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DAVID FERNÁNDEZ
Diputado de la CUP

«El soberanismo está inclinado a la izquierda. El deseo de un país independiente es el deseo de un país diferente»

David Fernández. (Albert GARCÍA)

Tres años ha durado la aventura parlamentaria de David Fernández (Barcelona, 1974) como diputado de la CUP, de los que extrae aprendizajes y reflexiones aún por asimilar. Pero no se va. Como dice en estas líneas, esta enciclopedia andante regresa a sus orígenes, que no son sino la militancia de base, el cooperativismo y un periodismo insobornable. Eso sí, regresa convertido en referente político y ético. Probablemente a su pesar. Nos da la bienvenida por última vez en un Parlament que dice que no echará en falta. En la camiseta, el pin con el número de preso de Arnaldo Otegi.

Hace tres años nos decía en una entrevista: «Manolete, Manolete, si no sabes, pa’ qué te metes». Ahora que sale, ¿qué sabe?

Pues sigo diciendo: «Manolete, Manolete, si no sabías, para qué te metías». Pero para serte sincero, todavía no he hecho la reflexión. Necesito distancia y tiempo y no he tenido ninguna de las dos. Desde fuera, el balance es ligeramente positivo. Hemos hecho lo que veníamos a hacer, a utilizar el Parlament de amplificador. Eso sí, de puertas para adentro, hay que reconocer que ha sido una impotencia cotidiana. Con solo tres diputados no hemos podido hacer todo lo que queríamos hacer. Yo estaba en 38 comisiones... esto ha sido un ahogo cotidiano de 16 horas al día, en el que había que escoger lo urgente por encima de lo importante. También ha servido para constatar que la soberanía, con todos los respetos y con toda la humildad, no está en este Parlament. Aquí no se define ni se modula el camino por el que transita el país. El Parlament sigue teniendo una gran parte litúrgica y otra muy opaca, pero las decisiones políticas de verdad se toman en otros despachos.

Aun así, si en aquella entrevista me hubieses preguntado si se prohibirían el fracking y las balas de goma, o si el pleno pediría la reapertura del caso del 4F y el cierre del CIE, pues probablemente te hubiese dicho que no me lo creía.

No tardaron en cambiar el lema de campaña, pasando de caballo de Troya a poni de Esparta...

Tuvimos que reconocerlo. Venimos de una crisis muy larga y muy profunda, que es también una crisis de las izquierdas. Es necesario recomponer todo el espacio sociopolítico con esquemas de liberación nacional y social. Pero cada vez somos menos poni, por ejemplo en el ámbito municipalista. Espero y aspiro a que la CUP sea lo que quiere ser y se vaya convirtiendo en un proyecto político, en un movimiento de resistencia de base en el sur de Europa, de amplio espectro y amplia duración, con criterios de unidad popular, capaz de construir soberanías en plural.

Hay quien defiende recomponer ese espacio abandonando el eje izquierda-derecha, frente a lo cual ha echado mano de Kant, a través de Santiago Alba Rico, y ha recordado que, incluso físicamente, la mano izquierda no podrá ser nunca la mano derecha. ¿Se nos olvida a veces?

De hecho, yo establecería un paralelismo claro entre izquierda-derecha y abajo-arriba. Me parecen prácticamente sinónimos. Si algunos renuncian a construir un proyecto de izquierdas, ellos sabrán a qué juegan. Para mí, la izquierda sigue teniendo un significado emancipador, que hoy en día pasa por la superación del capitalismo. No lo digo yo ni Alba Rico, lo dice la NASA: hemos llegado a un punto de saturación y colapso. Y siguiendo con Alba Rico, estoy con él cuando dice, por ejemplo, que la esperanza de vida de 80 años en Europa hace que la esperanza de vida de 40 años en Sierra Leona sea un crimen organizado. Yo soy anticapitalista por sentido común y civilizatorio, pero hay que reconocer que a la izquierda le ha sobrado soberbia y arrogancia, y hacer más y decir menos. Al final, lo que Alba Rico viene a decir es que, para ser de izquierdas, fundamentalmente, hay que ser buena persona. Eso liga mucho con Howard Zinn, que dice que el único territorio liberado del que realmente disponemos es nuestra vida cotidiana. Ahí es donde demuestras si eres una cosa u otra. Ves el desahucio de una vecina y te quedas a pararlo o te vas. Escuchas una agresión machista y tiras la puerta abajo o te callas. En cada gesto nos la jugamos. La coherencia, que es como una manta que nunca te tapa del todo, hay que buscarla en la vida cotidiana.

Sobre las crisis de las izquierdas también ha dicho en alguna ocasión que falta una reflexión sobre cómo ejercer el poder desde la izquierda. ¿Por dónde debería avanzar esa reflexión?

El debate sobre la democracia del siglo XXI en el sur de Europa continúa abierto. Aquí tenemos una experiencia poco edificante como fue la del Tripartit. Existe una crítica muy buena al poder, a cómo funciona, pero todavía no hemos planteado cómo deben ser las instituciones políticas comunes nuevas. Hay que pensar todavía cómo se ejerce el poder y si estamos preparados. Es una buena pregunta. Creo que en algunos esquemas, como los municipalistas, la CUP está perfectamente preparada. Por ejemplo para gobernar Berga, o mejor dicho, para que Berga se gobierne a sí misma, que es el esquema de la CUP.

