Turcos y saudíes pugnan por el control de la economía siria
Tras el derrocamiento de la dinastía Al-Assad, las dos potencias de Oriente Medio, Turquía y Arabia Saudí, luchan en los despachos ante los mandatarios del nuevo régimen de Siria. El premio es el control de un país clave en la geoestrategia de la región.
Podría dividir por aquí el país», dice Arman Pashkinian ante un mapa sirio. «De Homs al norte se paga en liras turcas; al sur, en dólares. Aunque hay ‘islas’ en las que aún no ha llegado la nueva pugna tras la guerra. Es cuestión de tiempo que saudíes y turcos compren partidos políticos y creen escisiones internas».
Arman es un armenio que nació y se crió en Alepo. Durante cinco años vivió como refugiado en Turquía y aunque no tenía pasaporte, consiguió levantar un negocio de importación y exportación a Siria. Durante ese tiempo nunca pasó la frontera y pagaba a comisionistas del antiguo Gobierno que ahora han huido.
Ya instalado en Siria, tiene una plantilla de 28 trabajadores. «Yo ya no vendo mano a mano como antes. Solo negocio y para eso tienes que tener en el norte un amigo turco y en el sur alguien con el contacto de un saudí, que no se dejan ver tan fácilmente Al principio era todo un caos pero ahora está claro qué es lo que cada uno quiere», explica mientras ríe y fuma un puro cubano traído de estraperlo desde Irak.
Su viejo hangar casi derruido está repleto de camiones con lonas de empresas europeas de transporte. «Los traigo a buen precio de Turquía», añade.
Tan pronto los opositores armados llegaron a Alepo, Arman hizo una lectura rápida y certera de la situación. Vio entonces una oportunidad de negocio. Se alió con los turcos y siguió a los opositores del HTS a escasos kilómetros del frente. Vendía pintura verde. «En un país que resetea, los colores cambian. Ahora ya no vendo color rojo (como en la bandera antigua), vendo color verde de la nueva bandera y lo cobro en liras turcas. La moneda local fluctúa en precio a cada hora y no es estable para hacer negocios», afirma mientras señala el paso de Gaziantep en la frontera turco-siria en el mapa. Cuatro de sus camiones pasan la frontera al día repletos de pintura verde.
Tanto Arabia Saudí como Turquía ven un gran negocio y una oportunidad en el país levantino. Hasta diciembre, Siria dependía de Moscú e Irán para mantenerse a flote. Ahora, Riad y Ankara negocian en el Sheraton de Damasco con los nuevos gobernantes, como ha podido certificar GARA. El país no tiene recursos para la reconstrucción y dependerá de terceros. La ONU estima que se necesitarán más de 1,3 billones de dólares para hacerlo mínimamente habitable. Un suculento pastel al que los vecinos quieren hincar el diente.
Los turcos quieren una lira fuerte en Siria para mantener la dependencia siria. Todas las infraestructuras de telecomunicación ya dependen del país otomano. Las exportaciones han subido exponencialmente desde el derrocamiento de Al-Assad, de un 24% en diciembre a un 245% en marzo, según la agencia de noticias Anadolu.
Pero la guinda para Erdogan sería el gasoducto que conecte Qatar con Europa y pasaría por Siria y Turquía. El proyecto, parado desde hace años, perjudicaba a Rusia económica y geoestratégicamente. Ahora, Damasco lo ve con buenos ojos. Europa no dependería tanto de Moscú, pero quedaría en buena parte (sobre todo el sur de la Unión Europea) en manos de Ankara.
Riad ve un mercado para su crudo y ha empezado a exportar petróleo al país. Hasta ahora, el país dependía del contrabando libanés y turco. Según la FAO, el encarecimiento de la alimentación en Siria se debía en parte al impacto de los costes del transporte en los bolsillos de los ciudadanos. Con un salario de 58 dólares al cambio (para los afortunados) y con el precio del diésel a 1,27 dólares el litro, es como si en Euskal Herria pagáramos el litro de diésel a más de 48 euros.
Riad promete paliar esa situación con sus exportaciones, pero Ankara presiona para que ese crudo tenga un arancel. Todo vale en la guerra económica, una guerra en la que los sirios no cuentan.
Las dos potencias de Oriente Medio no solo tienen intereses monetarios. Ankara apoya a los Hermanos Musulmanes, «terroristas» para Riad. El único punto en el que confluyen es en la limitación de la influencia de Irán. Teherán controlaba las telecomunicaciones y los componentes del suministro de electricidad pasaban por la empresa estatal del país de los ayatollahs. Los dos nuevos pretendientes han intentado influir en los políticos que se reúnen en el lujoso hotel del centro de Damasco. Unos deben pleitesía a Turquía por haberlos acogido como refugiados; otros, venidos de EEUU y Europa, tienden más a dar la mano a los petrodólares.
En Siria, la agenda política se rige por los resultados de una hoja de Excel.