San Siro cumple un siglo; así es el monumento que han pisado tres equipos vascos
El estadio de Milán fue estrenado el 19 de septiembre de 1926 con un amistoso entre los dos equipos de la ciudad, Inter y Milán. Repasamos su historia, que ha ido conectándose mucho con el tejido social, tanto local como italiano.

Es la ‘Scala del calcio’, no hace falta añadir mucho para describir a San Siro, un estadio que es todo un monumento, colosal, referencia de la ciudad de Milán y del fútbol en el mundo entero. No es cuestión de tener miedo escénico, es... ser el miedo escénico.
Con su aforo máximo de 75.817 espectadores –aunque en el pasado era mayor, hasta los 85.000–, es un icono conocido en todo el planeta, etapa obligada para quienes se acerquen a la capital lombarda.
El 19 de septiembre de 1926, ahora hace un siglo, fue inaugurado con un derbi entre los dos equipos de la ciudad, sus dos almas: victoria para el Inter contra el Milán, 6-3 en lo que era un simple amistoso. El primer partido de una serie casi ininterrumpida; solamente la Segunda Guerra Mundial paró el juego.
También los equipos vascos han pisado el cesped milanés, como veremos. Vamos entonces a homenajear este lugar fuertemente conectado con el tejido social de la ciudad.
El barrio: San Siro
El barrio en que se ubica da nombre no solamente al estadio sino también a los dos hipódromos de la zona; uno para las carreras de trote (ya cerrado para siempre y convertido en escenario para conciertos) y otro para el galope, que sigue funcionando.
En el pasado era muy normal que después de los partidos de fútbol la gente se trasladase allí a apostar un poco de dinero, cuando los partidos se jugaban a primera hora de la tarde y no de noche. Y durante su desarrollo, según los gritos que se oían se podía adivinar desde el hipódromo el desarrollo del encuentro, en aquella época anterior a las noticias 24 horas.
San Siro está al oeste de Milán, desde siempre muy bien conectado por tranvía, el medio de transporte más popular. Ahora tiene su parada de la línea 5 del metro, pero ha sido siempre mucho más romántico coger el 16 desde Piazza del Duomo y llegar hasta el final del trayecto, la enorme Plaza Axum, que lleva el nombre de una ciudad conquistada por el fascismo durante la efímera guerra de Etiopía en 1935.
Ahora se puede ir en metro, pero siempre ha sido más romántico llegar en el tranvía número 16 desde Piazza del Duomo
El entorno es un barrio residencial muy pijo, con pisos que rondan los 10.000 euros por metro cuadrado. Algún jugador ha comprado casa por allí, áticos con piscina y con vistas al mismo estadio.
Las calles llevan sobre todo los nombres de los héroes de los poemas épicos (Aquiles, Patroclo, Pegaso) o de familias que han ‘otorgado’ papas. Por eso la dirección oficial del estadio es calle de Los Piccolomini 5, que era apellido de Pio II y Pio III. Los Piccolomini, sin embargo, eran de Siena. El nombre San Siro del barrio procede de una antigua iglesia, desaparecida.
La gente de fuera coge normalmente la enorme avenida llamada Via Novara.
El mito, Giuseppe Meazza
Desde 1980 el estadio ha cambiado de nombre. Justo el año anterior, en una clínica en Lissone, cerca de Monza, había fallecido por un cáncer de páncreas quizás el mejor futbolista nunca nacido en Milán: Giuseppe ‘Peppín’ Meazza.
Típico apellido milanés para este hijo de la pobreza, nacido en el barrio de Porta Vittoria, zona cercana al centro cuya referencia máxima hoy día es el tribunal, uno de los ‘productos’ más emblemáticos de la arquitectura fascista. Esta también es zona de pijos ahora, muy distinta desde luego a como estaba en 1910, cuando nació ‘Peppín’, hijo de una mujer que vendía fruta y verduras.
Crecido en un mundo totalmente de otra época, Meazza aprendió el calcio, el fölber en dialecto milanés, por las calles, al puro estilo potrero. Vistió enseguida la camiseta del Inter, cuando el equipo tenía que llamarse Ambrosiana porque al fascismo le gustaba muy poco aquel nombre ‘comunista’. Su posición en el campo se podría definir entre el interior y el enganche, técnicamente era impecable, rapidísimo y totalmente ambidiestro.
En la década de los 30 todos los chavales soñaban con ‘ser Meazza’, también por el personaje que se había montado; vividor, rostro de anuncios publicitarios de gomina o de jabones... y es que no necesitaba mucho entrenamiento para ser diferencial. Podía acabar una ‘noche loca’ en el centro para luego coger su coche descapotable, ir al partido y ganarlo él solo. Era el único jugador al que los entrenadores dejaban fumar en público. Un talento superior en una época que ahora nos parece muy lejana.