 

Ligada irremediablemente al poder, en esta legislatura se ha vuelto a hablar, y mucho, de la corrupción. ¿Qué conclusiones saca de la comisión sobre fraude fiscal que presidió?

Primero de todo, una crítica a las comisiones de investigación. Aquí se copió jurídicamente el modelo anglosajón, pero sin la cultura política anglosajona y sin sus recursos. Dicho esto, hay que reconocer que, evidentemente, la comisión no ha servido para depurar responsabilidad, pero sí para colocar un espejo y ver el capitalismo de los amiguitos con toda su crudeza. También ha servido para sacar muchísimo material, con el que publicaremos cinco libros en diciembre, y para hacer una radiografía de las cuatro dinámicas de corrupción que hemos tenido en nuestro país: la vinculada a la financiación ilegal de los partidos, la vinculada al tsunami especulativo y la burbuja financiera, la vinculada con el fraude fiscal y la ligada a la economía global del delito.

La comisión también ha servido para constatar que, peor que la corrupción, es la impunidad de la corrupción. Porque la corrupción, como condición humana, filosóficamente, existirá siempre. Lo que toca es hacerle la vida imposible. Es una lucha inacabable.

Hablaba antes de gestos. El de la sandalia a Rodrigo Rato difícilmente se olvidará. ¿Lo volvería a hacer?

La tiraría. No una sandalia, sino la zapatería entera. Cuando este señor estuvo en el Parlament ya había utilizado las black card y ni lo sabíamos. Es una cosa que en esta larga lucha contra la corrupción no deja de sorprender: tú intuyes la punta del iceberg, pero cuando sale todo y explota, siempre hay mucho más. No me quito de la cabeza las palabras del juez antimafia italiano Scarpinato, que dice que el capitalismo ha aprendido de la mafia todo lo que la mafia pensaba que había aprendido del capitalismo.

La corrupción ya ha hecho acto de presencia en la campaña, de la mano de los aparatos del Estado...

Es algo parecido a un dilema, porque la corrupción no puede tapar la guerra sucia del Estado, pero el uso electoralista y partidario de los aparatos del Estado no puede tampoco tapar la corrupción. La financiación ilegal de los partidos es un mal endémico: el PNV con las tragaperras, el PP con la Gürtel, la CDU de Helmut Kohl, etc. Y al mismo tiempo, tenemos episodios de guerra sucia muy recientes. Cuando en 2012 Fernández Díaz manda a dos comisarios a decirles a unos fiscales que registren la sede de Convergència en plena campaña, es guerra sucia.

Hablemos del proceso, si es que no lo estábamos haciendo ya. ¿Se está alargando demasiado? ¿Existe el riesgo de caer en un fenómeno que algunos ya han bautizado como «procesismo»? Es decir, el proceso soberanista como eje de la política catalana, pero sin avance alguno...

Es un riesgo, desde luego. Diría que estamos en un momento de clarificación. En cuatro o cinco meses sabremos si caemos en ese «procesismo» o estamos en un proceso constituyente. De todos modos, nosotros siempre hemos estado en contra del independentismo mágico. Lo que estamos haciendo es durísimo y dificilísimo, y no se hace en tres días. Todavía no hemos visto ni el 10% de lo que hará el Estado.

De lo único que me fío es de la fuerza de la gente. Y al actual ciclo político me remito: sin movimiento en la calle no estaríamos donde estamos. La única garantía es la gente. Yo soy optimista, pero al mismo tiempo, soy realista antropológico y no me olvido de la crónica que Andy Robinson escribió sobre los enemigos del Sí en Escocia: la City, la OTAN, la UE, el FMI... todos los poderes fácticos. Si me apuras, te cito a (Josep) Fontana, que dice que tenemos un 5% de posibilidades de que esto salga como queremos.

El 9N acabó saliendo, si bien no como estaba planteado. La CUP y usted jugaron un papel clave. ¿Cómo lo valora casi un año después?

Con todas las contradicciones, que son mis esperanzas, como diría (Joan) Fuster, positivamente. No era nuestra consulta, ni nuestra pregunta, pero a quien no podíamos fallar era a nuestra gente. No hicimos aquella lectura pensando «vamos a salvar al president», sino leyendo la calle y viendo que la gente quería votar. Lo que debíamos conseguir era que la gente votase aunque fuese en una caja de zapatos. Y se consiguió. Desde una ejemplaridad democrática, social y civil, nos saltamos la valla del Tribunal Constitucional.

Volviendo a Howard Zinn y los gestos. Para la posteridad queda el abrazo con Mas. ¿Le dolieron las críticas internas?

