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Guillermo Arriaga
Escritor

«Si la literatura no asume las contradicciones del ser humano, ¿para qué sirve?»

Nacido en Ciudad de México, tras publicar sus primeras novelas desarrolló una fértil labor como guionista junto a Alejandro G.Inárritu en películas como ‘Amores perros’, ‘21 gramos’ o ‘Babel’. Su última novela, ‘El hombre’, es una ambiciosa aproximación a los orígenes del capitalismo estadounidense.

El escritor Guillermo Arriaga. (J. DANAE | FOKU)

Novela narrada a seis voces, en ‘El hombre’, Guillermo Arriaga construye una polifonía en torno al mito del ‘hombre hecho a sí mismo’, figura que ha sostenido el entramado discursivo del capitalismo estadounidense y que, sin embargo, la mayor parte de las veces tiende a ocultar una historia de violencia, represión e individualismo salvaje. A través de la figura de Henry Lloyd (ese hombre sin pasado) y de un viaje que nos lleva de Alabama a Texas y de principios del siglo XIX a la actualidad, Arriaga va adentrándose en un escenario de incomodidad donde dialogan pasado y presente.

Me resulta curioso el vuelo que ha cogido su carrera como novelista tras su etapa como guionista y director. Ahora mismo, ¿sigue abierto a compatibilizar cine y literatura?

Realmente no he abandonado el cine. En los últimos años es verdad que no he dirigido ningún largometraje, pero he producido muchas películas como ‘Desde allá’, que fue la primera película latinoamericana en ganar en León de Oro en Venecia o, el año pasado, ‘A cielo abierto’, película que dirigieron mis hijos, en cuyo guion participé, y que también estuvo en Venecia. Lo que ocurre es que producir es un trabajo en la sombra y cuando te consagras a ello parece que no estés en primera línea.

Resulta llamativo que, justamente hoy, cuando la literatura aparece tan influida por el audiovisual, con tantos escritores que confiesan que la narrativa cinematográfica ha influido en su prosa, usted, que ha tenido una experiencia destacada como guionista, a la hora de escribir novelas confiera al género una dimensión literaria muy próxima a la que tenía el relato decimonónico.

Yo realmente vengo de la novela y cuando escribí mis primeras películas, como ‘Amores perros’ o ‘21 gramos’, les quise dar una textura de novela. No sé si lo logré o no, pero sí había una intención por conferir una pátina literaria a aquellos primeros guiones. ‘El hombre’ es la cuarta novela que publico en los últimos nueve años y al retomar mi faceta como novelista lo que sí tuve claro es que quería conferir a mi prosa un revestimiento literario, donde tanto el lenguaje como la propia estructura fueran parte importante de la narración.

En este sentido, de entre todas sus novelas, ‘El hombre’ me parece la más ambiciosa. No sé si está de acuerdo.

No sé si ambiciosa es la palabra, pero sí que quise que esta novela tuviera un sentido del riesgo que, en cierto modo, superase al de mis novela anteriores. Es algo que también ha guiado mi trabajo como guionista. En cada nuevo guion que escribí después de ‘Amores perros’ quise arriesgar más y más.

«Fueron 2.700.000 km2 los que arrebataron a México, el 57% de su territorio. Y la razón por la que no se anexionaron todo el resto del país es porque estaba lleno de mexicanos»

¿Cómo se planteó esta historia? Porque el mismo hecho de que esté narrada a varias voces ya nos hace intuir una búsqueda a la hora de encontrar el lugar desde el que relatarla.

Un escritor tiene que ser capaz de escuchar la historia. Yo cuando me siento a escribir no tengo nada planeado. Cuando lo hago es porque hay una historia que se apodera de mí y quiero poder liberarla, pero sin tener ni idea de hacia donde puede avanzar aquello. Entonces, en el caso del ‘El hombre’, según iba escribiendo, me daba cuenta de que se trataba de una historia que daba para varias voces. Porque el protagonista, Henry Lloyd, atesora una personalidad tan compleja que necesitaba desarrollarlo desde puntos de vista distintos. Y cada uno de esos puntos de vista quería que estuviera expresado en un lenguaje diferente y que detrás de ellos hubiera también una historia personal distinta. Fue así como fueron surgiendo otros personajes que, más allá de ofrecer su testimonio sobre Henry Lloyd, van teniendo su propia singularidad y su propio peso en el relato.

¿Diría que se trata de una historia sobre los orígenes del capitalismo en EEUU?

Es la historia de un hombre que poca gente sabe de dónde viene, un misterio que se mantiene incluso para el lector hasta ya muy avanzada la novela. Lo que pasa que ese hombre es, en cierto modo, una encarnación del capitalismo en su versión más primigenia.

¿Qué diría que diferencia el capitalismo gringo del capitalismo, por ejemplo, europeo? Porque lo cierto es que la Revolución Industrial, que fue la que sentó las bases del moderno capitalismo, es un acontecimiento que se originó en Europa.

El capitalismo estadounidense escapa al análisis marxista sistémico que se originó justamente a raíz de la revolución industrial. Es lo que le ocurre al personaje del investigador que, doscientos años después, está estudiando la figura de Henry Lloyd. Él llega a la conclusión de que, más allá de dicho análisis, en el caso de una figura como la de Lloyd hay una suerte de impulso individualista feroz que es el que definió a muchos de aquellos pioneros.

Quizá la mayor diferencia radique justamente en la construcción del relato ya que, en EEUU, en lugar de enfocar este tipo de narraciones fundacionales como una aventura colectiva, precisan siempre de héroes, de figuras individualizadas, como el protagonista de su novela.

