«‘Jone, batzuetan’ es una película muy personal, pero no es autobiográfica»
Nacida en Bilbo, en 1993, estudió cine en la ESCAC de Barcelona. Se graduó en 2018 con el cortometraje ‘No me despertéis’ que fue presentado en varios festivales y donde se halla, en cierto modo, el germen de ‘Jone, batzuetan’, su primer largometraje.
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En ‘Jone, batzuetan’, Sara Fantova narra el paso de la adolescencia a la edad adulta a través de una joven que, en mitad del frenesí que le procura la Semana Grande de Bilbo, ha de aceptar la enfermedad de su padre y mirar hacia un futuro que le exige asumir más responsabilidades de las que se siente preparada para aceptar.
¿Hasta qué punto la protagonista de ‘Jone, batzuetan’ puede ser asumida como una prolongación de aquella Jone que protagonizaba su cortometraje ‘No me despertéis’?
No diría que ‘Jone, batzuetan’ es una segunda parte de ‘No me despertéis’ porque, a pesar de que las protagonistas comparten algunos rasgos, hay otros personajes como el padre de Jone que en el corto tenía otro perfil. Aparte todo el conflicto político que se planteaba en ‘No me despertéis’ aquí desaparece.
Aquel corto estaba inspirado en una experiencia personal. No sé hasta qué punto este largo que ahora estrena contiene también trazas autobiográficas.
La película es personal, pero no autobiográfica. Tanto yo como mis dos guionistas hemos escrito ‘Jone, batzuetan’ desde un lugar muy íntimo y eso ya lo convierte en un film personal. A partir de ahí se trata de una película ambientada en Bilbao, en el barrio en el que he crecido y en las fiestas que he vivido. Hay, por lo tanto, muchas cosas ahí que siento que me pertenecen, pero luego todo está pasado por el filtro de la ficción.
Toda la película está sostenida sobre esa idea del último verano que sirve para evidenciar el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, ¿Cómo se planteó trabajar sobre este escenario trascendiendo los clichés que le son propios?
La verdad es que cuando empezamos con el guion teníamos claro que queríamos reflejar ese instante en el que vas descubriendo la vulnerabilidad de tus padres, de aquellos que han sido pilares de tu vida hasta ese momento y que, de repente, te das cuenta de que son personas con grietas. El conflicto de la película está ahí, en ese cambio de rol experimentado por Jone cuando tiene que hacerse cargo de la enfermedad de su padre. A partir de ahí van emergiendo otros escenarios como esa sensación de duelo mal gestionada que arrastran tanto a Jone como a su padre, o el descubrimiento del primer amor en plenas fiestas… No sé, de repente cuando te pones a dar entrevistas empiezas a pensar en estas cosas y la verdad es que no estoy muy segura que todos esos escenarios que te estoy comentando los hayamos abordado racionalmente. Yo creo que todo ha sido un poco más instintivo, había una clara voluntad de comunicar unas emociones, unos afectos, pero no tanto de trabajar sobre unas ideas.
«Queríamos reflejar ese instante en el que vas descubriendo la vulnerabilidad de tus padres, cuando de repente te das cuenta de que son personas con grietas»
De hecho, hasta la última secuencia de la película no conocemos las circunstancias de la enfermedad del padre de Jone. Podemos intuirlas a raíz de la primera escena pero ahí hay una sensación de incertidumbre que acompaña al espectador. Supongo que esa decisión de mantener al espectador en la incertidumbre fue premeditada.
Para mí era importante remarcar esa incertidumbre, porque al final lo que refleja es esa sensación de incomunicación que Jone tiene con su padre. No es que tengan una relación conflictiva, pero no hablan de lo que les pasa. Y como la mirada de Jone es la que guía la película, la figura del aita queda ahí un poco alejada, no conocemos sus circunstancias ni sus sentimientos hasta que, de repente, aparecen los diarios, que marcan un primer acercamiento entre Jone y su padre. Por eso, esa secuencia final de voluntades anticipadas me parecía el escenario ideal para que ambos personajes rompieran con ese miedo a exponerse, a comunicarse…
Está claro que la apuesta es la de ver la realidad a través de los ojos de Jone, que es alguien que está en fase de negación y que se dedica a aplazar la toma de responsabilidades, ¿no?
Yo creo que tanto ella como su aita están en fase de negación total. De hecho, él se enfada porque se ve con dificultades para hacer cosas que hasta ese momento podía hacer sin problemas.
¿Y cómo se construye un conflicto desde la negación? Porque eso, en sí mismo, resulta una paradoja.