Ganó tres ligas con el Inter pero sus obras maestras fueron las Copas del Mundo con Italia entre 1934 y 1938, la segunda con el brazalete de capitán en una París que pitaba a estos italiens fascistas. Meazza sigue siendo el segundo mejor anotador de la historia de los azzurri con sus 33 goles; uno de estos de penalti en la semifinal del Mundial 1938 contra Brasil, sujetándose los calzoncillos que se le habían roto. En toda su carrera anotó 346 goles en 565 presencias.
Murió de hecho olvidado por todos, al estilo «triste, solitario y final» de Osvaldo Soriano, después de una larga trayectoria como responsable de los juveniles del Inter. La noticia de su muerte fue oficializada cuando ya había sido enterrado. Su ciudad, que ha representado también vistiendo durante una temporada la camiseta del Milán, le ha rendido así homenaje de la mejor manera.
Los vascos en San Siro
En la centenaria historia de este estadio se han jugado miles de partidos, incluidas cuatro finales de Liga de Campeones o Champions League, encuentros de dos Copas del Mundo en 1934 y 1990 (inolvidable la campanada de Camerún contra Argentina, 1-0) y de la Eurocopa de 1980. La selección azzurra ha jugado aquí 49 veces. Antes en Milán la referencia también para los clubes era la Arena Civica, dentro del espectacular Parque Sempione.
Ni Real ni Athletic han conseguido aún ganar en San Siro; sí lo hizo el Alavés en su espectacular ruta hacia la final de la UEFA en 2001
Tres equipos vascos han pisado el césped del Meazza. La Real Sociedad es la única que haya disputado dos partidos, ambos contra el Inter. Nunca ha podido anotar, sumando una derrota 3-0 en la Copa de la UEFA en 1979 y un empate en la Champions en 2023.
El Athletic consiguió de milagro el pase de ronda en la Copa de la UEFA en 1977 tras derrota contra el Milán 3-1. Pasó a octavos de final gracias al 4-1 de la ida y acabaría llegando a la final contra la Juventus.
Así el único equipo que ha sabido ganar en San Siro de momento es el Alavés, que asaltó el Meazza el 23 de febrero de 2001 durante su cabalgada hacia la final de la Copa de la UEFA. Fue un 2-0 espectacular firmado por Jordi Cruyff y Tomic, contra el Inter de Vieri y otros supuestos fenómenos, para sellar el pase a cuartos de final.
San Siro, sin embargo, no ha sido solo fútbol: grandes eventos y conciertos han sido otro hilo conductor. El último, la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos invernales el pasado febrero. Entre los conciertos destaca en cuanto a cantidad Bruce Springsteen, y a nivel icónico Bob Marley con su única exhibición en tierras italianas, el 27 de junio de 1980, poco antes de morir. En realidad muchos se habían acercado para asistir al concierto de Pino Daniele, extraordinario artista blues napolitano, que había sido el evento previo. El chiste sale casi gratis; el césped después de Bob Marley se mantuvo intacto…
10 cosas que conocer cuando se llega a San Siro
Curva Sud y Curva Nord. Son los dos fondos, el primero ocupado por los tifosi del Milan (yo estuvo en tres o cuatro ocasiones sin ver mucho, la verdad) y el segundo por los del Inter (donde también fui una vez invitado por mi padrino de bautismo, interista)
Salamella. Es el ‘plato fuerte‘ de los chiringuitos que rodean el estadio, un bocadillo con salchichas y cebolla pochada.
Bagarini. Los que hacen compraventa ilegal de las entradas y van caminando todo el rato hasta que el evento empiece.
‘Luci a San Siro’. Pieza del cantautor Roberto Vecchioni, milanés e hincha del Inter, conocida en toda Italia. En realidad no habla del estadio en sí, sino del lugar donde este hombre iba de joven con su pareja y que en la época de la canción (1971) ha cambiado mucho.
Los anillos. Las tres estratificaciones que constituyen la estructura arquitectónica del estadio, el tercero construido para la Copa del Mundo de 1990 y causa de varias afecciones al césped, que recibía menos luz de la debida.
Colores. Cada punto del Meazza tiene un color; la Curva Sud tiene los asientos azul oscuro; la Nord, verde; los otros dos sectores son rojo y naranja. Este último que tiene un ‘agujero’, el sitio para el videomarcador. Es decir, no existe un ‘tercer anillo’ naranja en este caso.
Las torres. Hay cuatro, una por cada esquina. Sujetan los tres anillos y anteriormente allí se encontraban unos bares.
El museo. Etapa imprescindible para conocer toda la historia de este monumento y las victorias tanto del Milán como del Inter: cuesta 30 euros la entrada e incluye un tour por el estadio.
Hechos sangrientos. Al igual que otros estadios italianos, altercados y accidentes marcaron las tardes del Meazza. La más grave fue la muerte por infarto de Antonio de Falchi, joven hincha de la Roma, que murió el día de un Milan-Roma, el 4 de junio de 1989 mientras estaba intentando escapar de una agresión de algunos milanistas.
Derrumbe a la vista. Está planteado, eso sí, dejar espacio a otro San Siro, en sustitución del actual. Esperemos realmente que sea lo más tarde posible.

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