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Aparecen los diarios del Winnipeg, el barco de Neruda que rescató refugiados vascos

Unos 300 vascos refugiados en el Estado francés se embarcaron en verano de 1939 a bordo de Winnipeg, un carguero reacondicionado por comunistas franceses para trasladarlos a Chile con el apoyo de Pablo Neruda. Acaban de publicarse los diarios de abordo.

Primera página del primer número de los diarios de abordo del Winnipeg. (Josu Chueca)

El Winnipeg fue un barco mercante que en 1939 dejó de moverse por dinero y empezó a carburar en sus calderas ideales y, estirando un poco, también poemas. Lo movían ideales porque la empresa para la que surcaba el mar era la France Navigation y esta compañía en realidad estaba controlada por el Partido Comunista francés y la Tercera Internacional. Y también lo movían poemas porque el viaje que ahora interesa narrar estaba concebido por Pablo Neruda, en aquel tiempo cónsul chileno en París, que organizó el embarque con el objetivo de rescatar a refugiados republicanos. 

Tiempo después, Neruda dejó escrito lo siguiente, en referencia a la singladura del Winnipeg: «Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”. 

La France Navigation había hecho dinero llevando armas al bando republicano para que combatieran al fascismo. Pero aquella función había perdido su sentido en el verano del 39. En esos días, la tapadera de los comunistas manejaba varios transatlánticos y decidió reacondicionarlos montando literas en sus bodegas. La France Navigation –descrita como una «compañía marítima esencialmente militante, en sus órganos de mando y de organización, muy bien gestionada dentro de la legalidad, al servicio del movimiento comunista»­– se lanzaba a una operación de rescate a gran escala. 

Postal del barco cedida por Agnes Alonso.
Postal del barco cedida por Agnes Alonso.

Así, el Winnipeg pasó de tener una capacidad de 97 pasajeros a 2.000, una barbaridad. Sirva aquí la referencia del Titanic (construido y hundido en 1912, seis años antes de que Winnipeg tocara el mar por primera vez) donde viajaban 3.500 personas. En lo que respecta a dimensiones del casco, el del Titanic alcanzaba los 269 metros de proa a popa, frente a los 150 del Winnipeg. 

En el comedor del carguero reacondicionado cabían 500 personas y tenían que hacer varias tandas para comer. Entre los primeros pasajeros (que probablemente no fueran 2.000, sino 2.573) había unos 300 vascos, buena parte de ellos procedentes de Gurs. Y, precisamente, este campo de concentración ha sido la clave del hallazgo que justifica este reportaje y, sobre todo, la publicación del libro “2.000 del Winnipeg. Diario de a bordo”. Porque Gurs es territorio del historiador Josu Chueca. 

Aparición de los diarios del viaje

«Encontré el ‘Diario de abordo’ del Winnipeg en el Histórico Nacional de París. Estaba mirando papeles sobre el exilio, sobre las expediciones de refugiados españoles. Lo vi entre fichas del SERE [Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles]. A partir del pacto entre Stalin y Hitler, el SERE quedó fuera de la ley. Mi tesis es que en un registro policial, la copia del diario cayó en manos de la Policía. En el Estado francés desclasifican periódicamente documentación y la llevan al archivo. No sé cuándo habrían desclasificado esa parte», prosigue Chueca. 

El ‘‘Diario de abordo’’ no es un cuaderno de bitácora, sino una publicación más singular e interesante: un periódico interno que se publicó diariamente durante el mes de travesía que arranca en Pauillac, puerto fluvial cercano a Burdeos, y finaliza en Valparaíso, Chile, entre el 5 de agosto y el 3 de setiembre de 1939. ‘‘2.000 del Winnipeg. Diario de abordo’’ es la cabecera del periódico, al igual que GARA lo es de este medio. 

El ‘‘Diario de abordo’’ era un periódico muy rudimentario. Se hacía con una máquina de escribir y pericia mecanográfica para destacar titulares y dividir la página en columnas. Solo se hacían seis ejemplares por día, reproducciones que lograban intercalando papel cebolla y papel carbón. Su destino no era pasar de mano en mano –un papel tan fino como el cebolla no lo hubiera resistido– sino colgarse en tablones dispuestos por el barco para que los viajeros las leyeran.

El transatlántico Winnipeg.
El transatlántico Winnipeg.

