José Ángel Mañas: «‘La última juerga’ juega con los códigos de ‘Historias del Kronen’»
Veinticinco años después de la irrupción literaria de ‘Historias del Kronen’, José Ángel Mañas ha retomado a sus personajes y los ha embarcado en una nueva y definitiva odisea que lleva por título ‘La última juega’ (Ed. Algaida). Según revela su autor a NAIZ, esta novela «mantiene la frescura salvaje de ‘Kronen’ pero es coherente con el paso del tiempo».
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José Ángel Mañas resultó ganador en la cincuenta y una edición del Premio de Novela Ateneo de Sevilla, que se celebró el pasado mes de junio, con ‘La última juerga’, una novela con la que prolonga el imaginario que describió en su frenética y referencial novela ‘Historias del Kronen’.
Nacido en Madrid en 1971, Mañas subvirtió por completo el paisaje literario con aquel crudo retrato generacional que escribió con tan solo 22 años y que tras ser finalista del Premio Nadal de 1994, se convirtió en novela de culto, sobre todo después de la adaptación cinematográfica dirigida por Montxo Armendariz.
Tras ‘Historias del Kronen’ asomaron a las librerías tres novelas de similar ambiente y contenido: ‘Mensaka’ (1995), ‘Ciudad rayada’ (1998) y ‘La pella’ (2008), que, con ‘Historias del Kronen’, otorgaron sentido a una tetralogía que el propio Mañas define como «cuatro novelas punk o ‘nobela’ con ‘b’. Cuando empleaba este concepto siempre sonaba en mi mente una banda sonora en la que atronaban los Ramones y la Velvet Underground. Creo que en esos sonidos se definía a la perfección lo que supuestamente quería mostrar en mi literatura.Pensaba que era un buen símil que ayudaba a resaltar las cualidades estéticas –velocidad, autenticidad y crudeza– que persigo en la novela. Con el tiempo he seguido explorando las posibilidades de este símil iluminador y dándole más profundidad al concepto, que está resultando más serio y útil de lo que esperaba. Para mí una ‘nobela’ aglutina todos esos elementos heteroglósicos que la literatura novelesca de hoy excluye o entrecomilla. Todo ese ‘ruido’ –y por ‘ruido’ entiendo desde interferencias ortográficas hasta incorrecciones coloquiales y cualquier tipo de jerga o lenguaje obviado normalmente por la literatura– al que el auténtico novelista tiene que recurrir si quiere revitalizar e inyectarle sangre nueva a un género capacitado como ningún otro para darle forma artística al lenguaje vivo».
En relación a lo que ha supuesto el reencuentro con el imaginario Kronen, Mañas revela a NAIZ que «siempre me pedían una continuación de ‘Historias del Kronen’. Parece que la gente se quedó con ganas de saber más pero fue tal el éxito que logró mi primera novela que me sentí apabullado por todo lo que le rodeó. Quería abandonar ese universo y buscar nuevas vías. Incluso llegué a renegar de todo aquello o, al menos, marcar una gran distancia. Por ese motivo, he encontrado un pequeño refugio creativo abordando otros género como el ensayo o la novela histórica. Pasado el tiempo y con la perspectiva que otorga la distancia, creí que merecía la pena retomar esa ruta que me he planteado como un juego pero respetando al máximo las constantes que impulsaron la creación de ‘Historias del Kronen’».
Una ruta tragicómica
Para el autor esas constantes se resumen en «un estilo que quiere ser subversivo y que encuentra su ruta entre tonalidades gamberras, desenfrenadas, humor negro y, por supuesto, subrayando un poco la mala leche». A estas tonalidades se ha sumado un oportuno toque de tragicomedia ya que, en opinión de Mañas, «el tiempo y la conducta han dejado su huella en el personaje de Carlos, que siempre fue fiel a su viaje salvaje por la vida. Ahora es él la voz narradora de ‘La última juerga’. Esta sentenciado por un cáncer terminal y se reencuentra con Pedro, el menos enloquecido de aquel grupo de amigos. Juntos, cual ‘Hermandad de la Costa’, optan por dejar en casa su brújula para embarcarse en una última juerga que los aleja de Madrid. Este elemento también quería incluirlo en el libro, desprotegerlos de la escenografía de Madrid y ubicarlos en otro entorno que me permitiese destacar lo errático que suponía este viaje y colocarlos ante la demoledora realidad de que ya no tienen 25 años».
Finalmente, y en relación a la propia ruta que podría seguir ‘La última juerga’, su autor revela que «lo ignoro. Recuerdo que hubo mucha gente que me dijo que ‘Historias del Kronen’ no era literatura, que era cine. Montxo Armendariz aportó su mirada personal a lo que yo escribí y me resultó muy interesante porque otro creador aportaba y enriquecía lo que yo había escrito mediante un lenguaje diferente. Después fueron adaptadas ‘Mensaka’ y ‘Soy un escritor frustrado’. Hoy en día ha irrumpido con una fuerza abrumadora la opción de las series que, cuando yo era más joven, siempre habían sido consideradas como algo muy inferior en calidad al medio cinematográfico. La distancia que otorga una serie a una novela puede resultar una opción muy interesante».