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Fotografía: Iñigo Uriz | Foku y Zaloa Fuertes

«Black is Beltza II: Ainhoa», la personal e insurgente celebración vital de Fermin Muguruza


Fermin Muguruza prolonga la ruta de ‘Black is Beltza’ con otro viaje transmedia. La etapa transita por el telúrico paisaje histórico de los 80 y en su libro de bitácora asoma el panorama internacional de rincones como Líbano, Afganistán y Argel, además de una Euskal Herria insurgente.

Sola, en la diminuta isla que una vez llevó por nombre Bedloe, la gran dama francesa observa lo que llega desde el océano Atlántico y ajena a lo que ocurre a sus espaldas, en la gran ciudad que nunca duerme. Una vez, esta impasible dama fue testigo de la llegada de otros gigantes, que al contrario que ella, tenían la envidiable capacidad de bailar. Ocurrió en octubre de 1965 pero en dicho acontecimiento –solo comparable a cuando otro gigante, King Kong, escaló el Empire State Building– tuvo lugar un episodio que nuevamente contradijo lo que ella supuestamente representa, a una pareja de gigantes les fue prohibido hacer aquello para lo que fueron creados, bailar.

Con el paso del tiempo, lo que una vez fueron titulares de prensa relativos a unos gigantes que no pudieron bailar por la Quinta Avenida debido a que eran negros, adquirió forma de excusa o punto de arranque de una odisea creativa emprendida por Fermin Muguruza, ‘Black is Beltza’ y de esta manera, la mediatizada celebración exótica y racista en las calles de Nueva York, pasó a ser la cerilla que prendió la mecha de un arriesgado artefacto multimedia que primero fue recreado a través de viñetas por Jorge Alderete, también conocido como Dr. Alderete –un prestigioso ilustrador nacido en Argentina pero plenamente asentado en México–.

Tomando como excusa este episodio histórico, el guion de Fermin Muguruza y Harkaitz Cano nos embarcó en la odisea de Manex Unanue, uno de los mozos que debía portar a uno de los gigantes negros que, decepcionado con la decisión del resto de compañeros de acatar la orden, optó por no regresar a Iruñea.

El clausurado diario EGIN; algunos de sus trabajadores reales o ficticios aparecen en «Black is Beltza II: Ainhoa».

A través de él fuimos testigos de los acontecimientos que marcaron la convulsa sociedad de mediados de los sesenta: los disturbios raciales derivados de la muerte de Malcolm X, las excentricidades de los personajes de The Factory, las alianzas entre los servicios secretos cubanos y los Black Panthers estadounidenses, la sicodelia proto-hippie que inundó los festivales musicales de la época, el tablero de ajedrez orquestado por los espías de ambos bandos durante la Guerra Fría, el espíritu del Che en el Congo, Argelia y su muerte en Bolivia, y los males que trajo consigo la dictadura franquista.

Un frenesí histórico-creativo que Muguruza recuerda como «una locura maravillosa que vista desde la perspectiva del tiempo, adquiere un gran valor porque supone que lo que comenzó con mi sorpresa cuando vi aquella foto de los gigantes negros de Iruñea que no pudieron desfilar por Nueva York debido a la discriminación racial, se transformó en algo que creció y acabó transformándose en algo por lo que siempre he abogado creativamente, una libertad plena y carente de corsés a través de la cual poder expresarme».

Viñetas, una exposición y una banda sonora explosiva que acompañó las secuencias de aquel impacto que supuso redescubrir ‘Black is Beltza’ en movimiento. Para Muguruza el estreno de la película en Zinemaldia fue «mi personal arribada a Itaca, después de una travesía que arrancó en 2010 y que culminó en 2018. Un año en el que terminé exhausto porque al gran esfuerzo que supuso poder llevar a cabo la película, se sumó una vertiginosa gira de promoción. Aquello supuso una pelea constante, fue una película muy bien recibida pero lo que aparecía en ella no era del gusto de ese tipo de personas que no creen en la libertad de expresión. En algunos casos, padecimos la censura, en sus diversas y muy sutiles formas, y en otras fue el propio empuje e interés popular lo que hizo que la película tuviera una gran acogida en lugares como Madrid o Barcelona, que por poner un ejemplo, hizo que estuviéramos en cartel durante varios meses en una sala de cine, algo inaudito si se tiene en cuenta la frenética y caprichosa política de distribución».

Para cerrar los recuerdos de lo que supuso aquella primera etapa, el músico y cineasta vasco recurre a Eduardo Galeano cuando dijo: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá».

Ainhoa, convertida en testigo de los creativos y convulsos años 80, es la protagonista de la película de animación y del cómic.

