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La jubilación dorada de un cineasta viajero

RIFKIN’S FESTIVAL
EEUU-Estado español-Italia. 2020. 92’. Dir. y guion: Woody Allen. Prod.: Letty Aronson, Erika Aronson y Jaume Roures. Int.: Wallace Shawn, Eelna Anaya, Gina Gershon, Louis Garrel, Sergi López, Christoph Waltz, Steve Guttenberg. Fot.: Vittorio Storaro. Mont.: Alisa Lepselter.
Vest.: Sonia Grande.

Gina Gershon y Elena Anaya presentaron en Donostia la película de Allen. (NAIZ)

Nuestro querido Woody Allen está a punto de cumplir los 85 años, una edad a la que ya cualquier película que haga va a tener una inevitable lectura póstuma. Su condición de exiliado le añade todavía un mayor toque romántico a esa situación, y si el escenario elegido para evocar su carrera cinematográfica es Donostia y su festival, la añoranza de Manhattan se vuelve más elegante y digna de la jubilación dorada para un autor errante.

Lo que antaño fueron divertidos sueños de seductor hoy en día son nostálgicos sueños de cinéfilo que ve en el viejo continente su tabla de salvación, su paraíso para el reencuentro con los maestros europeos que tanto le influyeron.

Y así, siguiendo la senda de Orson Welles, homenajea a Bergman, a Truffaut, a Godard, a Fellini y a Buñuel. Un lujo para el espectador que quiera participar en el juego propuesto, reconociendo cada escena recreada en blanco y negro.

Lo mismo que para la audiencia local disfrutar de los paisajes locales fotografiados por Vittorio Storaro supone un alumbramiento mágico, un redescubrimiento que cobra otra dimensión en la pantalla grande. Es lo que tiene la mirada extranjera de reveladora.