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Xabi Iraola, en la entrevista realizada en Iruñea.
Iñigo Uriz (Foku)
Elkarrizketa
Xabi Iraola
Nuevo coordinador general de Sortu

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»


Iraola (Igeldo, 1993) transmite confianza y autenticidad al hablar. Se nota que conoce bien el movimiento del que toma uno de los cargos claves. Respeta mucho las genealogías y a la vez conecta con la militancia más joven. Valora mucho la reflexión colectiva. Está deseando ponerse manos a la obra. 

¿Su nombramiento supone un cambio generacional?

Creo que sí. Pero no por mí, sino porque la izquierda abertzale demuestra así su capacidad de renovación, de integrar a más generaciones a la lucha de liberación nacional. Además, indica que sabe dar confianza a las y los militantes jóvenes. En ese sentido, el cambio no lo represento solo yo; hay otras dos personas en la Secretaría Nacional de mi edad, y dos que son aún más jóvenes.  

Su generación puede ser puente entre una que cambió la estrategia y la que construirá otra cultura política. ¿Cómo se gestiona ese legado?

La nuestra es una generación que ha vivido muchos finales, pero también muchos inicios, primeras partes de muchos procesos y proyectos. Yo mismo fui parte de la creación de Ernai, por ejemplo. La primera vez que voté fue por Amaiur. Quiero decir que hoy en día EH Bildu y EH Bai son la primera fuerza del conjunto del país, pero hace 15 años todavía estaban en fase de creación. 

En ese sentido, sí que nos puede tocar hacer de puente. Frantz Fanon dijo que cada generación tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla. Desde mi punto de vista, es hora de descubrir cuáles son nuestras misiones.

Veo tres grandes retos que hay que abordar con valentía y confianza. El primero es renovar el proyecto nacional vasco y unirlo a los retos que tenemos en todo el mundo: la crisis climática, la migración, las desigualdades, la digitalización… En segundo lugar, cuando la extrema derecha quiere expandir la antipolítica, desde la izquierda debemos reconectar con su auténtico sentido transformador. Eso conlleva trabajar con el pueblo, con la gente. Por último, a esta generación le toca construir las bases del Estado vasco. Desde ya, debemos de empezar a pensar en todos los ámbitos, siendo y pensando como Estado. Y como vascos.

Sonia Jacinto decía que, aunque la renovación es clara, ella se sentía de la misma generación que Otegi. Enmendando la pregunta previa, quizás esa perspectiva no sirva… 

Porque lo que son nuevos son los tiempos, más allá de las generaciones. Muchas veces, en política, se destaca esta o aquella generación. Hay algo de razón en eso, porque al final cada generación tiene sus propias perspectivas, sus maneras de vivir la vida, la militancia… Pero lo que de verdad es nuevo aquí y ahora es el momento histórico. A nivel global, y en Euskal Herria. 

«Si el latido liberador del país va más allá de Sortu, las y los militantes de Sortu tendremos que hacer nuestra aportación desde esas dinámicas»

Precisamente, yo pondría en valor algo que he vivido de una forma muy natural en este movimiento: el trabajo militante intergeneracional. Claro que somos una nueva generación, pero pertenecemos a una escuela política. Somos hijos e hijas de toda la trayectoria de la izquierda abertzale, de la gente que ha militado y sigue militando en este movimiento. Es verdad que, por época, mi militancia está unida al cambio de estrategia, pero esa transmisión es muy importante. Más ahora, cuando intentan alejar la vida y la militancia de la gente joven. Mantener ese espíritu supone un aprendizaje mutuo. 

¿Cómo ha vivido el congreso?

Más que el proceso formal, destacaría el debate. Hemos planteado una ponencia, una reflexión para responder al momento político y al balance de los últimos 10 o 15 años. Partiendo de ahí, había que identificar los retos y el momento político actual, plantear nuestra apuesta a través de esa reflexión. Ese proceso ha sido gradual y acumulativo. Tanto en las asambleas como a través de las enmiendas parciales, hemos ido enriqueciendo y ampliando la reflexión inicial. Con debate, reflexión compartida y confianza, ha sido nuestra militancia la que le ha dado forma. Hemos puesto una base, pero ahora hay que demostrar que lo que dice la ponencia es posible. Vamos a poner todas las fuerzas en ello.

 



¿En qué cambia el modelo de militancia?

Pienso que lo que planteamos no es tan nuevo. En realidad, está en el ADN de la izquierda abertzale. Por eso, la militancia más experimentada ha entendido muy bien lo que se planteaba. Simplemente, hemos decidido que nuestro trabajo militante principal lo tenemos que hacer fuera de nuestras estructuras. Si entendemos que el latido liberador del país va más allá de Sortu, que el proceso de liberación nacional pasa por espacios y dinámicas que van más allá del partido, eso nos lleva a plantear que las y los militantes de Sortu hagamos nuestra aportación desde esas dinámicas, con otra gente. A veces nos cuesta, pero creo que hay que dar el paso de trabajar con gente que piensa diferente. 

