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Elkarrizketa
Carlos Fonseca
Periodista y escritor, autor de ‘23F: La farsa’

«Nunca hubo voluntad de buscar la verdad del 23F, solo juzgar a los protagonistas televisivos»

El escritor Carlos Fonseca desvela en ‘23F: la farsa’ detalles del sumario de la investigación que enseñan cómo hubo «indicios sin indagar»: el rol del rey emérito y el silencio de Felipe González, Guerra y Carrillo sobre lo ocurrido a solas con los golpistas.

Carlos Fonseca. (NAIZ)

No es un libro sino más bien una autopsia sobre una investigación policial y judicial gracias al hecho inédito de tener acceso, con el aval de un fallo del Supremo, al sumario de la causa que acabó con los golpistas sentenciados. El periodista y escritor Carlos Fonseca une minuciosamente los elementos en ‘23F: la farsa’ (Ed Plaza Janés, 2024).

En entrevista con NAIZ, días después de presentar su libro en la sala Campoamor del Congreso de los Diputados, acompañado por la portavoz Mertxe Aizpurua (EH Bildu) y otros diputados soberanistas, Fonseca disecciona aquellas horas aciagas del intento de golpe de Tejero y Milans y también aspectos poco conocidos, como el rol de empresarios y periodistas en el clima golpista y el inexplicable silencio de Felipe González, Alfonso Guerra y Santiago Carrillo sobre lo ocurrido en habitaciones a solas con los militares.

¿El 23F es nuestro 18 de Brumario?

Sí, lo colocamos en la contraportada del libro y yo creo que sí. Tiene una cierta similitud, aunque sea un guiño literario, lo del intento de poner fin al proceso de transición democrática. En el caso del 18 de Brumario, fue Napoleón el que dio el golpe de Estado y dio por terminada la Revolución francesa, por buscarle un símil histórico.

«El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos», es la frase de Gramsci que utiliza al comienzo. ¿Nuestro claroscuro es la transición, los Borbones o quiénes?

Bueno, no estaba pensando realmente en los Borbones. Me refiero a ese periodo que va entre el mundo que se muere, la dictadura, y el nuevo que tarda en aparecer, que era la democracia. En ese claroscuro que es la transición es cuando surgen los monstruos, en este caso en forma de golpe de Estado. Habíamos tenido la Operación Galaxia unos años antes y luego el «golpe de los coroneles» en octubre, que fue sofocado y que estaba previsto para la jornada de reflexión.

Usted ha conseguido tener acceso a sumarios instruidos por el Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM) y el Tribunal Supremo (TS), que en 2019 autorizó por primera vez su consulta sin restricciones pese a no haber transcurrido los plazos legales. ¿Cómo pudo?

Lo había intentado por otras vías, echando mano de políticos en el Gobierno con los que tenía una buena relación, no solamente para el sumario, que es una parte mínima de lo que tiene que haber sobre el golpe. Ninguna de todas las puertas que toqué se abrió, y entonces decidí presentar una solicitud al Supremo. No se había cumplido el plazo de la ley de patrimonio histórico, que establece 25 años si la fecha de la muerte del aludido es conocida. En un sumario, más en este, aparecen cientos de personas, así que esa vía es absurda.

Me encontré con la sorpresa de una resolución que decía que, a pesar de no disponer de la autorización, consideraban que era un hecho de interés histórico y me autorizaban la consulta sin restricciones. Fui el primer sorprendido, era una condición indispensable para plantearme escribir este libro. También tuve lo de [Alberto] Oliart [el archivo personal del exministro de Defensa] y las actas del PSOE, que son actas que están en la Fundación Pablo Iglesias y son públicas y estaban digitalizadas.

Usted dice que el sumario está lleno de agujeros, ¿por qué?

