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Masiva movilización contra el racismo a través del planeta

Pese a las limitaciones impuestas por la pandemia del coronavirus, decenas de miles de personas en todo el mundo han salido a las calles para expresar su hartazgo por el racismo y la brutalidad policial tras la muerte del afroamericano George Floyd, asfixiado por un policía blanco en la ciudad de Mineápolis (Estados Unidos).

La manifestación realizada este sábado en Munich. (Christof STACHE | AFP)

Desde Gran Bretaña hasta Australia, pasando por Fancia y Túnez, los manifestantes han dejado a un lado los llamamientos de las autoridades a quedarse en casa por la crisis sanitaria en lo que ya se ha conformado como un movimiento de protesta inédito que ha propagado la mecha que se encendió en Estados Unidos.

En Londres, miles de personas se dieron cita ante el Parlamento, muchos con sus rostros cubiertos con mascarillas higiénicas pero sin respetar estrictamente las reglas de distanciamiento, exhibiendo carteles con el lema “Black Lives Matter” (Las vidas negras importan).

Tammy Turvy, que trabaja en el sector de la enseñanza, indicó a AFP que considera «importante» movilizarse contra «todas las atrocidades», especialmente por «aquellos que mueren a manos de las autoridades» en cualquier lugar del planeta.

«Otra pandemia»

«El Reino Unido no es inocente», denunciaron los manifestanes mientras retumbaban los tambores. También han observado un minuto de silencio, arrodillados y puño en alto, antes de que algunos se dirigieran hacia la Embajada de EEUU mientras era animados a golpe de claxon por los automovilstas.

Después de varias horas de movilización pacífica, estallaron algunos incidentes en las proximidades de Downing Street, donde se encuentra la residencia oficial del primer ministro británico.

También han sido miles las personas concentradas en Manchester para «terminar con el racismo», que es «otra pandemia».

Por su parte, el célebre artista Banksy difundió a través de Instagram una nueva obra con la que rinde homenaje a George Floyd. En la pintura se ve una foto de una persona negra junto a unas flores y una vela, cuya llama prende en una bandera de EEUU colgada en el mismo lugar y que comienza a arder.

 «Las personas de color están abandonadas por el sistema. El sistema blanco», lamenta Banksy. «Este es un problema blanco. Y, si los blancos no lo arreglan, alguien tendrá que subir y patear la puerta», añade.

Ecos propios en Australia

En Australia, el primer país en abrir esta danza internacional de la indignación el sábado –por el huso horario–, miles de personas se han movilizado en ciudades y pueblos, enarbolando banderas con el lema «No puedo respirar», en referencia a las palabras que pronunció George Floyd durante los nueve minutos en los que su cuello estuvo presionado por la rodilla del policía que lo arrestó.

Para los organizadores de estos actos, este asunto encuentra muchos ecos en su propio país. Por ello, desean denunciar también que la tasa de encarcelamiento es muy alta entre los aborígenes, así como las muertes –más de 400 durante los últimos treinta años– de personas de esta comunidad mientras eran detenidos por la Policía.

En París, ante la embajada de EEUU

En París, pese a la prohibición por parte de las autoridades, también fueron miles de personas las que reclamaron «justicia para todos» en las proximidades de la Embajada estadounidense, donde fueron dispersados por la Policía, que realizó un despliegue masivo.

Mahdmud, bailarín negro de 29 años, ve en estas movilizaciones «una pequeña esperanza de hacer que cambien las cosas» y de hacer retroceder a un racismo del que se considera víctima habitual.

En Metz, la manifestación estuvo marcada por los incidentes y el fiscal de esta ciudad francesa resultó herido levemente.

De Munich a Túnez

En Alemania, decenas de miles de manifestantes desfilaron durante la tarde por todo el país. Los jugadores del Bayern de Munich, líderl campeonato de fútbol, también expresaron su solidaridad portando camisetas con la inscripción «Tarjeta roja al racismo-BlackLiveMatters” en el partido contra el Leverkusen.

Al otro lado de los Alpes, en la plaza central de Turín, jóvenes manifestantes italianos guardaron ocho minutos de silencio.

Y al otro lado del Mediterráneo, en Túnez unas doscientas personas defendieron su derecho a «respirar» contra el racismo que «asfixia» en este país, donde los inmigrantes de origen subsahariano afirman a menudo ser víctimas de agresiones físicas o verbales.

En Varsovia, la capital polaca, un millar de personas, la mayoría jóvenes con ropa de color negro, acompañaron al candidato de izquierdas en las elecciones presidenciales, Robert Biedron, que llevaba la cara cubierta con una mascarilla.

«Estoy con quienes se manifiestan en Estados Unidos, por supuesto. Pero también estoy aquí por el bienestar de mis hijos, por el futuro de este país, porque quiero que sea abierto y tolerante», declaró Lidia Nwolisa, que dirige una asociación contra las discriminaciones y está casada con un ciudadano nigeriano.