De la lucha anti-ETA a la UCO, un camino muy transitado
No solo grandes corporaciones españolas han sido punto de destino final de agentes de la lucha anti-ETA; también la Unidad Central Operativa (UCO), ahora bajo sospecha de intencionalidad política, ha dado cabida a muchos de ellos, según la recopilación hecha por GEBehatokia.
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El informe de GEBehatokia sobre el recorrido de agentes destacados en las ‘cloacas del Estado’ al que ha accedido NAIZ tiene también un capítulo ‘interno’, paralelo al ‘externo’ del paso generalizado a grandes empresas: decenas de ellos han seguido o terminado trayectoria en la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, cuya imparcialidad política está hoy en duda más que nunca por las irregularidades y filtraciones interesadas de informes del ‘caso Koldo’.
Esta segunda ‘pasarela’ no es a priori un recorrido natural para los mandos antes dedicados a la lucha anti-ETA, puesto que la UCO nació con un objetivo bien distinto. Su estructura fue definida en 1987 con la misión de perseguir, sobre todo, delitos económicos, tráficos de drogas, blanqueos de capitales... Cuestiones, en resumen, que requirieran una especialización técnica y medios avanzados.
Sin embargo, desde que su función y su organigrama se ampliaron en la primera década de este siglo, esta unidad ha sido dirigida por agentes que hicieron antes carrera en Euskal Herria casi sin excepción, hasta la reciente designación de Pedro Merino Castro, hace ahora dos meses. El más conocido en Euskal Herria de sus anteriores jefes era Manuel Sánchez Corbí, a quien ya se hizo sobrada referencia en el primer reportaje de esta serie.
Antes que Corbí, al frente de la UCO estuvo entre 2000 y 2008 Félix Hernando Martín. GEBehatokia recuerda que ‘Interviú’ lo ligó con estructuras de guerra sucia ya en 1979. Pocos años después estuvo a las órdenes de la Secretaría de Estado de Interior dirigida por Rafael Vera, condenado por los GAL, y fue imputado por Baltasar Garzón en uno de los sumarios de la trama.
Pese a todo ello, se le encomendó dirigir la UCO y darle además un impulso cualitativo y cuantitativo, pasando de los apenas 29 miembros iniciales a los cerca de 600 actuales. En 2007, siendo jefe de la unidad, Hernando fue juzgado por el pago con fondos reservados a los policías José Amedo y Michel Domínguez. Quedó absuelto, al contrario que Vera (para entonces ya había pasado casi dos décadas desde los hechos).
En estos últimos años la Unidad Central Operativa ha sido dirigida sucesivamente por otros dos guardias civiles a quienes GEBehatokia vincula con la lucha anti-ETA: primero Alberto López Malo, con trayectoria casi completa en servicios de información, y posteriormente Rafael Vicente Yuste Arenillas, que dirigió el Grupo de Apoyo Operativo (GAO), definido por la Guardia Civil como «punta de lanza contra ETA».
GEBehatokia concluye de ello que la UCO ha ejercido de «eficaz puerta giratoria para reciclar con ‘honores’ y compensaciones de todo tipo a decenas de veteranos agentes de Información e Inteligencia». Y apunta que también ha hecho de «trampolín» para que algunos de ellos pasen de esta área ‘antiterrorista’ a grandes corporaciones económicas.
Cambio de paradigma
Los actuales manejos de la UCO en el denominado ‘caso Koldo’ han llevado a que esta unidad sea comparada ahora la llamada ‘Policía patriótica’ de la era de Mariano Rajoy, en la medida en que en su actuación se advierte una intencionalidad política contra el Gobierno Sánchez. Sobra decir que el actual Ejecutivo español ha salido a negarlo tajantemente.
Pero, casualidad o no, en diciembre ha introducido un cambio de paradigma optando por otro perfil diferente para dirigir la unidad. Pedro Merino Castro, el nuevo jefe de la UCO, sí ha estado especializado en delitos económicos, concretamente en el blanqueo de capitales. También ha colaborado de modo estrecho con el actual rey español, puesto que fue ayudante de campo de Felipe de Borbón en su etapa como príncipe.