«Ahora mismo, si hay un deporte en el que se puede confiar, es el ciclismo»
Aunque en Leitza no era el chaval más rápido con el triciclo, su espigada figura pedaleando por las carreteras cercanas a su pueblo natal casi forma parte del paisaje. La bicicleta le ha llevado muy lejos, hasta lugares como Australia o China, e incluso a militar en un equipo inglés, lo que le ha permitido conocer otras culturas y pasar con éxito del euskara del Euskaltel al «modelo british» del Sky.
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Cuando era un chaval, ¿era el más rápido de Leitza con el triciclo?
No, de pequeño no era de los más rápidos. Sí que me gustaba y andaba mucho con la bici, pero no destacaba especialmente. Incluso había gente que andaba mejor que yo, pero poco a poco, con los años, sí que empecé a mejorar.
¿Cuántas bicicletas tiene en casa?
Mías tengo cinco: la de entrenar, las dos del equipo, mi primera bici de carreras y otra de juveniles. La más especial de todas ellas es la primera de carreras.
¿Cuál es su lugar favorito para entrenar? ¿Y suele compartir ruta con otros ciclistas que le reconocen y le saludan?
Sobre todo me gustan las carreteras tranquilas que tengo por esta zona, por Uitzi, hacia Irurtzun, hacia Goñi y así. Mientras estoy entrenando, suelo coincidir con otra gente que está andando en bici y algún que otro aficionado me saluda, pero tampoco es nada exagerado.
¿Cuál es el truco para estar tres horas andando en bicicleta y al día siguiente pedalear durante otras tantas como si nada, y así durante 21 días?
El truco es el trabajo. Si entrenas todos los días, te cuidas y te dedicas a eso, no tiene ningún secreto. La gente deportista hace deporte todos los días y al final es fruto del trabajo.
¿El avituallamiento tiene algo realmente rico y apetecible?
Suelen ser cosas fáciles de comer, ya que lo haces en marcha. Y me gusta todo, no hay nada especial.
¿Lleva una dieta muy estricta durante todo el año o de vez en cuando se puede dar un gustazo y hasta tomarse un patxaran?
No, alcohol muy poco. Como mucho, algún día un poco de vino para cenar, pero nada más. Al final comemos cosas limpias, normales, porque si al día siguiente tienes que ir a entrenar, te tienes que cuidar.
Cuando está en plena ascensión a un monte o en una escapada, ¿en qué piensa para motivarse?
Cuando voy a tope, solo pienso en llegar a meta lo antes posible. Es mi objetivo y sigo ahí hasta conseguirlo. En pleno esfuerzo, voy dando todo lo que tengo y ya está.
Del euskara del Euskaltel ha pasado al inglés del Sky. ¿Qué tal se ha adaptado al «modelo british»?
Bien. Ese cambio me ha dado la opción de conocer otro idioma, otra cultura y me gusta, porque está muy bien aprender también lo de fuera. Estoy contento.
¿El ciclismo ha conseguido limpiar su nombre después de tantos escándalos de dopaje?
Yo creo que sí. En los últimos años se ha mejorado muchísimo y ahora mismo, si hay un deporte en el que se puede confiar, es el ciclismo.
El pasado octubre se casó. ¿Cómo se presenta la carrera del matrimonio?
Fue un día muy especial, muy bonito y disfruté muchísimo. La vida tampoco me ha cambiado mucho, porque antes ya vivía con ella, así que sin grandes cambios.
Después de una primavera y un verano subido en la bicicleta, ¿cómo pasa un ciclista el otoño y el invierno?
La verdad es que pasamos once meses encima de la bicicleta y solo descansamos un mes. La pretemporada empieza en octubre, así que, en realidad, solo pasamos un mes sin la bici.
¿Cómo es su ritmo de entrenamiento y su día a día fuera de competición?
La pauta la marca el preparador, que manda cómo son los entrenos. Al principio de la temporada va la cosa más suave, pero antes de las carreras, tienes que acostumbrarte a entrenar más duro. Depende de las épocas. Y el día a día fuera de competición consiste en entrenar todas las mañanas, unos días más, otros menos; por la tarde, suelo ir a pasear y estar tranquilo, y a la noche, a descansar.
Ha corrido en las grandes rondas, pero también en Lombardía, Piemonte e incluso en Pekín. ¿Cómo le resultó eso de correr en bicicleta en China?
Es muy diferente. Lo de correr en Pekín y con toda esa polución se hace raro. Además, la gente de allí tampoco está acostumbrada a ver carreras de bicicletas y te sientes un poco extraño, pero al mismo tiempo es bonito. Para hacerlo alguna vez, sí que está muy bien. El país más lejano en el que he corrido ha sido Australia. Allí era diferente, porque sí que hay más cultura ciclista y había muchos aficionados en la carretera.
¿El hecho de que sea de la misma tierra que Indurain le da un plus en el pelotón? ¿La sombra del pentacampeón del Tour sigue siendo alargada entre los ciclistas?
Yo creo que la gente tampoco sabe mucho de dónde soy. Y Miguel sí que tiene una sombra muy alargada. Le conocen en todos los sitios y le identifican, pero a mí tampoco es que me hagan mucho caso.
Los ciclistas tienen fama de ser gente con muy buen humor. ¿Se animaría a contarnos un chiste?
Ufff... Yo no soy de contar chistes, no tengo ni idea. Y sobre el humor de los ciclistas, hay de todo, como en todos los sitios, aunque sí que hay momentos para disfrutar en la carretera y algunos son más abiertos que otros.