«La autoridad para hacer dirección no se obtiene por escribir en una ponencia que se es dirección, ese poder se gana haciendo las mejores propuestas»

 

En la resolución aprobada el sábado, decimos que una sola organización no puede liderar un país. Y que si pudiera, tampoco sería deseable. Nosotros queremos liberar este país con la gente y con otros sectores. Desde la humildad, aportando, siendo uno más en esas dinámicas… El mayor cambio que planteamos ahora es ese, que hay que ahondar en el trabajo en común con otra gente.

Además de la militancia, ¿cómo evoluciona la función colectiva de dirección?

En serio, creo que uno no se puede autoproclamar dirección. Dicho de otra forma, esa autoridad no se obtiene por escribir en una ponencia que se es dirección. Creo que la autoridad, la capacidad de dirigir, se gana. Y hoy en día ese poder se gana haciendo las mejores propuestas y los mejores planteamientos. Sortu no ambiciona ser dirección en ese sentido tradicional, por así decirlo, sino que quiere aportar a esa tarea. Teniendo en cuenta la madurez que tiene hoy en día el proceso de liberación nacional, esa dirección, en todo caso, se va a hacer de manera colectiva, entre muchos y muchas. Ojalá podamos aunar diferentes planteamientos y perspectivas. En todo caso, será desde la humildad y desde nuestra posición política histórica, que es algo que solamente podemos aportar nosotras. 

Su dirección tiene un elemento renovador y un componente continuista. ¿Qué buscan con esta combinación?

El término continuista tiene una connotación negativa que no comparto. Creo que este es el mejor equipo para afrontar los retos que tenemos y por eso destacaría la parte de renovación. No solo en términos de edad, que es evidente, ni de género, que también –es la primera vez que en la dirección habrá más mujeres que hombres–. Sobre todo me refiero al origen militante o a la trayectoria de cada uno y cada una de mis compañeras. Hay gente que viene de ámbitos políticos muy diferentes, incluso ideológicos o culturales. Cuando el proceso de liberación nacional necesita traer otras perspectivas y esas culturas diferentes, por su dinamismo, este es un equipo de presente con una clara proyección a futuro.

Tiene 32 años, ¿cómo vive los episodios de nostalgia?

Personalmente, no me condicionan. Somos un movimiento de liberación nacional con muchas décadas de lucha, que por delante le queda otro tanto, y nos ha tocado luchar en este contexto histórico y bajo estas condiciones. Una de las mayores virtudes de la izquierda abertzale ha sido adecuar su lucha y renovarse. Otra virtud es la apertura estratégica que ha mantenido en el tiempo. Buscar siempre el modo de que el proceso de liberación nacional avance.

Arnaldo Otegi suele decir que la izquierda abertzale acierta cuando está donde no se le espera. Vamos a demostrar otra vez eso, enganchando a nuestra gente y sorprendiendo a los adversarios. La base estratégica que estamos desarrollando estos últimos años está dando frutos. Y creo que va a dar muchos más, pero no a la izquierda abertzale como tal, sino a Euskal Herria y al proceso de liberación. 

Porque, volviendo a la pregunta, nosotras no estamos para pensar si nos gustaría vivir en otro tiempo o en otro sitio. Estamos aquí para liberar a este país y nuestras reflexiones siempre van en ese sentido: identificar el momento histórico y plantear los caminos que nos parecen más adecuados para seguir avanzando.

Euskara, migración… sus intereses y responsabilidades han estado relacionadas con el nervio del país. ¿De dónde vienen esas inquietudes? 

Mi trayectoria está unida a esa manera de entender la política como algo transformador. Desde esa visión, hay que afrontar los debates con antelación, plantearlos de forma radical, con sus peligros y sus virtudes, con sus opciones. Hay que tener el compromiso de mirarle al país a la cara y creo que debates como el euskara o la migración hay que abordarlos con valentía y confianza, para que este pueblo pueda avanzar.

«Cada generación tiene sus perspectivas, sus maneras de vivir la vida, la militancia… Pero lo que de verdad es nuevo aquí y ahora es el momento histórico»

Pello [Otxandiano] dice que cuando más avanzamos es cuando unimos el impulso comunitario, ese tesoro que tenemos como pueblo, con los recursos institucionales del país. Nuestro trabajo es multiplicar y fortalecer esa unión.

¿Le ha marcado ser de Igeldo?

Claro [sonríe]. Igeldo es un pueblo que no es tratado como tal y que en muchos aspectos ha sido abandonado. Hemos aprendido a construirlo desde el trabajo comunitario, esa idea del «hazlo tú». Ahí «herrigintza» es exactamente eso, hacer pueblo. Ese es el contexto político en el que yo he aprendido a ser militante. Y en esas sigo. 

Habla del impulso comunitario, ha mencionado el utopismo… ¿Cómo se canalizan?

Alba Garmendia, en su libro ‘Etxeko leihoak unibertsora’, dice que una cosa es la utopía y otra los cambios reales que podemos hacer aquí y ahora. Me parece muy acertado, porque a veces recurrimos a la utopía para tapar nuestras carencias políticas. Por supuesto, la utopía es un espacio que hay que trabajar desde la política, la cultura… Creo que Sortu tiene que moverse en esos dos planos: por un lado, tiene que imaginar escenarios que hoy no son posibles, pero que pueden serlo a futuro y, por otro, la política está para plantear cambios concretos y reales, sin excusas.