La prisión de Guantánamo cumple 13 años mientras a Obama se le agota el tiempo
Hace trece años, tan día como ayer, se abrieron las puertas de uno de los principales símbolos de la «guerra contra el terror» librada por Estados Unidos, la cárcel de Guantánamo, unas puertas cuyo cierre definitivo tan prometido por el presidente, Barack Obama, está aún lejos de consumarse aunque los vuelos nocturnos para vaciar sus celdas se hayan multiplicación. En 2014 fueron liberados 28 detenidos, pero sus muros siguen manteniendo encerrados a 127 prisioneros.
Mientras al presidente estadounidense, Barack Obama, se le agota el tiempo para cumplir con su ferviente promesa de clausurar las instalaciones de Guantánamo a falta de apenas dos años para concluir su estancia en la Casa Blanca, lo cierto es que la transferencia de los prisioneros en los últimos meses se ha acelerado algo, pero no lo suficiente para cerrar definitivamente sus puertas.
Tres yemeníes y dos tunecinos, capturados en Pakistán como supuestos miembros de Al Qaeda y presos desde hace más de una década sin cargos, han sido el pasado 31 de diciembre los últimos reos en ser transferidos a otro país, concretamente a Kazajistán, una nación que hasta ahora no había acogido a ninguno.
Y es que una de las muchas complicaciones que suscita echar el cierre a esa prisión es a dónde enviar a aquellos presos cuyos países se encuentran en una situación inestable para recibirlos y donde incluso podrían acabar en las filas de grupos radicales.
El caso de los yemeníes es especialmente peliagudo ya que es la nacionalidad que concentra más número de presos en Guantánamo (81) y Yemen es uno de los destinos menos recomendables tras comprobarse que otros prisioneros previamente enviados allí terminaron por unirse a «organizaciones terroristas». Tanto es así, que desde 2010 ningún ciudadano yemení había sido transferido y el propio Obama había prohibido que su país fuera un posible destino. La próxima semana cinco yemeníes serán trasferidos.
Según datos aportados por Cliff Sloan, el enviado especial del Departamento de Estado para cerrar esta cárcel, el porcentaje de detenidos liberados durante la presidencia de Obama que volvieron a sumarse a la «guerra santa» es del 6,8%,, frente al 30% registrado durante la Administración Bush.
En su búsqueda de aliados en la tarea, EEUU ha logrado que países como Georgia, Eslovaquia o Uruguay hayan accedido a recibir a algunos presos, que ya lejos de salir de prisión por goteo, abandonan las instalaciones de la prisión en grupos de una media docena.
La mayoría, sin cargos
El centro, abierto por la Administración de George W. Bush tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, llegó a albergar a cerca de 800 prisioneros, la mayoría de ellos sin cargos en su contra.
Con motivo del décimo tercer aniversario de su apertura, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) recuerda que de los 127 hombres que siguen «arbitrariamente detenidos», 59 de ellos fueron declarados libres de cargos, pero conti- núan a la espera de su liberación. Encontrar para ellos un país de acogida es el objetivo inmediato de Obama.
Los 68 restantes están clasificados como «detenidos indefinidos», una categoría utilizada para aquellos individuos que las instancias estatales consideran no elegibles para juicio ni traslado a terceros países y que pasarán por una evaluación caso a caso.
Solo diez personas de esos ocho centenares que acabaron entre rejas están siendo procesadas.
«Las recientes transferencias de 13 presos a Uruguay, Afganistán y Kazajistán son un paso adelante para lograr el cierre de Guantánamo», dijo Viviana Krsticevic, directora ejecutiva de CEJIL.
«Sin embargo, las revelaciones realizadas por el informe del Senado de EEUU sobre la utilización de la tortura por agentes de los servicios de Inteligencia de ese país acentúa la urgencia con la que su Gobierno tiene que actuar», agregó en relación a las investigaciones al respecto ordenadas por la Cámara Alta y publica- das el mes pasado.
Además, al tiempo que el segundero del reloj avanza en contra de la Administración Obama, que aprieta en su sprint, hace apenas unas semanas Sloan abandonó su cargo para pasar al sector privado. Pese a que él mismo y la Casa Blanca afirmaron que simplemente había cumplido los 18 meses a los que se comprometió cuando fue nombrado, otras fuentes apuntan a que Sloan ha tirado la toalla ante el poco interés del Departamento de Defensa en cerrar la cárcel.
Obama tampoco encuentra en el Congreso, ahora en manos republicanas, un aliado fácil en esta empresa, y es que la mayoría de los republicanos se opone al cierre de Guantánamo, entre otras cosas porque rechaza que los «terroristas» que están siendo procesados sean llevados a prisiones en territorio estadounidense.
Así, entre condenas e investigaciones de la comunidad internacional y de asociaciones de derechos humanos, el penal ha cumplido trece años de existencia, que probablemente sigan sumando si Obama no pisa el acelerador.