El viaje del Winnipeg no fue el único que trasladó a republicanos de una punta a la otra del Atlántico. Y tampoco es el único del que se ha conseguido recuperar el periódico de la travesía. Según indica Chueca, al menos se ha localizado también el del buque Sinaia, que trasladó republicanos a México. Sin embargo, puede que el diario del barco de Neruda tenga hoy mejor relectura. 

Una primera misión de estos diarios de abordo era ir informando a aquella pobre gente sobre cómo era aquel mundo nuevo al que les trasladaban y del que nada sabían. Los diarios también daban cuenta de pequeños sucesos de la vida interna en el buque. Hubo torneos de ajedrez, conciertos musicales, conferencias y mítines políticos. También discusiones políticas entre las militancias de los distintos partidos que se apiñaban en las bodegas.

Además de ello, los periodistas del Winnipeg daban cuenta en aquellas hojas de algunas de las noticias que llegaban en formato casi telegramático a las antenas del barco a través de ondas de radio. Eran noticias de los paseos triunfales de Franco y también de los hechos internacionales más relevantes.

Y es justamente esta lo que hace aún más especial al documento. Lo que le ocurre al Winnipeg es que, mientras surcaba los 16.000 kilómetros de mar con una plácida velocidad punta de 13 km/h, el mundo conocido –no ya únicamente la República– parecía caerse a pedazos. El 3 de setiembre, el mismo día en que aquellos 2.000 viajeros tocaron tierra en Chile, estalló nada menos que la Segunda Guerra Mundial.

La invasión de Polonia desde alta mar

Así, en el “Diario de abordo” del Winnipeg se puede leer hoy cómo el mundo se cae a pedazos tal y como se contó en su momento. En los reportes internacionales de ese mes, aparece la cadena de acontecimientos que unen la derrota de la izquierda en la península y el alzamiento nazi, dos piezas del dominó histórico que en muchas ocasiones no se saben unir debidamente, pues suelen alojarse en lugares muy distintos de la cabeza (la historia nos la enseñan así de mal). 

Al releer los diarios del Winnipeg, que Intxorta 1937 Kultur Elkartea ha tenido el detalle de publicar en formato facsímil junto a la transcripción, se hace forzoso imaginar ahora a esos 2.000 viajeros perdidos en el Océano, apiñándose junto a la pared del buque donde se colgaban los diarios de abordo para seguir los sucesos en Dantzig y el baile diplomático entre alemanes, franceses, británicos y rusos, que derivaría en la invasión de Polonia. Y, a su vez, recibiendo las noticias de los franquistas que confirmaban que aquel sería un viaje sin retorno. Leyeron cosas como las que siguen (el número hace referencia al día del mes). 

«Berlín 9. Confirmando una información polonesa, el periódico Angriff anuncia que un avión alemán internado sobre territorio polonés al norte de Gydnia fue recibido por el fuego de baterías aéreas polonesas». 

«Londres 22. Se anuncia que el Gabinete Inglés hará en el Parlamento, convocado a este objeto, una declaración, según la cual, confirmará que hará honor a sus compromisos ante posible agresión a una potencia a la cual haya dado garantías». 

Llegada del Winnipeg a Valparaíso, con un mural del presidente chileno, Pedro Aguirre.
Llegada del Winnipeg a Valparaíso, con un mural del presidente chileno, Pedro Aguirre.

El último ejemplar, del 2 de setiembre, cuya segunda página no está completa, reza lo siguiente, respetando las mayúsculas originales. «ALEMANIA INVADE POLONIA MIENTRAS SE EFECTUABAN NEGOCIACIONES PARA SOLUCIONAR LAS DIFERENCIAS GERMANO POLACAS. Las tropas germanas atacan la frontera polonesa por distintos lugares. Numerosos bombardeos diarios. INGLATERRA Y FRANCIA DECRETAN LA MOVILIZACIÓN GENERAL DE SUS FUERZAS». Ahí es nada.  

Además de los diarios, el libro de Intxorta 1937 recoge datos, contextualización y una relación de las personas rescatadas por el Winnipeg, porque a la postre el viaje entre Pauillac y Valparaíso fue el único que realizó, a causa de la ilegalización de la France Navigation tras el pacto entre Hitler y Stalin y la posterior invasión alemana.