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Parque de los sentidos

Un aeropuerto, polígonos industriales, campos de secano… es lo que presenta Noain al visitante en una primera mirada. Pero si sigue la señal que indica «Parque de los Sentidos» se encontrará con un espacio de jardines, huerta, bosque, estanque y edificio bioclimático que constituye un pulmón verde, hermoso a la vista y el oído, reconfortante… y pionero en Euskal Herria.

El Parque de los Sentidos de Noain. (Gotzon ARANBURU)

En Noain cuidan con mimo su Parque de los Sentidos y dentro de él el edificio circular Lorenea –construido con fardos de paja– y están orgullosos de él. No es de extrañar: además de constituir un espacio idóneo para disfrutar de jardines de cinco estilos e interactuar con la naturaleza, el complejo está recibiendo galardones a nivel mundial de manos de organismos medioambientales y gobiernos.

No hay espacios como este en toda Euskal Herria, ni en su entorno. Existen jardines, parques botánicos, centros de interpretación… pero no un espacio que aúne tantos aspectos de la naturaleza y el medio ambiente y además sea de titularidad municipal. Y es que es el Ayuntamiento de Noain el que puso en marcha el Parque de los Sentidos y lo mantiene, por mediación del Área de Jardinería y Agenda 21. Pero la idea original, el visionario que percibió la posibilidad de estos 25.000 metros cuadrados de naturaleza, fue el iruindarra Mikel Baztan, cuando se integró en el equipo de la citada área.

El Parque de los Sentidos se divide en cinco espacios, cada uno de ellos relacionado con un sentido. El primero, el dedicado al gusto, es la huerta. El segundo, relacionado con el olfato, es el jardín mediterráneo. Viene luego el jardín francés, conectado con el tacto, el inglés, más paisajístico y por tanto visual, y finalmente el japonés, relacionado con el oído.

El parque comprende dos áreas principales, muy distintas entre sí, como son el espacio destinado a los jardines de los sentidos y la zona dedicada al bosque autóctono. La primera cuenta con 25.000 metros cuadrados y un diseño muy ordenado, dibujado con esmero, en el que a lo largo del año se producen cambios evidentes y visibles a los ojos del visitante, en función de las estaciones. La zona de bosque autóctono es algo más grande, 30.000 metros cuadrados, con mucha menor intervención humana.

Lógicamente, la primavera y el verano son las épocas del año en que el Parque de los Sentidos luce en todo su esplendor. Recién iniciada la estación de las flores, y aunque el viento todavía sopla frío en la cuenca de Iruñea, la vida bulle ya en los jardines, praderas y huertas del parque, que empiezan a ofrecer un extraordinario espectáculo de formas, colores y sonidos, esto último sobre todo en el jardín japonés, con su cascada y riachuelo de reminiscencias niponas.

El Parque de los Sentidos presenta más de trescientas variedades de plantas y flores. La huerta comprende, entre plantas y flores, cerca de 50; unas 25 encontraremos en la zona del olfato –plantas aromáticas y medicinales–; en el jardín francés –plantas de texturas, de distintas cortezas y follajes– otras 30, muchas más en el inglés –con 80 especies de rosales, 50 de vivaces, y otras 50 de arbustos y árboles– y 40 variedades en el japonés, con presencia destacada de planta tapizante. En el espacio del bosque autóctono, una de las grandes apuestas del complejo, además de la parte arbórea y el sotobosque se observa ya la presencia de plantas viváceas y herbáceas, con un total de 40 especies. En definitiva, una amplísima colección natural que a buen seguro colmará las expectativas del visitante. La mayoría de las especies presentes en el parque están señalizadas con su nombre.

Aunar botánica y sentidos corporales

Hemos dicho antes que Mikel Baztan fue el impulsor inicial de este extraordinario parque. Corría el año 2004. Cuando tuvo la idea de aunar botánica y sentidos corporales en este espacio, lo primero fue explicar la idea a sus compañeros del equipo de jardinería municipal, hacerles ver tanto el esfuerzo que supondría su ejecución como la satisfacción que les proporcionaría posteriormente. Logró contagiarles su entusiasmo. El segundo paso fue convencer al Ayuntamiento, que tras hacer cuentas y valorar el beneficio que sin duda iba a suponer para Noain semejante parque, dio el sí. Ahí empezó para Baztan y su equipo el trabajo de diseño, de búsqueda de materiales y proveedores asequibles, de preparación del terreno, siempre con filosofía y técnicas ecológicas. La construcción del parque se inició en 2005 y la inauguración tuvo lugar en junio de 2006.

«El objetivo del parque era y es doble. Por una parte, buscábamos recompensar a Noain mismo –explica Mikel– porque es un municipio bastante duro a nivel urbanístico, rodeado de polígonos, carreteras… en fin, que nos merecíamos un pulmón verde. Y por otra parte, queríamos prestigiar este pueblo hacia fuera, tener algo que nos hiciera atractivo al visitante». Iniciaron un programa de educación ambiental, primero en las escuelas del pueblo, pero que muy pronto se extendió al exterior. Hoy es el día en que Parque de los Sentidos y Lorenea reciben la visita de más de cien colegios anualmente, además de todo tipo de asociaciones, desde grupos ambientalistas hasta clubs de jubilados, sin olvidar, claro, a las familias y visitas individuales.

