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‘Viaje a Idaho 1938’, el diario inédito que reivindica al fascinante Manu de la Sota

El palacio de Ibaigane, sede del Athletic, fue el hogar de Manu de la Sota, el fascinante y ninguneado político e intelectual abertzale. Allí se ha presentado ‘Viaje a Idaho 1938’, donde Maitena Iragorri saca a la luz el manuscrito inédito de su viaje a la diáspora vasca, en plena Guerra del 36. 

Maitena Iragorri y Pedro de la Sota posan ante el palacio Ibaigane. (Oskar MATXIN | FOKU)

Manu de la Sota (1897-1979) debía de ser todo un personaje; de hecho, su vida parece salida de una novela. Hijo de una de las familias más poderosas de la industria vasca, estudiante en Cambridge y escritor de teatro, era, sobre todo, un abertzale. No era jeltzale; era un Jagi-Jagi, un radical. También eran nacionalistas los Sota, una familia que, como ha recordado la escritora y periodista Maitena Iragorri en la presentación este jueves del libro ‘Viaje a Idaho 1938’ (Pamiela), con el levantamiento franquista, pasaron de ser «los Onassis de Euskal Herria» a que les requisaran todas sus propiedades. Y tuvieron que tomar el camino del exilio. 

Diciembre de 1938, Bilbo ha caído, el Gobierno de Aguirre, desde Barcelona, intenta desesperadamente crear redes de apoyo y buscar financiación para hacer frente a una población dispersa y en huída. Había que conseguir crear otra imagen de los vascos, diferente de la ‘comunista’ de la República. En Nueva York, y por convencimiento y, sobre todo, amistad personal con José Antonio Agirre, Manu de la Sota había constituido la delegación del Gobierno Vasco –en una suite de un hotel, tal era la premura– y, junto con Antonio de Irala, decidió viajar a los estados de Utah, Nevada, Idaho y Oregón para encontrarse con la importante diáspora vasca. 

«1 de diciembre. Hoy a la tarde, a las 3:20, hemos dejado New York en un bus Greyhund (galgo) rumbo a Boise, capital del estado de Idaho», escribió Manu de la Sota en la primera página de su diario, en el que relató con humor incisivo, y a modo casi de un reportaje periodístico y político, todo lo que hicieron, lo que vieron y con quienes estuvieron hasta el 9 de enero... Un relato que, durante ocho décadas, ha estado olvidado y que, tras su hallazgo y edición, ahora recupera la figura de un intelectual y político fascinante y, a la vez, sirve como «testimonio etnográfico sobre la diáspora vasca», como ha reconocido Maitena Iragorri. 

Los Sota, Telesforo y la diáspora

El palacio de Ibaigane, la entonces casa de los Sota y actual sede del Athletic, fue una de esas propiedades que les robaron. Un lugar donde Manu de la Sota, antes de la guerra, celebraba fiestas como la que refleja ‘Noche de artistas en Ibaigane’ ( 1927), el cuadro de Antonio Gezala que guarda el Museo de Bellas Artes. Fue presidente del Athletic y, durante la guerra, con objetivos culturales pero, sobre todo, propagandísticos, impulsó la Selección Vasca, el coro Eresoinka y, tras ella, en 1949, junto a Monzon y Laffite, entre otros, fue uno de los creadoros del día del Euskara que celebramos el 3 de diciembre.

Y en Ibaigane ha estado presente una representación de la familia de los Sota. El sobrino de Manu, Pedro de la Sota, custodiaba parte de los fondos dispersos de su tío, que ahora cederá a la fundación Telesforo Monzon. Así le habría gustado a su tío, amigo íntimo del político bergarés.

El diario estaba en dos portafolios negros. Uno contiene 80 folios manuscritos y en el parte del diario mecanografiado, ha explicado Maitena Iragorri. Un material que ella estudió y completó con la investigación que realizó in situ en el Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Reno y en Boise, y que ha convertido en un libro, donde se incluye documentación de la prensa de la época, fotografías, documentos y hasta un QR con el cortometraje ‘Guernika’, de Nemesio Sobrevila, que la delegación vasca proyectaba en aquel viaje.

El libro será publicado próximamente en inglés porque tiene muchas capas, lecturas y descubrimientos. Una de ellas es que realiza un retrato de la diáspora vasca en aquel Far West de EEUU con nombres, historias... y hasta aventuras. Aquel ‘señorito’ bilbaino que, sin embargo, «realizó un trabajo inmenso, entregado fielmente a la causa», se encontró con una colonia de vascos sin estudios, salidos de sus caseríos y que habían viajado al otro extremo del mundo –algunos con dos dólares en el bolsillo– para trabajar en condiciones muy duras. Algunos se habían enriquecido; otros seguían de pastores.

Y en sus páginas aparecen historias en tono «casi barojiano», ha apuntado la editora, como el vecino de Ea que pensaba que hablaba inglés, hasta que se dio cuenta de que lo que había aprendido cuando bajaba del monte a comer a un restaurante era chino; o la historia de las dos decenas de pastores que murieron a tiros de los vaqueros, porque no entendían las amenazas de que si pasaban por su pasto les dispararían; o el descubrimiento de que el euskara tenía una sección semanal en el diario ‘Boise Capital News’... con anuncios surrealistas, como este: «Otoñako Jaque Barrisek» que anuncia J. C. Penney Co.