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Adur Ramirez de Alda: «Hemos sido siete chavales más de uno de los muchos montajes del Estado»

Adur Ramirez de Alda, en una entrevista a un medio catalán, subraya que han sido víctimas «de uno más de los montajes del Estado español». Ahora, ya en Altsasu, trata de «hacer el máximo de cosas posible y volver a ser quien era, volver al lugar que dejé». Le falta una, regresar a El Sadar.

Adur Ramirez de Alda, ya en Altsasu.

Adur Ramirez de Alda, uno de los ocho jóvenes de Altsasu condenado por la Audiencia Nacional, ha ofrecido una entrevista al Diari de Barcelona, donde hace un repaso de lo vivido durante estos cuatro años.

Subraya que no siente «ni rencor, ni rabia». Y es que entiende que lo que han vivido «no ha sido una cosa aislada». «Hemos sido siete chavales más de Euskal Herria, que hemos sido parte de uno más de los montajes del Estado español», señala, al tiempo que recuerda que en Altsasu ha habido más presos. «Siempre me he sentido uno más de esta situación, que no debería pasar, pero sigue pasando».

De hecho, el entrevistador le pregunta si alguna vez pensó «ojalá me hubiera quedado en casa aquella noche». «Sí, pero es que en mi caso concreto yo estaba en casa». Cabe recordar que Ramirez de Alda declaró que a la hora de la trifulca se encontraba en casa durmiendo, varios testigos confirmaron que no estaba en el Koxka y la sentencia de la Audiencia Nacional resolvía que «no ha quedado suficientemente acreditado que estuviese durmiendo». Contra él, la declaración de los agentes de la Guardia Civil implicados, que lo identificaron con una sudadera diferente a la que llevaba horas antes (según se observó en imágenes de ETB del partido de pelota de aquella noche).

En el mismo sentido recuerda que en la primera operación policial detuvieron a una amiga suya que ni siquiera estaba en Altsasu, sino que se encontraba en Madrid.

El tiempo encarcelado no ha pasado en balde: «Entré en prisión con 21 años, he salido con 25 años y me he perdido cambios fundamentales que observo en mi entorno». Es consciente de que es «un tiempo que no volverá», pero prefiere no darle muchas vueltas. «Todavía soy joven y puedo hacer muchas cosas».

Del mismo modo, subraya que, «a pesar de que después de esto podía haber optado por olvidarme de todo», «las convicciones no te las quitan, pase lo que pase».

La cárcel

Añade que la experiencia de la cárcel «no se olvida». «Recordar el día en el que me condenaron o en el que me separaron del resto de acusados es una auténtica locura», afirma. «No sabía a dónde iba. En Euskal Herria, por desgracia, la prisión siempre ha estado muy presente y lo sigue estando. Pero cuando llegas... desde el primer momento te encuentras con situaciones que ni siquiera habías imaginado».

Pero sobre todo recuerda el traslado a la prisión de Iruñea, cuando, por la autovía, pasó por Altsasu. «Los ves allá, a 200 metros, pero recuerdas que todavía te quedan ocho años para volver».

El joven, asimismo, reconoce el trabajo de su familia durante el tiempo que ha estado encarcelado: «Desde el primer momento cogieron el toro por los cuernos. Han dado todo su tiempo y sus ganas para denunciar esta situación y cambiar las cosas».

También analiza el papel jugado por los medios de comunicación y reconoce que «nunca me había tragado tantos programas basura», siguiendo desde prisión lo que decían en las televisiones estatales.

Ramirez de Alda fue detenido el 16 de noviembre de 2016. Por aquel entonces era estudiante de Magisterio. Ahora podrá terminar esa carrera, pero en prisión comenzó a estudiar Derecho, mundo al que le gustaría dedicarse en el futuro.

Un futuro al que mira desde el presente, que comenzó cuando salió de prisión a comienzos de julio. «Estos meses han sido impresionantes, de alegría. Intentar hacer el máximo de cosas posible y volver a ser quien era, volver al lugar que dejé». Para ello, ahora disfruta de «las pequeñas cosas como la playa o ir a escalar». Entre los debes, le queda uno: volver a El Sadar.