Lo viví bien. En la medida en que soy un responsable público y político de un proyecto colectivo, debo aceptar y aprender de las críticas. Ya lo he dicho muchas veces: si alguien piensa que fue un error, como compañero lo puedo sentir, pero no pienso pedir disculpas por ser como soy. Fue un abrazo sincero y lo reivindico, también en términos de humanización y feminización de la política. Lo volvería a hacer. Lo prefiero a la testosterona masculina que acostumbra a acompañar a la política. Además, me parece que ese abrazo tiene el valor de ser un abrazo entre diferentes. Si abrazas a un amigo, no es ninguna novedad, pero en este caso tiene el valor de cruzar puentes y constatar que estar en las antípodas ideológicas no excluye la relación humana. Viene a ser un síntoma más de la excepcionalidad política que vive Catalunya. Que anticapitalistas y neoliberales estén de acuerdo en alguna cosa es un milagro solo producido por el Estado español y por una conciencia común de pueblo y comunidad.

¿El proceso ha cambiado a una figura como Mas?

Hombre... el Mas de 2010, que recorta por convicción, y el Mas que en 2015 dice que no puede recortar más porque toca el núcleo del estado de bienestar son dos personas completamente desconocidas. Mas ha sabido leer que el soberanismo está fundamentalmente inclinado hacia la izquierda y que el deseo de un país independiente es el deseo de un país diferente. Queda claro también en las encuestas: solo el 5% de los independentistas votarán por una cuestión identitaria, mientras que el 45% de los contrarios a la independencia votarán, precisamente, por la cuestión identitaria. Es decir, porque se sienten españoles.

Hablando de testosterona... Pablo Iglesias no se quedó corto en su utilización del abrazo. ¿Cómo lo vivió? ¿Le parece la del odio una estrategia válida?

No tengo nada más que decir que lo que dijo el querido Pepe Mújica aquí en Barcelona: el odio no sirve para un carajo. Hay muchas cosas odiosas, pero el odio, como categoría, para mí es terrible.

¿Qué le parece la solución de Junts pel Sí con la CUP en el carril paralelo?

No sé. Habrá que verlo el 27 de setiembre. Nosotros pensábamos que era mejor ir cada uno desde su espacio, con el doble carácter plebiscitario-constituyente. Con una excepción, la de ir todos juntos en una sola lista pero sin partidos políticos, un plebiscito puro, dejando las elecciones para febrero. No pudo ser. Esquerra tendrá sus razones para aceptar Junts pel Sí. Es una apuesta arriesgada, aunque hasta donde sabemos, la alternativa era que no hubiese elecciones. Mas es un jugador de póker y es un hombre inteligente, hay que reconocérselo. Creo que es un handicap del propio proceso. Sabe jugar las cartas y los tiempos, y siempre llega a última hora con una última propuesta. También pasó el 9N.

¿Qué contará el 27S: votos o escaños?

Si son plebiscitarias, queremos la mayoría en votos y en escaños. Creo que es obvio que serán más los votos a favor de la independencia que los contrarios, y luego hay que ver qué pasa con ese espacio indefinido que es Catalunya Sí que Es Pot. Dicen que están por el proceso constituyente, así que si, más allá de la declaración de independencia, se suman a dicho proceso constituyente, la mayoría estará seguramente más que habilitada. Espero que su actitud después del 27S sea otra. Veremos.

Las elecciones pueden dejar en manos de la CUP la gobernabilidad...

Así es. Tiene sus riesgos y también sus oportunidades, porque puede hacer girar el proceso a la izquierda. Lo que cabe tener claro es que la CUP no le falla a la libertad política de este pueblo. Otra cosa es que le falle a un candidato a president. Siempre hemos reivindicado, cantando a Raimon, que somos un pueblo sin grandes místicos ni grandes capitanes. Hablando en plata, ni haremos el juego al Estado español ni nos veo invistiendo a Mas. Dentro de esas dos paralelas está la solución.

La pregunta es, ¿qué pasará si Mas les hace lo mismo que a ERC y dice que, si la CUP no le apoya en la investidura, el proceso se acaba?

Es uno de los problemas del proceso, que Convergència juega a adueñarse de él, diciendo «o mando yo o no hay alternativa posible». Es muy injusto con el propio proceso, que ha nacido desde abajo. Puede que Mas pruebe a hacerle a la CUP la misma OPA que le ha hecho a Esquerra, pero la CUP no es ERC y no ha venido a hacer un viaje de 18 meses. Ha venido a un viaje mucho más largo, y a cambiar el país.

Y acabamos. Finiquitada su breve carrera parlamentaria, ¿qué será de David Fernández? ¿Aparecerá si le silbamos, como decía su admirada Montserrat Roig?

Claro. De hecho, yo no me marcho, sino que vuelvo a allá de donde vine, que es la militancia de base, el cooperativismo y el periodismo. Tengo que acabar un prólogo a un libro sobre Arnaldo Otegi que publica Antoni Batista en octubre, me persiguen las memorias de August Gil Matamala desde hace tres años, tenemos los cinco libros sobre la corrupción... Seguimos y seguiremos, desde abajo a la izquierda hasta que nos muramos. Y si nos sorprende Dios y resulta que hay cielo, pues ya montaremos una asamblea de unidad popular allá arriba.