«El fútbol es uno de los últimos reductos de hombres y para hombres»
Danae Boronat (Tarragona, 1985) analiza en su libro ‘No las llames chicas, llámalas futbolistas’ la evolución y situación del fútbol femenino español en las últimas décadas a través de los testimonios de numerosas protagonistas.
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Danae Boronat fue una de las encargadas de narrar el Mundial de 2019 en Gol. Cuál fue su sorpresa cuando quiso preparar su trabajo y descubrió que era poco menos que imposible encontrar información sobre la mayoría de las selecciones. «¿Cómo puede ser? Lo sabemos todo de los hombres pero las futbolistas, a lo sumo, nos las encontramos en un raking de ‘las más guapas’. En pleno siglo XXI». Ese fue el germen de ‘No las llames chicas, llámalas futbolistas’ (Editorial Cúpula), el libro en el que analiza la evolución y situación del fútbol femenino español en las últimas décadas a través de los testimonios de numerosas protagonistas.
Viendo la repercusión que está teniendo su libro, interesar parece que interesa.
Desde luego. Y no lo digo sólo por el libro. Con el Mundial de 2019 se comprobó claramente que si lo tratas bien, si inviertes, si te preocupas, interesa mucho. En Gol hicimos una cobertura prácticamente igual al masculino, las retransmisiones, los programas... Y la gente lo compró, las audencias funcionaron al nivel de la Liga masculina.
Soy periodista deportiva pero siempre había vivido el fútbol femenino de forma superficial y en el Mundial descubrí mujeres maravillosas que decidieron jugar a fútbol con todo en contra
Ese Mundial supuso un antes y después en muchos aspectos. También para usted.
Descubrí que no se sabía nada. Yo misma soy periodista deportiva pero siempre había vivido el fútbol femenino de una forma superficial. Descubrí a mujeres maravillosas, que decidieron jugar al fútbol con todo en contra. Les vi hacer cosas maravillosas en ese Mundial y pensé que muchos en su casa estarían preguntándose quiénes son, qué hay por detrás. Empecé a pensarlo y al final decidí que ellas mismas lo contaran en un libro.
Lo que cuentan es, en demasiadas ocasiones, durísimo.
Ni lo imaginaba. Era consciente de que el camino había sido tortuoso pero no tanto. No daba crédito, sobre todo cuando me contaban todo lo que había pasado en la selección española. Me costó mucho entender que ésto se había consentido y nadie había puesto el grito en el cielo.
No daba crédito cuando me contaban todo lo que había pasado en la selección española. Lo que decía, lo que hacía, con total impunidad, haciendo y deshaciendo a su antojo consentido por los de arriba
La época de Ignacio Quereda en la selección española quedó atrás. Pero no es el único ni el último aunque quizá las formas no sean tan groseras.
Es que estamos hablando de que les pellizcaba, les llamaba gordas, les machacaba, les decía cosas como «a ti lo que te hace falta es un buen macho»... Con total impunidad, la que abría la boca ya sabía lo que tenía, hacía y deshacía a su antojo consentido por los de arriba durante un montón de años. Hasta que las futbolistas se plantaron a la vuelta del Mundial de Canadá. Lograron que se fuera y comenzó una nueva etapa aunque algunas lo pagaron igualmente.
Ese tipo de comportamientos ha ido desapareciendo pero no podemos hablar todavía de igualdad, ni siquiera de que se crea en las futbolistas. Todavía estamos en la fase del postureo en todos los ámbitos, clubes, medios, Federación... En algunos casos la apuesta es clara y sincera pero ¿en cuántos?
Algo sí se ha avanzado.
Claro, y en pocos años más que en los treinta anteriores. Pero sigue siendo poco. Ahora parece que los políticos se han dado cuenta de lo que pasa pero hay muchas guerras por todas partes, con intereses cruzados, que además ni siquiera tienen que ver con el fútbol femenino. Y lo que necesitamos es un frente común e implicación pero aquí todo el mundo se pasa la pelota.
¿Por qué?
