EEUU, una democracia en manos de las élites económicas
El 45% de las decisiones políticas que adopta el Gobierno de EEUU van en favor de las élites económicas del país, mientras que solo el 18% se toma en contra del criterio de la oligarquía. Así lo afirma un detallado estudio de dos académicos estadounidenses.
Ningún presidente, ni Bernie Sanders ni ningún otro, podrá hacer los cambios que las familias trabajadoras y la clase media de este país, nuestros hijos y nuestros ancianos se merecen. Ningún presidente puede hacerlo porque los poderes –Wall Street con su dinero interminable, la industria americana, los grandes donantes de la campaña– son tan poderosos que ningún presidente puede hacer solo lo que hay que hacer». Son palabras del propio Bernie Sanders, todavía precandidato demócrata a la Casa Blanca, tras conocer los resultados del caucus de Iowa, en febrero. Conocido por no tener pelos en la lengua y por haber conectado con las demandas de las clases populares y precarizadas de los Estados Unidos, Sanders se refirió con aquellas palabras a una de las denuncias más recurrentes a la hora de criticar el sistema político del país norteamericano: la tremenda influencia de los lobbies y las élites económicas en las políticas del Gobierno.
Aunque parece una perogrullada decirlo, la denuncia tiene su base y, desde 2014, también demostración empírica. Fue la que realizaron los profesores Martin Gilens y Benjamin I. Page, académicos de las universidades de Princeton y Northwestern, respectivamente. En un estudio titulado ‘‘Comprobando teorías de las políticas americanas: Elites, grupos de interés y ciudadanos medios’’, concluyeron que «las elites económicas y los grupos de intereses económicos tienen un impacto substancial en las políticas del Gobierno de EEUU, mientras que los ciudadanos medios y los grupos de interés de masas (por ejemplo, sindicatos), tienen una influencia menor o inexistente».
Resultados contundentes
Aunque la afirmación puede parecer una evidencia, conviene no desdeñar los esfuerzos de ambos académicos por respaldar con hechos una afirmación a veces demasiado genérica. Gilens y Page analizaron 1.779 decisiones políticas tomadas en el conjunto de los EEUU entre 1981 y 2002, fijándose en quién había respaldado las diversas opciones en juego. Los resultados fueron contundentes: más allá de la aritmética partidista del momento, cualquier cambio político tiene muchas más opciones de prosperar cuando cuenta con el apoyo de las élites económicas del país. Concretamente, durante el periodo analizado, cuando una propuesta política contó con el apoyo y el impulso de los diversos grupos de poder, consiguió prosperar el 45% de las veces. Por el contrario, cuando la propuesta de cambio no contó con el apoyo destacable de las élites, solo prosperó en el 18% de las ocasiones.
«Cuando una mayoría de los ciudadanos no está de acuerdo con las élites o los grupos de intereses organizados, generalmente pierde, aun cuando una extensa mayoría de los estadounidenses esté a favor del cambio político», aseguran los académicos, después de recordar la dificultad de acometer un estudio como este, ya que los intereses de los diferentes grupos de poder no siempre van en la misma línea (de hecho, a veces colisionan). Del mismo modo en que, a veces, los intereses de las élites coinciden con los intereses del ciudadano medio. En cualquier caso, los resultados son lo suficientemente contundentes como para que Gilens y Page, en línea con lo denunciado por Sanders durante la campaña de primarias, finalicen su estudio señalando que «las afirmaciones estadounidenses de ser una sociedad democrática están seriamente amenazadas».