Una nueva escala en un viaje creativo

Cual Ulises inquieto, Muguruza dejó que el capricho se cruzara en su camino y mientras los epé de Laboa de ‘Apur dezagun katea’ que cruzaron en clandestinidad la ‘muga’ sellaron el final de ‘Black is Beltza’, algo quedó grabado en la mente de un trombonista mexicano de Guadalajara que, tras leer el cómic, le comentó «ahora tenemos que saber la historia de la niña». Aquella niña, hija de Manex y la cubana Amanda se llama Ainhoa y adquiere pleno protagonismo en la segunda etapa de un viaje en el que la reinvención de formas y contenidos funciona acorde a los tiempos por los que transcurre.

Levada el ancla y con las velas al viento, Muguruza prolonga un viaje que en su cuaderno de bitácora se antoja circular. «Te pones a mirar atrás y recuerdas lo mucho que ha ocurrido en los lugares que he visitado, como en aquella intersección de Broadway y la Quinta Avenida, donde bailaron gigantes y Brecht escribió ‘El refugio nocturno’ que Mikel Laboa transformó en estrofas en ‘Gaberako aterbea’ y que Negu Gorriak retomó para hacer su propia versión. Cuando le conté a Harkaitz Cano la posibilidad de seguir el viaje desde la mirada de Ainhoa, la maquinaria volvió a ponerse en marcha porque todavía quedaban muchas cosas por contar. Al final de la odisea de Manex se asomaba al doblar la esquina de la historia, los suculentos años 70, pero quien me conoce sabe que nunca fue lo mío coger la vía fácil. De esta manera, quise dar un brusco giro de timón y otorgar protagonismo a Ainhoa, que recogido el testigo de sus padres, protagoniza una elipsis de 21 años que la coloca en otro periodo histórico que me interesaba muchísimo abordar. Así, Ainhoa se convierte en la mirada-testigo de un periodo en el que confluyen la inquietud vital y creativa y la convulsión política de los felices y salvajes años 80».

Dicha excusa nos permite redescubrir el tablero de ajedrez internacional de una época mitificada y telúrica en el que Ainhoa es un peón activo que aprenderá a desenvolverse en una partida de consecuencias imprevisibles «unos días –recuerda Muguruza– en los que los problemas a escala mundial confluyeron y se detectó un vínculo de interconexión entre lo local y lo global que dio como fruto eso que hoy en día conocemos por ‘globalización’, una expresión que comenzó a sonar en la etapa en la que transcurre el filme, el año 1988».

Una ruta teñida de dolor, anhelo y mucha vitalidad

Al igual que en la primera ‘Black is Beltza’, en esta segunda el viaje físico adquiere connotaciones iniciáticas para sus personajes, y de esta forma, la joven de 21 años que atiende al nombre de Ainhoa, recorre un mundo que asiste a los desenlaces de conflictos como los de Irak-Irán, Afganistán, la guerra civil del Líbano o la apertura de conversaciones que se desarrollaron en Argel entre el Gobierno español y ETA.

Para su autor, este tablero de constante jaque y repliegue de piezas se descubre como la perfecta tramoya por la que transita la verdadera historia que encierra ‘Black is Beltza II: Ainhoa’: «Es un periodo de reminiscencias bergmanianas y que, al igual que en ‘El séptimo sello’, tuvo como invitada a alguien que desde las sombras dictó los trágicos destinos de muchas personas, la muerte prematura que adoptó diversas formas como la represión policial, la guerra sucia, los atentados de ETA, el ingente caudal de heroína que sacudió a toda una generación y el SIDA. Este es uno de los contextos que más me interesaba abordar porque, de una u otra manera, es algo de lo que fui testigo en aquella Euskal Herria que ahora es revisitada por Ainhoa».

Llegados a este punto, entra a escena un invitado especial que, dentro del contexto emocional que sirve de motor a ‘Black is Beltza II: Ainhoa’, se torna en fundamental, Iñigo Muguruza. «Cuando me sacudió la muerte de mi hermano y cómplice en multitud de batallas musicales, desde que prendimos la mecha con Kortatu en 1984, estaba roto pero, a la vez, esa situación dura y desconcertante me permitió reflexionar sobre una generación de grupos con los que compartimos escenario alguna vez y que, de una u otra forma, habían perdido a todos o parte de sus integrantes por culpa de la heroína o el SIDA. Todo ello derivó en varias cuestiones: ¿Sirvió la heroína como herramienta y a manos de los aparatos del Estado para silenciar y socavar a una juventud combativa?. De dicha pregunta surgieron otras en torno a quiénes se lucraron con esta operación, cuáles fueron las rutas elegidas para su tráfico y en qué otros rincones del planeta ocurrieron situaciones similares», señala Muguruza .

Muguruza con Antonio de la Torre, junto a Yasmine Khris, una marsellesa que ahora vive en Iruñea y ayudó al actor a mejorar el acento marsellés.