Porque el fútbol es uno de los últimos reductos en la sociedad eminentemente de hombres y para hombres. Y apelan a lo que sea para defenderlo. A cuestiones físicas sobre todo, que no se va a ofrecer un espectáculo como en el masculino dicen. Pero el Torneo de Brunete es de alevines y le damos cancha. El fútbol engancha por muchas cosas, no sólo por la fuerza. Si fuera así, la situación sería la misma para el baloncesto y balonmano femeninos pero ahí el nivel es altísimo en España. Medallas, mundiales... ¿Por qué? Porque se empezó a invertir hace veinte años. Pero el fútbol no, el fútbol es cosa de hombres.
También hay diferencias en otros deportes y en otros ámbitos pero ninguna tan abismal como en el fútbol. Y no hay una razón objetiva. Es tradición, educación, es el último reducto de una sociedad machista y heteropatriarcal. Porque hablamos del mismo deporte, con las mismas reglas, los mismos escenarios, las mismas emociones...
¿De verdad cree alguien que las futbolistas que celebran un convenio de mínimos están pidiendo cobrar lo mismo que los hombres?
Una falacia muy repetida por quienes no ven esas similitudes es que ellas quieren ganar lo mismo que ellos. En ninguna de las reividincaciones que plantean las futbolistas en su libro aparece la palabra «sueldo» y sí «preparación», «infraestructuras», «bajas»...
Muchos aficionados dicen “¿cómo va a ganar lo mismo Alexia que Messi?». Es que no quiere. Ni siquiera se lo plantea porque aún estamos en la fase del derecho laboral, de tener una cobertura en caso de lesión, de embarazo, una jornada regulada, una normativa de riesgos laborales... ¡Pero si se acaba de firmar el primer convenio de la historia, que además es basiquísimo, de mínimos! Y mira qué sueldos mínimos estipula. ¿De verdad cree alguien que las futbolistas que celebran esos mínimos están pidiendo ahora mismo cobrar lo que cobran los hombres?
Como suele decir Megan Rapinoe y también vemos en su libro, la igualdad es bastante más compleja que la equiparación salarial y arranca en la base. Si dejamos a las niñas los peores campos, los peores horarios, los entrenadores menos preparados..., difícilmente van a desarrollar su potencial de la misma manera que los niños.
Es que es clave. Mira, por ejemplo, siempre se ha criticado mucho a las porteras. Ainhoa Tirapu cuenta en el libro que hasta los 20 años fue autodidacta. No había entrenadores de porteras. En el Barcelona se cambiaban en casetas y tenían que darse prisa porque se les acababa el agua caliente. ¡En el Barcelona! Imagínate en otros equipos. Las últimas en entrenar, compartiendo campo, la hierba natural reservada para los hombres, no para el primer equipo masculino, ¡para todos menos para ellas! Por suerte creo que eso ha empezado a cambiar, sobre todo en los grandes equipos y las selecciones, y ya se nota en los resultados. Pero también aquí estamos en fase embrionaria.
El fútbol masculino tiene cosas que aprender del femenino. En el campo no se finge, no se pierde tiempo... Y fuera del campo son mujeres formadas, universitarias, con conciencia social...
Pese a todo, siempre me da la sensación de que el fútbol masculino tiene tanto que aprender del femenino.
Pero no va a pasar. Lamentablemente creo que pasará al revés y será el femenino el que coja los «vicios» del masculino. Y vaya si tienen qué aprender. Ves los partidos y no se finge, no se pierde tiempo,... Y fuera del campo ves mujeres formadas, universitarias, con conciencia social... Son mujeres admirables y excepcionales. Dime con cuántos jugadores pasa eso. Y además el fútbol masculino está cada vez más deshumanizado, más mercantilizado... Me da pena pensar que el femenino tenga que pagar ese peaje algún día.
¿No me deja un mensaje algo más positivo para acabar?
¡Pero claro! El fútbol femenino es imparable. Cada vez atrae a más gente, a hombres a los que les gusta el fútbol y a mujeres que, además de disfrutar con el fútbol, se sienten representadas en historias de superación, de valor... Pese a todo, pese al largo camino que queda, las mujeres ya han dado el primer paso creyendo en sí mismas, haciéndose valorar y respetar y ya no va a haber quien les pare.