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¿Tienen sexo los festivales?

Iratxe Fresneda

Hay estadísticas incontestables y hay otras que ocultan verdades o, en el mejor de los casos, las maquillan. Las polémicas surgidas en torno a la idoneidad y el posible beneficio de las llamadas «cuotas de género» dan cobijo a planteamientos surgidos en su defensa o su rechazo y desde posiciones muy diversas. ¿A qué nos referimos cuando planteamos que la selección de películas por cuestiones de género es contraproducente para las propias mujeres profesionales? (Léase discurso de la victimización, paternalismo…) Cuando en realidad lleva haciéndose durante décadas, es decir, durante décadas las películas seleccionadas han sido y son realizadas por hombres, no habiendo importado si estás eran o son mejores o peores.

El realizador francés Jaques Audiard protestó ante los organizadores de la Mostra de Venecia cuando supo que solo había una mujer entre los 21 cineastas que aspiraban al León de Oro. «¿Tienen sexo los festivales? La respuesta es sí. Llevo 25 años acudiendo a certámenes y siempre veo a los mismos hombres». Por supuesto, entre esos hombres, como puntualizaba un amigo, el propio Audiard.

Hay quien ve en la elaboración de estadísticas desagregadas por género sobre la presencia de mujeres en proyectos cinematográficos un avance para identificar las razones del desequilibrio latente en la industria cinematográfica. CIMA aportaba un dato, que bien sirve para corroborar que los estudios cuantitativos no son suficientes para llegar a la raíz del problema: «Los hombres copan el 76% de la industria cinematográfica frente al 24 % de mujeres».

El estudio hecho público por CIMA tiene como base las películas españolas estrenadas en el estado español en 2017. Aquí es dónde aparece uno de los fallos del sistema: muchas películas realizadas por mujeres no se estrenan en los circuitos comerciales, una de las razones fundamentales viene dada por la falta de recursos a la hora de distribuir sus trabajos. Otra de las cuestiones peliagudas es dar por sentado que una cuota de paridad por sexos va a garantizar programas y decisiones basadas en la igualdad y eliminará la verticalidad de las relaciones laborales y de poder.

A pesar de lo complicado del asunto, parece haber consenso entre las personas sensatas en torno a la falta de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la industria del cine. Este domingo se firmaba un acuerdo entre CIMA y El Festival Internacional de Cine de Donostia, la llamada «Carta por la paridad y la inclusión de las mujeres en el cine». Este puede ser un buen comienzo siempre y cuando no solo sea ‘un buen comienzo’. La igualdad llegará, entre otros factores, cuando el mismo número de películas “fallidas” (para mí nunca lo son, si han conseguido acabarse) realizadas por hombres o mujeres sean seleccionadas en los grandes festivales en los que el dinero público y social es aportado por el grueso de la ciudadanía.