Los habitantes de Noain tienen como algo muy suyo el Parque de los Sentidos. Por ejemplo, cada niño o niña nacida en el municipio cuenta con su propio árbol apadrinado, y ya se ha alcanzado la cifra de 1.400 árboles, lo que sobre una población de seis mil personas indica que el 90% de los vecinos cuenta con un árbol «hijo», «sobrino» o «nieto». Ello ha conllevado, entre otros resultados y en combinación con la intensa educación medioambiental escolar, que la partida destinada a reparar daños por vandalismo simplemente no exista en el Ayuntamiento de Noain.

El segundo pilar en que se asienta el Parque de los Sentidos es el edificio Lorenea, que cumple una doble función: acoger al servicio de Jardinería y Agenda 21 municipal y servir de centro de recepción a los visitantes del parque. Apenas tiene seis años de vida y basta recorrerlo con la mirada desde el exterior para comprender que es un edificio singular, por su forma circular, su tejado vegetal, sus cristaleras… Pero cuando Mikel Baztan explica cómo se levantó y cómo se mantiene es cuando se entiende plenamente su filosofía ecológica y sostenible.

Con fardos de paja

Para empezar, se construyó con fardos de paja prensada. No fue fácil convencer al Ayuntamiento de que una dependencia municipal tuviera su sede en un edificio estructuralmente tan alternativo, pero se logró. El arquitecto Iñaki Urkia, que ya contaba con una prolongada trayectoria en la construcción con paja, se encargó del proyecto, que recibió importantes subvenciones estatales, hasta el punto que su coste fue cero para el municipio de Noain. Pero no bastaba con la favorable factura económica, había que lograr que la factura ambiental a pagar también fuera inexistente. No solo lo fue, sino que Noain salió ganando.

No es una boutade decir que «salió ganando». Es cuestión de hacer cuentas, no en euros sino en carbono, y Mikel Baztan las hizo. «Medimos la huella del carbono emitido en la construcción y transporte de los cristales, el porlán, las baldosas… y nos dio un resultado de 9 toneladas. Luego medimos la inmisión, esto es, el carbono absorbido por el edificio, sobre todo por la paja y la madera utilizadas, y resultó que ascendía a 24 toneladas. Es decir, que con la construcción ecológica de Lorenea logramos un cociente positivo de 15 toneladas. Y eso que no tuvimos en cuenta lo que acumula el suelo, que al ser de tierra también recoge carbono».

Apenas hace una semana que entramos en primavera y hace frío todavía, pero basta entrar en Lorenea para comprobar que en el interior la temperatura es cálida, agradable. Y no hay ninguna calefacción encendida. De hecho, hemos tenido que pedir expresamente que prendan la estufa alimentada con madera para poder grabar imágenes de su funcionamiento. El secreto está en que Lorenea es un edificio bioclimático, lo que significa que está diseñado para captar la máxima energía y consumir la mínima, logrando una climatización adecuada tanto en invierno como en verano.

Por una parte, el edificio está bien orientado, de forma que la parte acristalada se orienta al sur y recibe así el sol del invierno, mientras que el alero perimetral impide que se recaliente en el estío. Por otra parte, la paja con la que están construidas las paredes y tejado es un magnífico aislante. Cuando no luce el astro rey recurren a la estufa, que es mixta pelet-leña y alimentan prácticamente con los desechos arbóreos resultado del trabajo habitual del servicio de jardinería municipal. Resultado, 20 euros de gasto para mantener caliente el edificio –de 200 metros cuadrados– durante todo el invierno. Y aun en el caso de que tuvieran que comprar toda la leña para alimentar la estufa, la factura no superaría los 150 euros.

En cuanto a la energía eléctrica utilizada, esta proviene en un 50% de placas fotovoltaicas y un aerogenerador. La guardan en baterías y con ella cubren gran parte de sus necesidades, a excepción de la cafetera y las cámaras frigoríficas, uno de sus retos pendientes.

No faltan proyectos nuevos en Noain y Lorenea. Uno es la iniciativa Biochef, que pretende aunar la mejor gastronomía navarra con la horticultura ecológica certificada, sirviendo al mismo tiempo de herramienta de inserción sociolaboral.

No existen por ahora experiencias equiparables al Parque de los Sentidos y Lorenea en Euskal Herria. Y no es porque no sea posible, como demuestran las argumentaciones expuestas por los jurados de los ya muchos galardones que viene cosechando. El premio principal, subraya Mikel, es el uso y disfrute que hacen del parque los propios vecinos de Noain, pero no es el único. En los últimos diez años Noain ha recibido 22 premios, tanto a escala de Nafarroa como del Estado español e internacionales. Entre ellos, cuatro reconocimientos de Naciones Unidas, especialmente el obtenido en 2006 por la metodología municipal de jardinería ecológica y el logrado en 2014 por el Parque de los Sentidos y Lorenea al ser considerado uno de los 50 mejores proyectos ambientales a nivel mundial.

Hablábamos de argumentaciones. Al ser premiado en Dubai en 2010 –lo que conllevó una jugosa dotación ecónomica– el trabajo llevado a cabo en Noain, Mikel quiso saber cuál había sido el factor que inclinó la balanza, pues era consciente de que se habían presentado realizaciones mucho más ambiciosas y de mayor inversión económica. El argumento que le dio el jurado fue que no habían valorado tanto la dimensión del proyecto como la replicabilidad del mismo, esto es, su potencial para ser aplicado en casi todas partes, en cualquier municipio de proporciones similares a Noain. Es decir, que desde el pequeño valle de Elorz se está dando una gran lección al mundo en materia de acción ecológica y medioambiental.