Me refiero a que, tengo la sensación, es un sumario muy apresurado en el que interpreto que nunca hubo voluntad de buscar toda la verdad, que al final se conformó para juzgar a los protagonistas televisivos del proceso, como Tejero que entró pistola en mano, el capitán general de Valencia que saca los tanques a la calle…  Pero al ir raspando el sumario, me dí cuenta de que hay pistas que se abandonan, hay indicios o informaciones que habrían dado para indagar más. Al sumario le faltan patas, no porque se las hayan sacado, sino sencillamente porque se ha marcado una línea recta de investigación y no se ha salido de ahí. Hay una parte muy limitada de los que intervinieron, 33 personas, juzgadas y condenadas, pero nada más.

«Hay pistas que se abandonan, indicios que daban para indagar más. Se marca una línea recta de investigación y no se sale de ahí»

 

Y no solamente indicios… Hay cosas, como, por ejemplo, lo de Valencia. Allí, la ciudad termina estando en manos del capitán general. La instrucción recoge el testimonio de 12 generales que obedecieron sin un ápice de duda las órdenes de Milans, pese a que sabían que se iba a poner en marcha el golpe a partir de que la Guardia Civil asaltara y tomara el Congreso. A pesar de eso, ninguna de estas personas fue siquiera imputada.

¿Y por qué?

Quisiera yo saber eso... Primero, lo dice el propio juez instructor en el resumen que hace: «La justicia militar debe ser ejemplarizante y debe actuar con premura», y la instrucción se prolonga solo por cuatro meses. Hay una situación de inestabilidad política muy grande, había miedo de que hubiese un segundo golpe, una nueva intentona. La interpretación que yo hago es que se quiso juzgar y condenar a las personas más representativas, más visibles del golpe, en el convencimiento o con el deseo de que eso pudiera disuadir a otros de llevar a cabo un nuevo golpe de Estado.

Tejero, en el Congreso el 23 de febrero de 1981. (Europa Press)

Creo que fue un poco porque la situación política hacía dudar al Gobierno y necesitaba responder con inmediatez y hacía falta una instrucción muy rápida. No podemos olvidar que era el año 1981 y todos, militares que habían participado en la guerra civil del lado de Franco, defensores de su memoria. Algunos hasta habían coincidido en la División Azul. El Ejército en esa época era lo que era. Recordemos que la primera sentencia, ojo, es de un tribunal militar y es tremendamente benévola. Hay solo dos penas de 30 años a las personas que protagonizaron acontecimientos televisivos. Se buscaron condenas cortas que no fueran mas allá.

¿Quedan entonces responsables impunes?

Desde el año 2011, no es exigible ninguna responsabilidad penal por el 23F. Aunque ahora apareciera alguien diciendo «yo era el elefante blanco» o «yo participé», no podría ser juzgado. Sobre lo que no sabemos, creo que hay una mayor implicación en el estamento militar y creo que existió una trama civil y de esa trama, el único condenado fue García Carrés.

«Existió una trama civil y de esa solo hay un condenado. Empresarios, periodistas... de alguna manera empujaron en esa dirección»

 

Y luego, no sé si habría derivado en responsabilidades penales, pero hubo empresarios, periodistas... que de alguna manera empujaron en la dirección de lo que se llamó entonces un golpe de timón para modificar al rumbo de la democracia, porque les parecía que las reformas de Suárez iban mas lejos de lo permisible. El ejemplo más significativo era la configuración de un Estado autonómico, que para algunos significaba poco menos que romper la unidad de la patria.

¿Cómo es eso de empresarios y periodistas involucrados?

No voy a señalar a nadie en concreto, porque lo que he indagado es en el sumario, no quiero lanzar hipótesis sobre lo que no tengo pruebas... pero Luis María Ansón, que era presidente de la agencia EFE, montaba reuniones en el comedor de la agencia en las que se hablaba abiertamente de que el rumbo del gobierno no era el adecuado, que había que acabar con Suárez. Y de esas reuniones también participaban empresarios. Y en el gobierno que propone Armada, casualidades o no, aparecía Ansón como ministro en la famosa lista que Armada siempre negó haber llevado.

¿Significa que estaban implicados en el golpe del 23F?