En su exposición, el cineasta recordó que «la CIA ya se sirvió de la cocaína para subvencionar las operaciones de la ‘contra’ en Nicaragua y en lo relativo a su ruta, Marsella se convirtió en epicentro».

En 1987, la cadena CBS emitió un explosivo programa con entrevistas a pilotos, narcotraficantes y agentes de la CIA involucrados en operaciones de tráfico de drogas. En dicho espacio, la periodista Jane Wallace aseguró que la CIA reclutó a narcotraficantes para pilotar aviones cargados con armas, con destino a la 'contra' en América Central. Fruto de este acuerdo, los narcotraficantes tuvieron carta blanca para retornar a suelo estadounidense con sus aviones cargados de cocaína y marihuana.

Los titulares de prensa también adquieren un valor añadido porque, entre la maraña de personajes que se cruzarán en el camino de la protagonista nos encontramos con quien será una de sus cómplices principales, Josune. Esta joven bilbotarra trabaja en la redacción del diario EGIN, está plenamente identificada con las corrientes internacionalistas y sufrió tortura a manos de la policía. La amistad entre Ainhoa y Josune surge a resultas de una carga policial en las calles de Iruñea y tras el fallecimiento del compañero sentimental de la periodista, por culpa de una sobredosis, ambas comparten su incierto y apasionante viaje. La presencia de Josune le permitió a Muguruza «sumar elementos personales como mi paso por EGIN IRRATIA –que me han permitido dar vida a personajes como Javier Salutregi, último director de EGIN– y Kortatu, porque Josune y Ainhoa se trasladan a Iruñea para cubrir el ‘Azken guda dantza’ que tuvo lugar el 1 de octubre de 1988. En el motor temático y emocional han coincidido los anhelos, el dolor, los recuerdos y también una inmensa alegría vital. Por ello, ‘Black is Beltza II: Ainhoa’ se revela, sobre todo, como una celebración de la vida».

Para dar vida a este encadenado de emociones, resulta obligatorio adentrarnos en la trastienda técnica que está dando sentido y forma a un proyecto muy ambicioso cuya finalización está prevista para el mes de julio de 2022.

En este apartado adquiere especial relevancia el reparto de intérpretes que ha aportado sus voces y que, al igual que en la primera entrega, está repleto de nombres conocidos. «Las voces –dice el creador irundarra– son fundamentales para enriquecer la personalidad de los personajes y he tenido la suerte de poder contar con intérpretes de primer nivel. Me siento orgulloso de haber podido embarcar en este proyecto a quien, para mí es el mejor actor a nivel estatal, Antonio de la Torre, el cual no dudó en aportar su voz a esta película que también incluye, por ejemplo, a Itziar Ituño cuya complicidad permitió sumar al reparto de voces a su compañero de rodaje en ‘La casa de papel’, Darko Peric; o a Jon Plazaola, María Cruickshank –que prestó su voz a Amanda y ahora a Ainhoa– y Ander Lipus y su compañía Artedrama. En el caso de este último fue curioso porque cuando fui a Bilbo a ver la obra ‘Zaldi urdina’ descubrí una gran conexión con lo que quería abordar en mi película. La implicación de Lipus y el resto de la compañía fue total».

Otro nombre dentro del reparto que destaca es el de la actriz Ariadna Gil. «Hace años coincidí en un escenario con sus hermanos Albert y Ricky, que tocaban en el grupo Brighton 64. También hay que recordar que su padre, August Gil, es un prestigioso abogado muy respetado por su ideario independentista y al que le une una amistad con Arnaldo Otegi, a quien visitó cuando este salió de la cárcel de Logroño. Ariadna no puso reparo alguno en participar en este proyecto. esto es algo que todavía da que pensar, porque a estas alturas de todo, siempre tienes que moverte con tacto a la hora de ofrecer un proyecto de estas características. Por ese motivo, cuando dan el sí, la satisfacción es mayúscula. Otro intérprete que destacaría, sobre todo porque a título personal me emociona, es la aportación de Gorka Otxoa a la hora de prestar su voz a mi hermano Iñigo. Creo que se amolda a la perfección al carácter y personalidad de Iñigo».

Ariadna Gil, atenta durante la sesión de grabación en la que prestó su voz al proyecto.

Ainhoa, hija de Corto Maltés

Finalmente, y en lo relativo al apartado técnico, el cineasta nos descubre que «la creación de personajes es, al igual que en la anterior, obra de Josep Homs, y los secundarios son de Ame Tres Voltes Rebel. Pepe Boada histórico de ‘El Víbora’, que participó en la anterior película, falleció hace unos meses, y en esta ocasión hemos contado también con el refuerzo del iruindarra Exprai».

