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El Skyvan PA-51 de los vuelos de la muerte regresará a Argentina

El Skyvan PA-51 que los militares argentinos utilizaron para arrojar al mar en diciembre de 1977 a tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, dos monjas francesas y siete activistas será repatriado. Fue hallado en 2010 en EEUU por la superviviente Miriam Lewin y el fotógrafo Giancarlo Ceraudo.

Imagen cedida por el fotógrafo italiano Giancarlo Ceraudo del Skyvan PA-51 que junto a Miriam Lewin encontró en 2010 en Fort Lauderdale (Florida). Este aparato fue utilizado en los vuelos de la muerte. (Giancarlo CERAUDO)

En diciembre de 1977, el mar devolvió a la playa de Santa Teresita catorce cuerpos que fueron apresuradamente enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle, pese a que existían serios indicios de que podrían corresponder a detenidos-desaparecidos.

En 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó a cinco de ellos. Se trataba de las madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, la monja francesa Léonie Duquet y la activista Angela Auad. Todas ellas fueron secuestradas entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 en Buenos Aires por el grupo de tareas 3.3.2 de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA).

En el mismo operativo, comandado por el marino Alfredo Astiz, quien se había infiltrado en el grupo haciéndose pasar por hermano de un desaparecido, fueron secuestrados la también religiosa francesa Alice Domon y los militantes de derechos humanos Gabriel Horane, Raquel Bulit, Patricia Oviedo, Remo Carlos Berardo, Horacio Elbert y José Fondevila. Todos ellos se reunían habitualmente en la iglesia de la Santa Cruz y en el momento de su detención estaban tratando de recaudar fondos para publicar el día 10 en el diario “La Nación” una solicitud con el lema «Por una Navidad en paz. Solo pedimos la verdad».

El EAAF determinó que las fracturas que presentaban los cuerpos eran compatibles con una caída desde gran altura.

A 46 años del operativo de la Santa Cruz, el siniestro Skyvan PA-51 que los militares emplearon para arrojar a estas personas vivas al mar regresará en breve a Argentina. Su localización en 2010 en Fort Lauderdale (Florida, Estados Unidos) fue fruto de la investigación que realizaron la periodista y superviviente de la ESMA Miriam Lewin, autora entre otros del libro “Skyvan. Aviones, pilotos y archivos secretos”, y el fotógrafo italiano Giancarlo Ceraudo, cuya exposición “Destino Final”, que da título a un libro de fotografías con familiares y supervivientes, entre las que se incluyen las del avión Skyvan que acompañan este reportaje, será exhibida en mayo en Buenos Aires. NAIZ ha conversado con ambos sobre el alcance de este hallazgo.

Vuelos de la muerte

«Es uno de los episodios más tenebrosos de la historia argentina. Quisieron hacer desaparecer hasta los cuerpos de las personas secuestradas. El hecho de pensar que algunas de las personas que conocí y quise fueron pasajeras de esos vuelos de la muerte aumenta el sentimiento de conmoción. Por otro lado, haberme embarcado en una investigación periodística que contribuyó a que se identificara a los pilotos de al menos uno de los vuelos de la muerte y que fueran condenados me genera satisfacción», señala Lewin.

Durante su detención no coincidió en la ESMA con el grupo secuestrado en la iglesia de la Santa Cruz y en días posteriores. «A mí me llevaron desde otro centro clandestino de detención después de que se los habían llevado. Pero muchos sobrevivientes que conocí en la ESMA sí interactuaron con ellos y vieron a las monjas francesas torturadas. Ante la presión de Francia y en una maniobra de desinformación, les hicieron posar con una bandera de Montoneros atrás y un diario del 14 de diciembre de 1977 para hacer creer que habían sido secuestradas por la guerrilla. Afortunadamente eso no cuajó en la prensa francesa, pero no pudo evitar que fueran eliminadas», subraya.

«El grupo de la Santa Cruz fue sacado de la ESMA, adormecido con Pentotal y subido al Skyvan. Gracias a un fenómeno meteorológico conocido como sudestada, algunos de los cuerpos llegaron a los pocos días a las costas de Santa Teresita, a unos 200 kilómetros al sur de Buenos Aires», recuerda Lewin.

La información de las planillas que encontraron en el interior del Skyvan PA-51 en 2010 permitió identificar «qué vuelo había sido irregular e ilógico desde el punto de vista aeronáutico. Había uno que tenía el mismo origen y destino, voló hasta el límite de autonomía de vuelo en plena noche y lo hizo un miércoles, el día en que se hacían los traslados en la ESMA para eliminar prisioneros. Entrecruzando esa información y el hecho de que el día de publicación del periódico con el que les hicieron posar a las monjas francesas era un miércoles, llegamos a la conclusión de que en ese vuelo habían ido las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, las religiosas y el resto de activistas que cooperaban con ellas», prosigue Lewin.

