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Ann Meyers, la mujer que rozó la NBA

En 1979 esta jugadora tuvo la oportunidad de participar en una prueba con los Indiana Pacers. Acabó descartada, pero con un contrato de 50.000 dólares. Una historia que merece la pena recordar antes del pulso Ionescu-Curry en los All Star de este fin de semana.

Ann Meyers hizo carrera luego como analista y comentarista. (Wikimedia Commons)

Llega un fin de semana histórico para la NBA, con el All Star Game de Indianápolis que propone por primera vez un concurso «entre sexos»: el de triples entre Stephen Curry y Sabrina Ionescu. Mujeres y hombres nunca han cruzado sus caminos en la mayor liga de baloncesto del mundo. Y eso que hubo dos casos de chicas elegidas en un draft NBA, Denise Long (1969) y Lusia Harris (1977), aunque no llegaron nunca realmente a rozar las canchas de los profesionales. Sí lo estuvo, en 1979, Ann Meyers, un nombre que sigue haciendo historia.

Meyers era una fuera de serie, criada en una familia donde el baloncesto estaba muy metido en casa. Su hermano mayor Dave había sido elegido por los Angeles Lakers en el draft de 1975 y canjeado enseguida con los Milwaukee Bucks en uno de los mejores negocios en la historia del los amarillo-morados, puesto que a cambio recibieron ni más ni menos que a Kareem Abdul-Jabbar.

Los Meyers eran californianos y la mejor universidad en la zona de Los Angeles, al menos la más prestigiosa, era la UCLA: tanto el equipo masculino como el femenino estaban siempre entre los favoritos en los torneos NCAA.

Una universidad privada y cara, que sin embargo ofreció a Ann una subvención para jugar allí cuatro temporadas. Se convirtió con ello en la primera chica en la historia en recibir tal ayuda económica, normalmente reservada para los hombres.

Meyers era una especie de LeBron Jaime 30 años antes, que durante un partido consiguió un cuádruple doble inverosímil todavía hoy

 

Pero, de hecho, ¿quién había visto antes una chica que formalmente era una base pero al mismo tiempo capaz de actuar en cada una de las cinco posiciones de la cancha? Una especie de LeBron James 30 años antes, que durante un partido consiguió anotar un cuádruple-doble, algo prácticamente imposible hasta para los hombres a día de hoy: 20 puntos, 14 rebotes, 10 asistencias y 10 robos.

De 1975 a 1979 Meyers fue simplemente la mejor jugadora de baloncesto del mundo, ganadora de una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 y campeona del mundo con Estados Unidos en 1979. En UCLA no era solamente la estrella del equipo femenino, triunfador en 1978, sino que también se entrenaba con el masculino.

 

Cuando se estrenaría la primera liga supuestamente profesional de basket femenino, la WBL, Ann sería por supuesto la primera en ser elegida en el draft por las Houston Angels, en 1978. Mientras tanto, como pasatiempo, practicaba otra docena de deportes, entre ellos hockey pista, voleibol y atletismo.

Sin embargo la WBL no acabó de arrancar, Meyers se sintió de repente perdida y entonces apareció un inesperado plan B: la NBA, la liga de los hombres.

«Mejor que muchos hombres»

Saltemos ahora a otro personaje. Sam Nassi era el rey de la venta al detalle, compraba empresas por poco dinero cuando estaban al borde de la quiebra y las acababa vendiendo por mucho más. Nacido en una familia de migrantes italianos que tenía un restaurante en Brooklyn, este hombre se había mudado a Los Angeles, donde entre otros se había hecho amigo de Frank Sinatra y sobre todo de Jerry Buss, propietario de los Lakers. Nassi le había hasta prestado un poco de dinero para ayudarle a comprar la franquicia, al fin y acabo su imperio acumulaba ya más o menos 80.000 millones de dólares.

Aficionado al baloncesto e integrado al 100% en la comunidad californiana, Sam se había fijado enseguida en los números de Ann Meyers, hasta el punto de llamarla un día para proponerle algo aparentemente absurdo: tres días de prueba en el equipo de baloncesto NBA del cual era propietario, los Indiana Pacers.

Ann creyó inicialmente que se trataba de una broma, pero la propuesta era real y el 5 de setiembre de 1979 se presentó en la Hinkle Fieldhouse, cancha de la universidad de Butler, en Indianápolis. Aquella cancha sería mitificada por la peli ‘Hoosiers’, con Gene Hackman, en 1986.

Junto a ella, por supuesto, solo hombres. Meyers tenía entonces 24 años pero al mismo tiempo una gran experiencia baloncestística, desde la infancia. Su familia no estaba para nada de acuerdo con el tema, pero el sueño de Ann era enorme. Y las expectativas, también.

Muchos en realidad creían que Nassi solo estaba buscando publicidad. Hay que recordar que en 1979 la NBA no era la máquina de dinero de hoy, los partidos se daban en diferido por la noche y no había mucho hype o personajes llamativos. El despegue ocurriría justo a partir de aquella temporada, con la entrada en la liga de Magic Johnson y Larry Bird, que enchufaría de nuevo la vieja rivalidad entre Los Angeles Lakers y Boston Celtics. Los anteriores tres campeones, merece la pena recordarlo, habían sido los Seattle Supersonics de Jack Sikma, los Washington Bullets de Wes Unseld y los Portland Trail Blazers de Bill Walton.

¿Qué tal fue aquella prueba? Ann superó el primer día, superó el segundo día, mientras otros hombres aspirantes se iban cayendo de la puja. A menudo tuvo que encarar a gente más grande y que pesaba mucho más que ella, una base de 1,75 metros y 61 kilos, y no le pasó nada grave en los uno contra uno. Su aventura terminó, desafortunadamente, el tercer día.

El entrenador de los Indiana Pacers, uno de los peores equipos de la conferencia del Este, era Bobby ‘Slick’ Leonard, que a pesar de haber cortado a Meyers de la plantilla afirmaría rotundamente: «Ann es mejor que muchísimos hombres».

Para Bill Russell, el entrenador más laureado de la NBA, «Ann está entre los mejores de la historia, y no digo hombres o mujeres, digo en general»

 

Fue un mazazo para ella, que sin embargo recibió otro tipo de oferta de los Pacers: un contrato de 50.000 dólares por tres temporadas. Entraría en el equipo de los analistas de Indiana y más tarde en el grupo de comentaristas de la NBA, llegando a ser la presidenta de los Phoenix Mercury en la actual WNBA, la gran competición femenina. Y volvió a jugar con las mujeres en la WBL, con las New Jersey Gems.

«Ann está entre los mejores de la historia: y no digo hombres o mujeres, digo en general». Son palabras de Bill Russell, el hombre que ha ganado más titulos NBA, 11. Un ejemplo también para Sabrina Ionescu, que este sábado se enfrentará a Stephen Curry en un concurso de triples que crea mucha expectación.