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El «acuerdo» del Euskalduna

Posiblemente, si no hubiera sido por la pandemia, la pancarta de inicio de la manifestación de Sare hubiera llamado la atención, a la vista de la potente representación política, sindical y social que reunida esta mañana en el Palacio Euskalduna.

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Mucho frío, algo de nieve que asoma en los montes de alrededor, y poca gente en las calles, muy poca, pese a los carteles de rebajas que ya ‘adornan’ los escaparates. Así aparecía esta mañana el centro de la capital bilbaina, en un día que, si las circunstancias sanitarias no hubieran sido las actuales, estaría ya animado por la llegada de miles de personas que, desde horas antes, empezaban a calentar el ambiente para la manifestación contra la dispersión y a favor de los derechos de los presos vascos. La cita de hoy está siendo tan poco habitual como la época que nos está tocando vivir.

Algunos paseantes fuera; en el interior del Palacio Euskalduna, y mientras se escucha cómo Gatibu ensaya para esta tarde, en el primero de sus conciertos en la capital bilbaina, muchos grupos reunidos en el hall y declaraciones ante la prensa. De uno en uno; no en vano, la presencia recabada por Sare para el acto institucional , que ha servido de avance de la movilización convocada para esta tarde en más de doscientos pueblos y ciudades de toda Euskal Herria, ha sido posiblemente más amplia que en años anteriores.

Y todos, pero todos, en sus declaraciones –con las lógicas matizaciones–, han  abogado por la finalización de la política penitenciaria de excepción contra los presos vascos.

Diez años no son nada

Por los sindicatos: representantes de ELA, LAB, CCOO, UGT, Steilas, ESK, Etxalde, Hiru, CNT y CGT. Por los partidos políticos vascos: PNV, EH Bildu y Podemos Euskadi, aunque el temporal ha impedido que pudieran acudir Podemos Navarra y Geroa Bai.

De Catalunya, otro tanto. Algo mermados también por la nieve, pero han acudido ERC, CUP y representantes de ANC, mientras Omnium Cultural y Junts ha enviado su apoyo. De agentes sociales, representantes de Gure Esku, Egiari Zor, Etxerat, Paz con Dignidad y Foro Social. 

Y de personalidades, varios ex consejeros del Gobierno de Gasteiz, como Angel Toña, Tontxu Campos y el propio Joseba Azkarraga, el portavoz de Sare. Como ha apuntado Nekane Altzelai, quien ha hablado en representación de Ahotsak, «cada vez somos más, y un ejemplo de ello es la fotografía de quienes estamos en este Palacio Euskalduna. Más agentes que nunca nos hemos adherido al llamamiento de Sare».

Todo ello de un año crucial como este, en el que se cumplen diez años del Acuerdo de Aiete y del final de la actividad de ETA, como ha recordado Paul Ríos. Quien fuese partícipe activo en aquellos hechos históricos, no ha querido esconder la frustración que siente personalmente por lo lento que va el cambio de la política penitenciaria. Aquí no hubo un acuerdo escrito «de 400 áginas» como en Colombia o Irlanda, aquí «todo ha sido más difícil y más difícil de gestionar que cuando hay un acuerdo clásico. Pero la situación es de no vuelta atrás».

Cara a abrir vías para el análisis, Paul Ríos ha puesto hincapié en los tres errores en los que se ha caído en su opinión: uno, el excesivo foco puesto en lo lejos que están los presos, «cuando lo relevante es el impacto negativo de este alejamiento en sus familias», que «cumplen pena sin haber sido juzgadas».

Dos, «que hemos dado la llave al Gobierno de Madrid», cuando el foco de la solución debería estar en la sociedad vasca; en este sentido ha llamado a articular «un compromiso compartido y a alcanzar una colaboración estratégica» entre todos los agentes de la sociedad vasca, representados allí mismo, en el Palacio Euskalduna.

Y tres, «hemos interiorizado un relato en que el alejamiento era necesario para acabar con ETA», cuando, ha apuntado, «el acercamiento no esta sujeto a condiciones; la dispersión debe de terminar porque es una situación injusta en sí».

Las peticiones

Precisamente, en este mismo sentido ha hablado Joseba Azkarraga, en nombre de Sare, para recordar a los familiares que posiblemente en un día como el de hoy, con las carreteras nevadas y heladas, en unas condiciones en las que las autoridades recomiendan no coger el coche, han tenido que ‘comer’ kilómetros y atravesar la península para que sus hijos, padres, familiares o amigos encarcelados no se queden sin una visita.

Azkarraga ha hablado de tiempos de esperanza, porque «algo se está moviendo en política penitenciaria» ante el acercamiento a centros penitenciarios cercanos a Euskal Herria, pero aún así, ha agregado, «no queremos normalizar una situación que no es aceptable». Un ejemplo de ello, y en lo que ha puesto un acento importante, son las progresiones de grado, tan limitadas que todavía el 65% se encuentran en primer grado penitenciario, a pesar de que una parte importante de este colectivo se acerca al cumplimiento íntegro de treinta años de privación de libertad.

Además, y a raíz de la ley orgánica 7/2003, 67 presos tienen cadenas perpetuas encubiertas, con los 40 años de privación efectiva de libertad.

«Urge aprovechar este tiempo, para dar pasos firmes, sin vuelta atrás», ha añadido, y dejarse de «una política penitenciaria antiterrorista nostálgica y disfrazada de reparación», de «la utilización que algunos hacen del dolor y sufrimiento [de las víctimas] como arma arrojadiza contra el oponente política».

Y de la fotografía del palacio Euskalduna, pasaremos esta tarde, a las 17.30 concretamente, a la que ofrecerá la sociedad vasca. A esa hora, las linternas de los móviles reclamarán lo que, año tras año, ha clamado una gran mayoría en las calles de Bilbo.