Estando detenidos-desaparecidos no eran conscientes de lo que significaba el término «traslado». «Era un eufemismo. Los oficiales de la ESMA nos decían que las personas trasladadas iban a una finca en el sur del país, que iban a tener mejores condiciones de detención… Con tal de salir del infierno en el que estábamos alguno incluso levantaba la mano pidiendo ir, sin imaginar que el destino que les esperaba era el fondo del mar. Los llevaban en fila con los ojos tapados al sótano, donde eran inyectados, después los subían casi adormecidos a un camión y de ahí al aeroparque. Mucha veces veíamos la ropa de las personas que habían sido trasladadas. Nos decían que les habían dado calzado y ropa adecuada para el clima frío adonde iban y que por eso habían dejado la suya. Pensamos que no podía ser cierto aquello que nos contó un prisionero que había sido llevado por error y había sobrevivido a un vuelo de la muerte. Tendíamos a negarlo», rememora.

Encuentro con ceraudo

Lewin conoció a Ceraudo en agosto de 2007, cuando la fotografió en calidad de superviviente de la dictadura. En aquella primera conversación le preguntó si en alguna ocasión se había cuestionado qué había pasado con los aviones que se utilizaron para los vuelos de la muerte y si habían tratado de localizarlos. «Recibí esa pregunta como una impertinencia. Le dije que aquello no servía para nada, a lo que me replicó que podía servir para identificar a los pilotos. Pensé que aquello era un delirio y a día de hoy todavía me preguntó por qué decidí acompañarlo en esa investigación. Pero de alguna manera me convenció. Me mostró el libro de Scilingo, “Por siempre, nunca más”. De ahí surge la primera información que nos conduce a identificar los dos modelos de aviones que se usaron la Prefectura y la Armada, el Skyvan y el Electra».

La Prefectura tuvo 5 modelos de Skyvan. Dos de ellos fueron destruidos en la guerra de las Malvinas. Los otros tres fueron vendidos en 1994 a CAE Aviation Srl. Y la Armada tuvo dos cuatrimotores Electra.

«Te confieso que me costó subir al Electra. Lo hice acompañada. Nunca me hubiera atrevido a hacerlo sola. Al acercarme al portalón, me sentí como congelada pensando que yo misma pude haber sido arrojada desde ese portalón lateral». Actualmente este aparato está a las afueras de Buenos Aires, en manos de una empresa de compraventa. «Su propietario lo quiso convertir en una confitería en altura», explica Lewin.

«El ataúd volante»

Al Skyvan PA-51 no pudo entrar. «Solo pude observarlo. Su apariencia es particularmente amenazante y tenebrosa, por eso le dicen ‘el ataúd volante’».

Así recuerda Giancarlo Ceraudo, de larga vinculación con Argentina y las víctimas de la dictadura, el momento en que entró en él: «Es un aparato tétrico. Fue muy fuerte. Cada vez que visiono el vídeo que grabamos, me emociono. Hace poco nos entrevistaron a Miriam y a mí sobre lo que significa para nosotros. Hasta ese momento para mí los aviones simbolizaban felicidad, viaje, libertad. Lo viví casi como una traición. Fue el primer avión que me dio verdaderamente asco».

Ceraudo fotografío una placa colocada en la puerta del Skyvan en la que se advierte que «solo puede ser activada con autorización del piloto». «Te das cuenta de que todos los que estaban en el avión estaban involucrados. No había separación entre quien pilotaba y estaba atrás. Es como estar en un coche; el conductor ve lo que está pasando atrás», remarca.

Sobre lo que ha supuesto para él esta investigación conjunta de años con Lewin, remarca que «es el trabajo menos profesional que he hecho, porque acabó convirtiéndose en una parte de mi vida. Miriam ha sido para mí un regalo, no en términos profesionales, sino de vida. Es una mujer de una fortaleza enorme. Yo la traté siempre como una amiga, no como una sobreviviente».

Considera que haber llegado hasta este avión ha sido en gran medida parte del destino que «primero quiso devolver los cuerpos a la costa y que estos fueran encontrados e identificados casi dos décadas después, que en su interior siguieran estando las planillas de vuelo y que en ellas apareciera la fecha del 14 de diciembre de 1977... Toda la documentación fue entregada a la justicia».

Condenas a los pilotos

En noviembre de 2017, el Tribunal Oral Federal 5 (TOF) condenó por los vuelos de la muerte a cadena perpetua a los pilotos Alejandro D’Agostino y Mario Daniel Arrú. Un tercer procesado, Enrique José De Saint Georges, murió en la recta final del juicio. Se da la circunstancia de que Arrú y De Saint Georges estuvieron en activo en Aerolíneas Argentina hasta el año 2011. Pilotaban a Roma, Madrid, Miami...

El hallazgo del Skyvan, añade Lewin, «echa por tierra todos los discursos negacionistas que pretenden relativizar la dictadura. Desde ahí arrojaron a mujeres, a madres cuyo único delito era querer saber dónde estaban sus hijos… ¿Qué amenaza podían constituir?».

Tanto para ella como para Ceraudo la repatriación del Skyvan PA-51 a Argentina es una vía de reparación. «Esto no va a devolverles la vida a quienes fueron eliminados en el avión, pero a lo mejor puede ser un lugar adonde ir a dejarles una flor y recordarlos», afirma Lewin.

«Cuando me dijeron que iba ser repatriado de Ford Lauderdale a Argentina no me lo podía creer. Me conmovió mucho la noticia. Es una reparación. Es un objeto que puede devolver una memoria real en el sentido de que la memoria está en nuestra mente. Como los centros clandestinos, los objetos convierten la memoria en algo concreto», enfatiza Ceraudo.