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¿Qué necesita el independentismo para ganar las elecciones?

Al margen de las encuestas, un vistazo a la evolución del voto independentista sirve para situar la clave del 27S en dos elementos estrechamente relacionados: la participación y la activación del voto unionista.


El próximo 27 de setiembre el independentismo catalán dará un paso de gigante, ya veremos si hacia adelante o hacia atrás. Es lo que tiene una cita plebiscitaria, que se juega todo a cara o cruz. Y sin embargo, el próximo día 27 no se acabará nada, pues el resultado, sobre todo si se cumplen las encuestas y el independentismo gana en escaños, pero no en votos, dará pie a numerosas interpretaciones. Es lo que tienen unas elecciones, que contemplan mucho matices.

Estas dos afirmaciones son tan contradictorias como ciertas. A estas alturas del partido nadie niega ya el carácter plebiscitario de las elecciones catalanas. El primer cómputo que todos realizaremos la noche del 27 será en clave refrendaria, los primeros los unionistas. Y sin embargo, y evidentemente, no es un referéndum. El independentismo es el primero en admitirlo al señalar, mayoritariamente, que con una mayoría en escaños basta para seguir adelante con el proceso. No hace falta engañar a la parroquia al respecto.

Este doble carácter de la cita del 27S hace realmente difícil situar la frontera entre el éxito y el fracaso del independentismo. Si Junts pel Sí y la CUP no suman ni el 50% de los votos ni la mayoría absoluta de 68 diputados, el fracaso será inapelable. Es muy difícil que así sea, pero si ocurre, el proceso se frenará en seco y habría que ver si alguna fuerza es capaz de lograr los apoyos para formar un gobierno que evite unas nuevas elecciones. Si por el contrario las dos candidaturas independentistas consiguen más del 50% de los votos, lo que automáticamente supone lograr una holgada mayoría absoluta en el Parlament, la victoria es indiscutible y las fuerzas independentistas estarían perfectamente legitimadas para iniciar el proceso de desconexión del Estado español.

En medio de estas dos opciones se sitúa la que, a día de hoy, parece más probable según las encuestas publicadas: que Junts pel Sí y la CUP sumen más de 68 diputados, pero se queden a las puertas de conseguir el 50% de los votos emitidos. Así lo muestra también un vistazo a los resultados de las últimas citas con las urnas, que no obstante, auguran una dura lucha por dicha mayoría de votos. Veamos.

Decir que en Catalunya el independentismo ha crecido es una perogrullada, pero no está de más recordar las cifras del último lustro. En 2010, CiU –sin un programa independentista–, ERC y Solidaritat consiguieron 1.524.924 votos, 76 escaños y un 48,72% de los votos emitidos. La participación en aquellas elecciones al Parlament se situó en el 58,78% del censo electoral. Dos años más tarde, CiU –con un programa a favor del Estado propio–, ERC, CUP y Solidaritat –no consiguió representación parlamentaria– recabaron 1.787.656 votos, 74 escaños y el 49,15% de los votos. La participación creció hasta el 67,76%, lo que explica en parte que, con más votos, el soberanismo consiguiese menos escaños.

Finalmente, sin olvidar que no fue una cita electoral ordinaria –no había ni censo electoral–, hay que recordar que en la consulta alternativa del 9 de noviembre fueron 1.897.274 los votos a favor de la independencia.

Con estas cifras, la primera evidencia es que, si las dos candidaturas independentistas repiten los casi 1,9 millones de votos del 9N y la participación se mantiene como en 2012, la mayoría en votos estaría también garantizada. No hace falta ser doctor en ciencias políticas para verlo, pero por si acaso la confirmación llega de la mano del profesor de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) Jordi Muñoz, que sí lo es.

Muñoz considera «difícil» que el independentismo incremente mucho el número votos y llegue a la mágica cifra de los dos millones de votos, pero añade que la participación, que todos dan por hecho que aumentará algo, «a día de hoy no parece vaya a subir mucho». Concluye que, aunque no es nada fácil, el independentismo podría llegar a los 1,9 millones de votos, lo que garantizaría la victoria independentista en número de votos siempre que la participación no supere el 70%.

Más allá de esta exposición es complicado hacer mayores previsiones, según confiesa el propio Muñoz. En cualquier caso, todo indica que la victoria o derrota del independentismo en número de votos se va a decantar para uno u otro lado por un estrecho margen. La clave será la participación.

Los análisis más generalizados coinciden en señalar que el independentismo ya está hipermovilizado y que, por lo tanto, difícilmente conseguirá un gran crecimiento respecto al año pasado. Por eso, se acostumbra a considerar que el incremento de participación irá en beneficio, sobre todo, del unionismo. Aunque queda por confirmar la veracidad de esta afirmación, es ampliamente compartida por todas las candidaturas, incluidas las independentistas, que admiten, siempre en voz baja, que cuanto menor sea la participación, más posibilidades tienen Junts pel Sí y la CUP de sumar la mayoría en número de votos. De ahí, que todos los partidos, en especial los unionistas, se hayan volcado –con los exabruptos y las salidas de tono ya conocidas– en movilizar al área metropolitana, que acostumbraba a abstenerse en las elecciones al Parlament, aunque no fue así en 2012.

De lo que no hay ya duda es de que la victoria en escaños está prácticamente asegurada. Así lo indican hasta las encuestas más interesadas y de ahí que el unionismo intente hacer sangre con la aparente divergencia de opiniones entre Junts pel Sí y la CUP sobre si es suficiente o no una mayoría en escaños para seguir adelante con el proceso. Para Muñoz, se trata de un debate «un poco falso». «Con una amplia mayoría de escaños, el soberanismo debe seguir adelante, pero para hacer un proceso constituyente es necesario un acuerdo más amplio, con sectores no abiertamente independentistas pero que quieran participar en un proceso constitu- yente», explica.

Esta es, de hecho, una posición bastante compartida por la CUP y por Junts pel Sí, plenamente consciente de que el ritmo del proceso no podrá ser el mismo si la mayoría es solo en número de escaños. Clave, así también, el papel que podría jugar Catalunya Sí que es Pot, cuyo candidato, Lluís Rabell, aseguró en una entrevista a GARA que no boicotearán el proceso constituyente en caso de victoria soberanista. Su aval será clave en el caso de que el independentismo no consiga la victoria en número de votos.