El Tour femenino, una historia de obstáculos y ejemplos heroícos
Más de un siglo antes de que existiera el Tour femenino, Marie Marvingt desafió las normas y recorrió los 4.488 km de la edición de 1908. Su hazaña abrió un camino lleno de obstáculos, pioneras y batallas que hoy siguen escribiendo la historia del ciclismo femenino.
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El Tour de Francia femenino o al menos, el ciclismo femenino alrededor del Tour de Francia, tiene mucha más historia de lo que se pueda creer, porque ya en su sexta edición aparece la primera mujer que quiso participar en la prueba. Aquella pionera fue la nadadora, alpinista y también ciclista Marie Marvingt, que, en 1908, decidió inscribirse en el Tour, pero fue rechazada por estar la participación restringida a los hombres. Ante la negativa de la organización, Marie pensó que no le podían prohibir circular por las mismas carreteras y decidió hacer el mismo trayecto poco después de que hubieran salido los participantes inscritos. Así recorrió los 4.488 kilómetros de las 14 etapas, hasta convertirse en la primera mujer en completar el recorrido del Tour.
La hazaña de Marvingt fue el resultado de una gran fuerza de voluntad individual; reflejo de la propia historia del ciclismo femenino, repleta de obstáculos, altibajos y algunos ejemplos heroicos. Pero un deporte necesita cierta infraestructura además de esfuerzos individuales y hubo que esperar hasta 1955 para ver la primera edición del Tour de Francia femenino, organizado sin el apoyo de Jacques Goddet y el diario L'Équipe y que salió adelante por empeño de Jean Leulliot, periodista y director de la París-Niza. Sin el respaldo institucional y financiero con el que contaba la prueba masculina, no se llegó a disputar más que un año y quedó para la historia como la primera edición del Tour femenino y la ciclista de la isla de Man, Millie Robinson, como la primera ganadora.
Hubo que esperar hasta el año 84 para ver una nueva edición del Tour femenino. Esta vez, sí, organizado por la Société du Tour de France. Aprovechando la logística de la prueba masculina, las mujeres disputaban los últimos 60-80 kilómetros de las etapas dos horas antes que ellos, hasta completar 18 etapas en sus ediciones más largas.
Fueron los años de Jeannie Longo y sus batallas con la italiana Maria Canins. Hasta que, a principios de los noventa, la escasa cobertura mediática y la dificultad para obtener beneficios económicos, llevaron al Tour a dejar de organizar la prueba e impedir que otros organizadores utilizaran su nombre.

Así, cuando Pierre Boué decidió retomar el proyecto en 1992, debió llamar a la prueba Tour Cycliste Féminin y pasaría a llamarse Grande Boucle Féminine Internationale a partir de 1998. Ahí seguía la eterna Jeannie Longo, peleando ahora con Leontien van Moorsel o la italiana Fabiana Luperini. También con la vasca Joane Somarriba, porque fue en esos años cuando la bizkaitarra logró sus tres triunfos en la Grande Boucle, igualando a Van Moorsel, Longo y Luperini como las ciclistas con más victorias. Por desgracia, las dificultades financieras y la falta de patrocinadores llevaron a la desaparición de la prueba en 2009.
Presión a ASO
Fue entonces cuando las propias ciclistas presionaron para que ASO volviera a poner en marcha el Tour femenino. El mismo año que dejó de celebrarse la Grande Boucle, la ciclista Kathryn Bertine les envió una propuesta para recuperar la prueba, pero no obtuvo respuesta. Lo volvió a intentar en 2012 y tampoco respondieron. En 2013 se unió a las campeonas olímpicas Emma Pooley, Chrissie Wellington y Marianne Vos, para iniciar una recogida de firmas a través de internet, reclamando a ASO que organizara una prueba femenina. La campaña alcanzó las 96.000 firmas y ASO decidió reunirse con Kathryn Bertine. Al año siguiente se puso en marcha La Course by Le Tour de France.
Fue una carrera de un solo día, en sus inicios, coincidiendo con el día que la prueba masculina terminaba en los Campos Elíseos de París. Pero estaba organizada por ASO y, justicia poética o no, la primera ganadora fue Marianne Vos, líder durante tres días en el Tour de este 2025 y una de las ciclistas que habían reunido las firmas para impulsar la carrera. «La mayor victoria de hoy es que el mundo está viendo ciclismo de mujeres», dijo ese día Vos.
Con todas las limitaciones de una prueba de un día, con una apuesta relativa por parte de ASO y una atención mediática todavía limitada, lo cierto es que, a lo largo de las ocho ediciones que conoció La Course, el crecimiento paralelo del ciclismo femenino fue notable. Hasta que, en 2022, ASO volvió a lanzar el Tour femenino. Con ocho etapas y final en La Planche des Belles Filles.

Desde entonces, la prueba ya ha dejado momentos para la historia. El año pasado, una caída de Vollering en la quinta etapa, la reacción del Canyon y del SD-Worx, unida a la ascensión final al Alpe d’Huez y esos 4 segundos que separaron en la general a Niewiadoma de Vollering, dieron tanto que hablar, que todavía cuando cayó Pogacar en el pasado Tour y el Visma decidió esperarle, fueron muchos los que recordaron aquellos momentos.
Este año será La Madeleine quien decida el Tour y habrá que ver si es Vollering, Ferrand Prevot o Niewiadoma quien continúa la historia que ya escribieron Vos, Somarriba, Longo o la pionera Marie Marvingt.