‘Vitoria-Gasteiz. Ciudad con memoria’ cita solo a 48 víctimas y avala el carácter religioso de Olarizu
El Ayuntamiento ha publicado el libro ‘Vitoria-Gasteiz. Ciudad con memoria’. Un libro en recuerdo de «las víctimas asesinadas o represaliadas en la Guerra Civil y la dictadura franquista». En el mismo solo figuran los nombres de 48 personas represaliadas y se reserva un capítulo para la polémica cruz de Olarizu, incidiendo en el carácter religioso de una cruz que recuerda a «los sacerdotes alaveses caídos por Cristo y la Patria durante la Cruzada de Liberación».
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El Gobierno local de Gasteiz ha presentado este viernes el libro ‘Vitoria-Gasteiz. Ciudad con memoria’. Un trabajo elaborado por la historiadora Virginia López de Maturana que, según ha explicado el alcalde, Gorka Urtaran, tiene por objeto «recuperar la memoria y la dignidad de todas las víctimas del franquismo que dieron su vida en defensa de la democracia».
Sin embargo, el trabajo presenta ciertas lagunas, ya que en el mismo solo se recogen los nombres de 48 víctimas, una cifra escasa teniendo en cuenta que, según el informe publicado por el Gobierno autonómico, entre 1936 y 1945 en Araba murieron 289 personas en prisión y 30 en ejecuciones sumarísimas. Y a estos datos hay que sumar 198 ejecuciones extrajudiciales.
En el caso del cementerio de Santa Isabel, por ejemplo, el libro del Consistorio apunta que allí perdieron la vida 32 personas «condenadas a muerte por sentencia militar». Sin embargo, un informe de Ahaztuak inca que fueron 196 las personas ejecutadas por los franquistas en el muro del cementerio, entre ellas figura Estepan Urkiaga, ‘Lauaxeta’.
La cruz de Olarizu
Además, el libro reserva un capítulo para la cruz del monte Olarizu, situada en los terrenos del concejo de Mendiola, cuyos vecinos y vecinas han expresado su deseo de derribar, y en cuya base figuran los nombres de «los sacerdotes alaveses caídos por Cristo y la Patria durante la Cruzada de Liberación».
El libro se centra en el carácter religioso de la cruz, incidiendo en que fue erigida en 1952 para «conmemorar la Santa Misión que se había celebrado en Vitoria-Gasteiz entre los días 4 y 18 de noviembre del año anterior, en el contexto del Jubileo Universal de 1950».
«Al finalizar la Santa Misión tres reconocidos vitorianos, Emilio Apraiz, Gerardo López de Guereñu y Luis Sáenz de Olazagoitia, todos ellos aficionados al monte y de familias relacionadas con el nacionalismo vasco, propusieron al Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz erigir una cruz en el monte Olárizu que mantuviera el recuerdo del acto religioso». añade.
Y apunta que «días más tarde el Consejo Provincial del Movimiento, presidido por Luis Martín-Ballestero, decidió que en la base de la cruz figurase una losa en la que se grabarían los nombres ‘de los sacerdotes alaveses caídos por Cristo y por nuestra Patria durante la Cruzada de Liberación llenándose así el vacío que se dejaba sentir de consignar los nombres de quienes fueron mártires por la Cruz de Cristo’».
En el libro se recoge que el obispo, José María Bueno Monreal, «intervino apoyando a los promotores civiles del proyecto y oponiéndose a la propuesta de Martín-Ballestero de dotar a la cruz de significado político. Pocos días antes de la inauguración de la cruz el gobernador civil se dirigió a Apraiz ‘con espíritu ciertamente autoritario’, exigiéndole que cumpliera sus condiciones de cara a la inauguración de la cruz» que, al parecer, nunca fue inaugurada.
La descripción que se se hace del monumento trata de afianzar la tesis del Ejecutivo municipal y del propio alcalde, quien considera que la cruz de Olarizu «forma parte de nuestro patrimonio, nuestra tradición, nuestra cultura y nuestra historia».
El libro también resume la historia de la ‘Red Álava’, de la cárcel de la calle Paz y del centro de detención instalado en la colegio Carmelitas Sagrado Corazón. También recoge información sobre la caída de un avión alemán en la Plaza Nueva. Llama la atención que, pese a ser un trabajo que tiene por objeto recordar a las víctimas de la guerra y del franquismo, no realice mención alguna a los cinco obreros que murieron el 3 de marzo de 1976, apenas cinco meses después de que el dictador muriese en la cama.