Una exposición recoge la fotografía inédita de Nestor Basterretxea
Pocas disciplinas artísticas fueron ajenas a Nestor Basterretxea. Pintor antes que escultor, practicó el diseño industrial y gráfico, pero destacamos en esta ocasión la fotografía, que llegó a practicar de forma compulsiva. Una exposición en Artegunea, en Tabakalera, nos lo aproxima.
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Durante seis meses, Peio Aguirre, crítico de arte y comisario de la exposición, indagó y buceó entre miles y miles de fotografías que había tomado a lo largo de su vida Nestor Basterretxea (Bermeo, 1924- Hondarribia, 2014). Calcula que habría entre 5.000 y 6.000, en cajas, en carpetas, en tuppers… pero puede que esta cifra sea una aproximación errónea y en realidad se trate de muchas más, porque al artista no le bastaba con hacer unas pocas instantáneas del tema en cuestión. «Era alguien a quien le gustaba documentar bien las cosas, fue un compulsivo retratista y si podía tener cien fotos de la misma obra, pues mejor».
El trabajo de investigación llevado a cabo en su caserío Idurmendieta de Hondarribia ha sido tan apasionante y sorprendente como complejo, porque a la cantidad se le sumaba, en muchas ocasiones, la falta de información sobre el periodo y las fechas en las que fueron tomadas. Las seleccionadas para exponerse en Artegunea de Tabakalera fueron realizadas entre 1960 y 1974.
La exposición ‘Nestor Basterretxea. A través de la fotografía’, que arranca con un autorretrato de 1945, se articula en tres partes: el fondo fotográfico «extraído» del caserío y la consiguiente presentación de una selección de positivos, un ensayo documental a partir de esa indagación y la proyección de metraje fílmico inédito en Super 8 que el artista de Bermeo grabó a lo largo del tiempo.
En este sentido, la muestra trata de ser «una nueva aportación» que da a conocer por primera vez, y de forma exhaustiva, su obra fotográfica y fílmica. «Esta investigación en el caserío perseguía no solo una exposición, sino la realización de un documental a partir de lo investigado. Es decir, hacer un retrato de Nestor a partir de sus propias imágenes», ha explicado Aguirre. Y todo se puso en marcha en enero de 2018, cuando la familia del escultor dio luz verde al proyecto que se ha inaugurado este jueves.
Retratos, escultura y naturaleza muerta
De entre las miles visionadas, Aguirre escaneó finalmente unas 500. Después llegó la selección (y la selección de la selección) y el tratamiento que han tenido que recibir algunas de ellas, dado su deterioro. En la sala se pueden ver 35 imágenes a color, otras en blanco y negro, 13 vinilos grandes y varios fotogramas experimentales además de los dos trabajos audiovisuales.
En su estilo destaca el uso del claroscuro, según Aguirre. «Empleaba una técnica para generar el alto contraste entre el primer plano y el segundo y a su vez planteaba el juego entre la luz y la oscuridad. Siempre buscaba el destello, no era místico ni religioso, pero si aurático», ha detallado. Los primeros planos los trabajó mucho sobre todo con los retratos y la naturaleza muerta, un tema en el que mostró gran sensibilidad y fue capaz de atrapar la mayor de las bellezas de lo aparentemente más absurdo, como las cascaras de cacahuete o la piel de una pera.
Sus personajes principales eran personas muy próximas a él, como sus hijos y su esposa. Son fotografías muy estéticas en las que de nuevo juega con la luz y tienen un poso cinematográfico evidente. En este apartado que lleva por título ‘Intimidad’ destaca la delicadeza de los retratos, imágenes austeras que necesitan poco más o más bien nada. Imágenes casi entendidas como un acto de amor y afecto. «Son composiciones líricas», ha resumido el comisario.
Retrató su escultura de la misma manera que hizo con las personas: con una calculada puesta en escena y con la forma emergiendo de la oscuridad. Su obra escultórica fue en muchas ocasiones el blanco de su objetivo y la base de fotomontajes que la exposición ha querido recoger. Sus propias esculturas Basterretxea se las imaginaba en un jardín italiano renacentista o en la campiña inglesa. Es su obra en contextos imaginarios.
Su inquietud por el diseño industrial le llevó a fundar, a mediados de los años sesenta, Biok, una empresa con sede en Irun de mobiliario moderno. La fotografía de producto en estudio le permitió perfeccionar tomas e iluminaciones con lámparas y muebles, traslandando esos «hallazgos» a la escultura y a los retratos. Entre las imágenes de mobiliario destaca la mítica silla Gurpilla (1966), un diseño muy innovador y de la que queda una unidad, conservada en Gordailua, según Aguirre.
La exposición se podrá visitar a partir de este viernes, 6 de marzo, hasta el próximo 31 de mayo en la sala Artegunea Kutxa Kultur de Donostia, en Tabakalera. Como es habitual, se completa con una programación de visitas guiadas y talleres semanales, además de varias proyecciones. Toda la información está disponible en www.kutxakulturartegunea.eus.