No, pero como parte de esa placenta que alentó, apoyó, pues ahí estuvieron muchos. Había unos medios donde se escribían columnas y consignas abiertamente golpistas y en esos medios escribían también militares. Estaba el Colectivo Almendros, que en columnas anunciaba lo que pasaría. Del golpe nos hemos quedado con la parte televisiva, porque tiene mucho impacto, la ráfaga de metralleta no se ve todos los días, o ves los tanques desfilar por Valencia, pero nos hemos quedado más con eso que con la trama civil. Lo televisivo es lo que no se podía perdonar.

Los golpistas se llevaron a algunos políticos a habitaciones a hablar a solas, entre ellos Suárez, Felipe González y Carrillo. ¿Qué se supo de eso?

Sí, también al que era ministro de Defensa, Rodríguez Sahagún, y estuvieron custodiados en habitaciones aparte. Creo que se trató de tenerlos aislados con sensación de miedo e inseguridad. No consta nada en el sumario de si les querían pedir colaboración o algo. Ninguno de ellos declaró ante el juez, que pidió a la presidencia del Congreso que hiciera llegar a todos los diputados la solicitud de que depusieran por escrito lo que consideraban que habían vivido. Ninguna de estas personas respondió.

¿Felipe González y Guerra son los únicos diputados socialistas que no hablaron sobre lo que vivieron aquel día 23? ¿Por qué el silencio?

No, hubo más. Cuando se le pide a la gente que declare, era por escrito. Escribían una declaración y lo remitían al juez. De los 350 diputados, contestó una mínima parte, y una cuarentena de ellos, los del PSOE, dijeron que estaban de acuerdo con el informe elaborado por los secretarios de la Mesa. Otros diputados, no muchos, tuvieron una actitud comprensiva con los golpistas, hasta el extremo de decir que aquellos hombres parecía mas dispuestos a morir que a matar.

Pero te vas a llevar una sorpresa... porque dentro de la derecha, un exmnistro de Suárez, de Coalición Democrática (la alianza popular de Fraga), José María de Areilza, que había sido procurador de las Cortes franquistas y ministro de Exteriores en el gobierno de la monarquía, califica a los asaltantes de banda terrorista.

Y sí, es llamativo que no hablen González, Guerra y Carrillo, no sé por qué. Al menos podrían haber respondido que estaban de acuerdo con el relato de los secretarios de la Mesa. Ni por pura cortesía respondieron. Estuvieron en una habitación aparte, habría sido interesante saber qué pasó. Tampoco vi nada de esto en las actas del PSOE.

Hay teorías que dicen que Juan Carlos de Borbón habría sido parte instigadora para reforzar la monarquía. Hay informes de la CIA develados recientemente que dicen que él hablaba con los militares de contener la descentralización autonómica, de hecho. ¿Cuánto hay de esa posibilidad?

Lo que yo he buscado es no entrar en teorías conspirativas, ni avanzar hipótesis que no puedo probar. Todos los que hablan de que el rey estuvo detrás, que enseñen las pruebas. Lo que sí he leído son las conversaciones del rey con Armada, las cuenta Sabino Fernández Campo, exjefe de la Casa del Rey. Sabino dice que Armada le cuenta que está dispuesto a sacrificarse y ofrecerse como presidente de un gobierno de salvación nacional y que el rey le dice que haga lo que haga, sea a título personal, sin implicar en ello al rey. Sabino cuenta en sus declaraciones que el rey le pasa el teléfono tras hablar con Armada.

Para concluir, ¿qué es lo más surrealista o bizarro que ha recogido durante su investigación?

Hay muchas cosas bizarras. Declaraciones de los guardias que entraron al Congreso… si bien había muchos que no sabían adónde iban, había otros que no podían tener dudas de que estaban participando de un golpe de Estado. Resulta extravagante leer una declaración de un guardia civil decir que pensó que iban porque se estaban golpeando unos diputados y acudían a separarlos.

«No parece muy razonable que haya siete horas (de las 18.00 a la 1.00 del día siguiente) sin intervenciones telefónicas»

 

También hay más historias, como las intervenciones telefónicas. En el sumario, hay transcripciones de varios teléfonos de domicilios particulares únicamente desde la 1 de la madrugada del día 24. No parece muy razonable que haya siete horas (el asalto fue a las 18) en que la Policía no intervenga teléfono alguno.