Total, fue algo muy complicado construir ese viaje si atendemos al hecho de que, aparentemente, Jone es alguien que ni tiene objetivos muy definidos ni vive una situación conflictiva. Pero, poco a poco, te vas dando cuenta de que ese conflicto está ahí latente, que no acaba de estallar… Pero, por ejemplo, las fiestas son su vía de escape, un escenario para huir.
«Jone no tiene objetivos definidos ni vive una situación conflictiva, pero te vas dando cuenta de que hay un conflicto que no acaba de estallar… Las fiestas son su vía de escape, un escenario para huir»
Antes hablábamos del último verano como metáfora, un escenario que en el caso de Bilbo va indisolublemente unido a la Semana Grande. Supongo que en esa evocación hay también mucho de la propia experiencia.
Sí porque al final yo he vivido las fiestas de Bilbao de manera muy intensa desde que era bien pequeña. Aunque luego me fui a estudiar a Barcelona y no he vivido lo que es ser comparsera al cien por cien, mi cuadrilla, mi hermana y mis amigas sí lo han hecho. Al principio, rodar la Semana Grande parte de un deseo de mostrar en una película todo eso, pero después nos dimos cuenta de que tenía todo el sentido del mundo ambientar la historia en ese momento porque es un momento en el que la ciudad cambia por completo y todo el mundo se siente vivo estando todo el día en la calle y en compañía de aquellos a los que quiere. Entonces era como el contrapunto ideal con lo que Jone vive en su casa. Y luego que son unas fiestas muy curiosas en el sentido en que son autogestionadas y la gente pone toda su energía para organizar algo que luego dura apenas una semana. Desde ese punto de vista es algo parecido a lo que supone poner en marcha un rodaje.
Cuando habla de contrapunto, llama la atención, de hecho, esa confrontación entre la intimidad de Jone y todo el bullicio que acontece a su alrededor. ¿Ese contraste diría que redunda en la sensación de soledad que arrastra el personaje?
Jone vive en el barrio de San Francisco, las fiestas son en el centro y entre medias está el puente que simboliza justamente eso, el tránsito, la unión entre dos mundos. Es un elemento con el que nos apetecía jugar y que nos permite acompañar a Jone en esa travesía. Y luego también es verdad que nos apetecía mostrarla en ese deambular cuando va buscando a su amiga Olga que quizá es donde más se nota la soledad del personaje esa que comentas por oposición a todo aquello que está aconteciendo a su alrededor.
¿Cómo fue el trabajo con los actores? En cierta medida resulta más interesante lo que los personajes sugieren, a través de su gestualidad, que lo que dicen.
Olaia y Elorri, que dan vida a Jone y Marta, nunca habían actuado antes y para nosotras era muy importante que fueran personas que se sintieran absolutamente libres para lanzarse a hacer aquello que les pedíamos en base a la confianza que podíamos ofrecerles. Y tengo que decir que ambas fueron muy generosas teniendo en cuenta que fue un trabajo de ir muy poco a poco basado, primero en conocerse, después en ir planteando algunos juegos y, por último, en hacer juntas una lectura de algunas de las escenas de la película. Lo importante era lograr que ellas dos entendiesen qué historia estábamos contando pero sin ser muy conscientes de que estaban haciendo una película. Y, claro, luego con Josean Bengoetxea y Ainhoa Artetxe el trabajo ha sido distinto porque ellos dos sí que son actores y cuentan con todas las herramientas, aunque también es verdad que se mostraron muy abiertos a adaptarse a la forma de trabajar de Olaia y Elorri.
‘Jone, batzuetan’ se estrenó en marzo en el Festival de Cine de Málaga en su versión original en euskara. ¿Siente que se trata de algo que cada vez está más normalizado?
Sí y, de hecho, para mí era muy importante que la película se hiciese en euskera porque siento que es una lengua que tiene que tener su lugar en el cine. De ahí que el casting que hicimos estuvo muy condicionado también por eso. Quería conferir al euskera una dimensión cotidiana porque también me cansan un poco esas películas en las que nuestro idioma se ha usado para estigmatizar a tal o cual personaje.
Da la sensación de que anclar las historias en un contexto local luego las confiere un valor universal.
Yo pienso que sí. Fíjate que las Fiestas de Bilbao tienen un componente local muy marcado, pero yo creo que si tú cuentas una historia desde la honestidad y desde los conflictos íntimos de las personas, da un poco igual donde esté ambientada y en qué idioma esté narrada.