Seis horas de tortura de Ian Nepomniachtchi no doblegan la resistencia de Ding Liren
El ajedrecista ruso ha sometido a una presión constante al chino en la novena partida del Mundial de Astaná, pero el jugador de Wenzhou ha aguantado con firmeza los más de 80 movimientos de la partida. Así, con un marcador de 5 a 4 para Nepo, los dos contendientes descansan hasta el domingo.
Si la expresión que reza «más moral que el Alcoyano» recibe una revisión en algún momento, Ding Liren puede ser uno de los candidatos a sustituir al antiguo equipo de fútbol levantino. Seis horas, seis, y más de 80 movimientos ha tenido que soportar con las piezas negras el ajedrecista chino ante un obstinado Ian Nepomniachtchi para arrancar por primera vez en más de una semana unas tablas con las piezas negras. El Mundial de Astaná ha vivido una partida que, en una situación normal cabría definir como «convencional», pero que en este campeonato adquiere tintes de épica. Épico o granítico, pero lo cierto es que tras la novena partida, el marcador favorece a Ian Nepomniachtchi por 5-4 y ahora ambos contendientes descansarán este sábado para afrontar ya el último tercio de campeonato, con Ding Liren llevando la iniciativa de las blancas.
Esta vez la «Apertura Española» dibujada por el ajedrecista de Briansk ha encontrado una variante sólida por parte de Ding Liren, luego de que el jueves dejara escapar dos –y hasta tres, según los módulos– oportunidades de derrotar a Nepomniachtchi. A sabiendas de que ponerse con dos puntos de desventaja a estas alturas respecto del ajedrecista de Briansk hubiera sido firmar su acta de defunción, el jugador chino ha decidido sacar su faz con más sangre fría y reactiva, soportando una tortura, porque el acoso sobre el tablero que ha recibido por parte de Nepomniachtchi no tiene otro nombre, que se ha alargado más que nunca en este Mundial.
Reza la teoría que cuantas más piezas –caballos, alfiles, torres y dama– se cambien, el bando que defiende más posibilidades tiene para arrancar las tablas. Así ha sido en última instancia, pero el final de partida, luego de haber salvado los 40 primeros movimientos –cabe recordar que este Mundial prohibe, por normativa, a los participantes acordar unas tablas antes de la jugada 40–, con una posición de torre, caballo y dos peones para el bando de las negras y tres para las blancas, con los peones más aislados por parte de las negras y agrupados en el flanco de rey por parte de las blancas, ha tenido un peligro latente más que evidente para el ajedrecista chino.
Diferente talante
Si ya se comentaba en la víspera que hay mucha diferencia entre analizar una posición con la ayuda de los módulos de silicio y a golpe de vista y evaluación propia, en este caso cabe asumir que Nepomniachtchi ha empujado todo lo posible al precipicio a Ding Liren, pero este ha aguantado firme como una roca, pese a cometer varias imprecisiones en el medio juego; no así en el final, donde la precisión y la paciencia dignas de la filosofía oriental son esenciales. Ahí Ding Liren ha demostrado que se ha recuperado bien del doloroso empate del juego, por no hablar de su última derrota en la séptima partida. Ha conseguido cambiar torres y después un cambio masivo de peones, de forma que ha logrado forzar las tablas tras 81 movimientos y seis horas de suplicio que, aparentemente, ha soportado con entereza.
En cambio, a partir del momento de la firma de las tablas, los suspiros y los gestos de cansancio de Nepomniachtchi han sido bien notorios, molesto consigo mismo por no haber sabido rematar una partida que, en honor a la verdad –siempre según los módulos artificiales–, nunca ha tenido decantado del todo a su favor, y en el que su estrategia de presionar y generar ventajas mayores de situaciones de empate técnico, al más puro estilo Magnus Carlsen, se ha quedado a mitad de camino.
«Debería haber creado más problemas en el final, pero no fue tan fácil mover mis peones hacia adelante», ha admitido el ajedrecista de Briansk en la rueda de prensa inmediatamente posterior a la partida. En cambio, un Ding Liren siempre muy noble y honesto ha admitido que «pensaba que iban a ser unas tablas fáciles, pero luego me di cuenta de que no era tan simple. Fácilmente podría obtener una posición perdida».
Restan cinco partidas –como mucho, ya que se habrá acabado en cuanto cualquiera de los dos contendientes llegue a los 7,5 puntos– para dar carpetazo al Mundial de Astaná, tres de ellas con Ding Liren manejando las blancas y, visto lo visto, el 5-4 a favor de Nepomniachtchi para nada parece definitivo.