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Un penique por sus pensamientos

HUBO UN TIEMPO EN EL QUE LA GRADA APLAUDÍA SOLO LOS BUENOS TANTOS Y NO EL VENCER POR ENCIMA DE CUALQUIER CONSIDERACIÓN. IRRIBARRIA Y URRUTI SE GANARON AYER EL APLAUSO GENERALIZADO. FALLARON Y ACERTARON, EN UN DEPORTE DE ACIERTOS Y ERRORES. EN UN MENOS BULLICIOSO MIRIBILLA QUE SÍ SE RINDIÓ A LA EMOCIÓN DE UN MARCADOR EN EL QUE LOS TANTOS A PELOTAZOS ENTRAN. COMO AYER. EN DONDE EL DE ARAMA SUPO SUFRIR... Y GANAR.


«Nunca le des la mano a un pistolero zurdo» (Johnny Guitar)

De la cultura megalítica pastoril, cuentan, la pelota bajó hasta los pórticos y paredes junto a las iglesias de los pueblos, y de ahí a catedrales pelotazales como el Frontón Bizkaia, justo para vivir finales como la de ayer, la de la pelota, la «fiesta principal de los vascongados», como la describiera el geógrafo y explorador Alexander von Humboldt. «Un escenario de lujo para una final de lujo», anunciaba de manera premonitoria la megafonía justo antes de que el azar determinara que la chapa cayera del lado colorado. El tanto empieza en el saque y este, el primero de muchos pero no los suficientes, fue para un Mikel Urrutikoetxea que lo aprovechó de gancho. Carrera, bote, golpeo. Tanto largo el primero, muy largo, premonitorio otra vez de un partido equilibrado, parejo, salpicado de alternativas en el luminoso. Hubiéramos pagado un penique por el pensamiento de Iker Irribarria con el tanteador abajo 12-7, tras haberse situado 6-7 solo unos minutos antes. Y otro penique por el pensamiento del pelotari de Arama cuando el marcador reflejaba 15-10 y Urrutikoetxea lo celebraba con un golpe de puño al aire, de rabia, mirando a la cátedra, como el torero que acaba de apuntillar al animal. Uno de esos tantos que deben ganarse sí o sí. Un penique por el pensamiento del de Zaratamo cuando vio cómo su rival, remando todo el partido tras él, se alejaba 18-20; otro más cuando el guipuzcoano, todo a su favor, cometía una falta de saque, en ese que antaño gritaban «a la novia» por ser el último, y mandaba el cuero más allá del siete, con el 18-21... Como para haberse dejado la herencia adivinando lo que pasaba y no pasaba por sus cabezas en una final de tensión, presión, igualdad máxima, errores gruesos y tantos estajanovistas, la final que nunca quieres perder y que tanto cuesta ganar.

El pelotari sabe que la rivalidad le engrandece. Ayer Iker salió gigante de Miribilla. Siempre por detrás, firmando tantos y fallos a la par, hasta ponerse 4-5 y 4-7, un espejismo que no se repetiría hasta el 17-18. Entre unos y otros dígitos, sufrimiento. Mikel estiraba la goma, pero la goma volvía a contraerse. Del 12-7, aflorando su tensión interna con su primer grito de la tarde que le delataba como humano, al empate 17-17 en el que Iker le sacaba literalmente a pelotazos. Momento del merecido descanso a vestuarios, para coger aire, abrir los pulmones, enjuagar ideas. La tensión, a veces, te deja muerto, confesaba cierta vez un todavía más joven Irribarria. Hay que respirar, confesaba, para darle la vuelta a todo, para centrarse y dar el cien por cien.

Pero nunca hay que dejar de ver la pelota. ‘Urruti’, desde casi el 7, enganchaba una volea ajustada al txoko como si de una conexión telepática se tratara. El 18-18, prólogo de un error lapidario del vizcaino que ponía en bandeja el 18-19 a su rival. Mikel, sentado, contra la pared, solo contra sí mismo... Otro penique.

No va más. La grada, dividida como no podía ser de otra manera, menos bulliciosa que con contendientes más mediáticos y singulares, no se movía de su asiento. Irribarria se iba directo a por su segunda txapela, emoción mediante con ese ‘pasa’ de saque que ni el guión más enrevesado había previsto con el 18-21. Si tu rival hace 21 tantos, tú haz 22, dijo alguien sabio. No hizo falta. ‘Urruti’ no aprovechó el saque, ‘Irri’ sí el resto. Sin aire. Exhaustos. Los dos yaciendo sobre la cancha. Una final por la que mereció la penar pagar... más de un penique.