecha no castigan la mala gestión gubernamental», defiende Klüver.

Tras analizar 57 democracias y 1.237 gobiernos, la investigación no ha encontrado indicios de que la extrema derecha se modere o decepcione a sus votantes tras el ejercicio del poder

Por último, menciona la esperanza de una resistencia. La fe en que la llegada de la extrema derecha al poder provoca una reacción inversa capaz de frenar a la extrema derecha en la calle y en las urnas. Tampoco ocurre. Cuanto peor, peor.

El fuego en casa

La académica alemana concluye con una imagen sencilla y poderosa: «No se apaga un fuego llevándolo al interior de la casa». Por ello defiende el mantenimiento del cortafuegos con contundencia: «La extrema derecha no se deja domar por la responsabilidad. ‘Desmitificar mediante la participación’ no es una estrategia política basada en datos empíricos, sino una peligrosa ilusión».

Eso sí, añade, no basta con aplicar el cortafuegos y sentarse a esperar: «La verdadera tarea política consiste en abordar los conflictos que alimentan el auge de la extrema derecha».