Cierto. Por eso esta novela se llama ‘El hombre’, porque el investigador en cuestión se da cuenta de que solo desde una perspectiva novelística y desde un relato ficcionado, puede acercarse en toda su magnitud a la figura de ese pionero, de ese ‘hombre hecho a sí mismo’ que tanto gustan de decir en EEUU para hablar del origen de las grandes fortunas del país, y por extensión, del capitalismo americano.

(J. DANAE | FOKU)

Con lo cual el mito acaba por triunfar frente a la verdad histórica. En este sentido, ¿diría que en territorios sin historia gana peso la leyenda?

Sí, pero también te digo que para mí en la Historia tienen más peso los mitos que la verdad histórica. Esa es una idea que plasmé en una tesis que nunca pude defender porque mis profesores de maestría me la rechazaron de plano (risas). La verdad histórica se difumina en función de las narrativas que buscan explicar esa verdad. Obviamente, el historiador riguroso quiere tumbar esas narrativas pero, muchas veces, son narrativas construidas desde el poder y, como tal, resultan muy difíciles de tumbar. Entonces ahí emerge la figura del héroe y en el caso concreto de mi novela, la del héroe americano. Poco importa, de cara a sostener el mito, el reguero de sangre que esa persona dejó tras de sí. Es más, se trata de hechos que tienden a orillarse a conveniencia de cara a defender la vigencia de ese mito.

Pero, insisto, la vigencia de ese tipo de mitos, ¿no tiene que ver justamente con la singularidad que atesora un país como EEUU con apenas dos siglos de historia tras de sí? En ese contexto, ¿no es más normal que la leyenda termine por imponer su ley?

Es que EEUU no puede tener un pasado al que aferrarse, porque exterminaron a todas sus culturas indígenas… Entonces, en esa reinvención, es normal que la leyenda se abra paso y que termine por ser una herramienta desde la que forjar una identidad colectiva.

En un momento dado de su novela se comenta que la forja de ese ideal de emprendimiento sobre el que se ha sustentado el relato del capitalismo estadounidense, se basa en tres pecados originales: la esclavitud, el exterminio de la población nativa india y la ocupación territorial de todo lo que era el norte de México. ¿Diría que esa es la idea transversal que le inspiró este relato?

Es que son los pecados fundacionales de EEUU, cuyas consecuencias, en cierto modo, están aflorando ahorita. El despojamiento que le hizo a México de su territorio es una cosa que… Cuando hablo acá con la gente sobre ello, percibo que hay muy pocos que sean conscientes de la magnitud de lo que fue aquello. Fueron 2.700.000 km2 los que arrebataron a México, el 57% de su territorio. Y la razón por la que no se anexionaron todo el resto del país es porque estaba lleno de mexicanos. A ojos de los gringos los mexicanos siempre fuimos una raza inferior. De hecho, cuando esos mexicanos cuyo territorio usurparon se quedaron de su lado de la frontera hubo muchas dificultades para incorporarlos a su proyecto de país y pues esas dificultades ahí están, casi doscientos años más tarde.

¿Hasta qué punto la crisis que viven ahora mismo nuestras sociedades tiene que ver con el hecho de no saber confrontarnos con toda esa perversidad y esa violencia que se esconde en nuestras raíces? ¿Cómo gestionar todo eso eliminando la culpa?

El problema es que durante demasiado tiempo hemos blanqueado e higienizado la Historia para ocultar los puntos más turbios de nuestro pasado, sobre todo las aristocracias y los nuevos ricos, es decir, quienes detentan el poder. Y fruto de ese esfuerzo por negar la culpa es esa cultura de la cancelación que ahora estamos viviendo y que es la cosa más abominable que existe. Al cancelar ciertas obras o a ciertos personajes lo que se pretende es evitar la incomodidad que esas personas nos generan, pues nos confrontan con la parte más oscura de nuestro legado cultural. No se admite nada que pueda resultar perturbador, cuando la función del arte es justamente esa: perturbar, inquietar, molestar, dirigir nuestra mirada allí donde no queremos.

«Al cancelar ciertas obras o a ciertos personajes lo que se pretende es evitar la incomodidad que esas personas nos generan, pues nos confrontan con la parte más oscura de nuestro legado cultural»

Lo más interesante es que el protagonista de su novela, siendo un arribista, sin embargo un hombre atento a los derechos de las minorías. ¿En una época como la actual donde la audiencia demanda héroes sin mácula, cree que se asumirá bien este perfil de personaje?

Es un asesino, un ser deplorable y un cabrón sin medida, pero, sin embargo, sabe escuchar y denota un interés real por la situación de los esclavos, por eso estos le brindan una confianza ciega y le siguen a donde les diga. El hecho de que un tipo tan deleznable consiga granjearse lealtades incondicionales reviste al personaje de un carácter paradójico y contradictorio y creo que eso, narrativamente, es algo muy interesante. Como tal, siento que el lector lo agradecerá porque si la literatura no asume las contradicciones del ser humano, ¿para qué sirve?

Una de las líneas argumentales de su novela nos sitúa en los EEUU de hoy con un candidato republicano que resulta un trasunto de Trump. ¿Diría que este tipo de figuras representan el fracaso de una civilización?

Lo que resulta curioso es que los dos países que más fuertemente pujaron por la globalización han sido los dos primeros en demostrar sus deseos por bajarse del sistema que ellos mismos favorecieron: Reino Unido con en Brexit y EEUU poniéndose en manos de un personaje como Trump. Ese antiglobalismo al final se basa en una ilusión de grandeza diseñada para el consumo de aquellos que se quedaron al margen de los beneficios de la era global. Y eso, que ha terminado por aislar a los británicos, es muy probable que también se de en lo que se refiere a EEUU.