La animación cuenta con dos centros de operación; uno en Donostia, en el estudio Lotura Films –mítico estudio creado por el pionero Juanba Berasategi– y otro en Rosario, Argentina, en el estudio de Draftoon, estudio que ya participó en la anterior película y que ahora es coproductor junto con Lagarto Films de Buenos Aires. Imanol Zinkunegi es el director de animación, Beñat Beitia repite en el arte junto a Mariona Omedes y Karin de Kroo del estudio Nueveojos de Barcelona, también presentes en la anterior película.

En color topamos con Aida Valero, también participante en la anterior película y para finalizar este repaso, Muguruza añade los nombres de Iñaki Holgado en los decorados y en los diseños de props repite Mikel Antero. El storyboard lleva la firma de Kepa de Orbe.

La supervisora de pipeline es Cristina Vaz-Romero, y Dani Azpitarte, también participantes en la anterior cinta. «Finalmente, en la edición y composición digital se encuentran Compo en colaboración junto a Joseba Ponce, al cual conozco desde tiempo atrás, de sus días como bajista de la banda Dut. Me hizo mucha gracia cuando Joseba me dijo, ‘¡Quién nos lo iba a decir que con los años, tú y yo acabaríamos haciendo películas de dibujos animados!’».

Siguiendo la estela coherente y aventurera de quienes consideran que, al igual que imaginó Robert Louis Stenvenson –la isla que tenía un tesoro oculto no es el sentido último de la historia, sino que lo más importante es el viaje en sí mismo–, Fermín Muguruza vuelve a rendir tributo a un personaje icónico del cómic y la cultura popular, Corto Maltés. Según recordó el director «cuando terminé la historia de ‘Black is Beltza II: Ainhoa’, se la envié a la hija de Hugo Pratt, el creador de ‘Corto Maltés’, a la que me unía una gran amistad a resultas de la primera película. Cuando Silvina Pratt me dijo que Ainhoa era hija de Corto Maltés, es lo más hermoso que se puede decir sobre ella».

Darko Peric e Itziar Ituño junto al músico y cineasta irundarra con el que han colaborado poniendo voz a los personajes.

Susanna Martín, «Black is Beltza II: Ainhoa» en clave de viñetas insurgentes

En la línea del frente de este proyecto transmedia también adquiere especial importancia la publicación de su correspondiente cómic. Si en el primero topamos con la firma de Dr. Alderete, en esta oportunidad asomará la firma de la prestigiosa artista Susanna Martín. Nacida en Barcelona en 1976, esta multigalardonada ilustradora y diseñadora gráfica cuenta con una obra plenamente enraizada en la realidad y la reivindicación social e histórica.

Entre sus obras figuran cómics como ‘Sonrisas de Bombay’ (2012), ‘Alicia en un mundo real’ (2010), ‘Gaza Amal: Historietas de mujeres valientes en la Franja de Gaza’ (2016) y es coautora junto a Isabel Franc de ‘¡No somos hermanas!’ (2010-2011), Flàvia Company ‘Aliciadas’ (2010-2011) y María Castrejón ‘Annemarie’ (2019).

En plena vorágine creativa, la dibujante explicó a 7K que su presencia en este proyecto vino por mediación del editor de Astiberri, Fernando Tarancón. Según Martín, «Fermin estaba buscando dibujantes para llevar a cabo este proyecto y Fernando le aportó varios nombres. No sé en que puesto estaba yo, pero Fermin me llamó para ver si estaba interesada en ser partícipe del cómic y yo le respondí que sí».

El aspecto gráfico varía en cada etapa de ‘Black is Beltza’ y esto, en opinión de la artista, «es algo que me atrae mucho. Resulta muy enriquecedor que una obra varíe su apariencia y se amolde a los estilos diferentes que aportan los artistas».

Otro elemento a tener en cuenta en un proyecto de estas características es el apartado de la documentación. Para la autora «es uno de los elementos que más me interesa. Por fortuna yo he sido la última en embarcarme en esta aventura y ello me ha permitido tener a mano muchísima documentación. Fermín lo reconoce, es un loco de la documentación y tiene infinidad de carpetas relativas a la información que requirió cada escena de la película. Yo también soy bastante friki, en ese sentido. Me gusta tener mucha base informativa porque me ayuda a dotar de sentido y coherencia lo que quiero traducir en viñetas».

Finalmente, y en lo relativo a los episodios que más le están llamando la atención, destacó que «yo soy catalana, llevo viviendo en Euskal Herria siete años y para mí es algo novedoso topar con un escenario que me era desconocido. Bilbo sin el Guggenheim, una Euskal Herria sacudida por la heroína, las presencia de ETA... son elementos que me ayudan a comprender algo que desconocía y eso, a título personal, me resulta muy enriquecedor. Bucear en los 80 está resultando un viaje muy apasionante».