Más que un campo de refugiados
A un año del desplazamiento masivo de más de 35.000 personas de los campos de Jenin y Tulkarem, la ocupación israelí persiste. Entre escombros y memoria, las personas desplazadas resisten. Sus habitantes enfrentan el desplazamiento, el trauma y la lucha por preservar su identidad.
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E n los campos de refugiados de Jenin y Tulkarem, la ocupación israelí continúa y se aferra a estos lugares en cuyo interior mantiene una presencia militar permanente. «Lo que más extraño del campo es la gente», dice Fadwa, una mujer de mirada penetrante y una risa de esas que se le pegan a uno sin saber por qué. Su presencia se hace sentir en la pequeña sala de la casa en la que vive temporalmente junto a su hijo, en uno de los barrios de Tulkarem. Desde allí puede ver su casa que, a diferencia de las cientos destruidas por el Ejército israelí, sigue en pie en el campo de refugiados de Tulkarem que ,junto al aledaño campo de Nur Shams, albergaba a cerca de 14.000 personas.
Los ataques e incursiones a los campos de refugiados en la Cisjordania ocupada eran una constante, pero desde el 7 de octubre de 2023 esas operaciones -con helicópteros artillados, bombardeos de drones y aviones de combate, ataques masivos de soldados y el asedio a los campos durante días- escalaron, dejando atrás un reguero de muerte y destrucción. La Unrwa ha contabilizado desde esa fecha más de 1.000 personas, entre ellas 229 niños y niñas, muertas a manos del ejército y de los colonos israelíes en toda la Cisjordania ocupada.
La ofensiva y el desplazamiento
La cara de Fadwa cambia, fija la mirada en un punto de la pared, donde encuentra los recuerdos de un ataque aéreo israelí que presenció, el 3 de octubre de 2024, en el campo Tulkarem, contra un edificio que en su planta baja tenía un café que servía de centro de reunión y que mató a 18 personas. Ese ataque fue uno más en el marco de la ofensiva del Ejército israelí contra los campos de refugiados en Tulkarem y Jenin, donde aún estaban organizados grupos de resistencia armada palestina que luchaban contra las incursiones sionistas.
La campaña de ataques contra los campos de refugiados de Jenin, Tulkarem y de otras ciudades de la Cisjordania ocupada fue bautizada por los israelíes como la operación militar Pared de Hierro y estaba destinada, según ellos, a limpiar los campos de refugiados de la resistencia armada palestina que opera aparte de la Autoridad Palestina (AP) en estas zonas C de Cisjordania, que se supone están bajo el control administrativo y militar de la AP.
En Jenin, la ofensiva supuso un incremento de dichos ataques. El 21 de enero, tras meses de ataques constantes, hubo un cerco al campo de refugiados de la ciudad por parte de elementos de la AP, donde posteriormente, con ataques de drones y helicópteros artillados, forzaron a desplazarse de sus casas a cerca de 25.000 personas que residían allí.
Los recuerdos de esa ofensiva los tiene claros Heba, de 37 años. Recuerda el miedo en los ojos de sus hijas e hijos con el sonido de los helicópteros artillados cuando disparaban sobre las casas del campo de refugiados de Jenin. Después de cuatro días de ataques, finalmente salió de su casa con lo puesto. La invasión y la ocupación se sellaría con la entrada de tres tanques Merkava al campo de refugiados el 23 de febrero de 2025.
Desde hace un año vive con sus ocho hijas e hijos en una pequeña casa de una sola habitación a las afueras de la ciudad, en una colina cercana al campo de refugiados. La tranquilidad del bosque y la naturaleza, imagen bucólica de la vida en el campo, está atravesada por la precariedad y el trauma.
Algunos de sus hijos sufren alopecia, según Heba, por las condiciones en las que viven. Pero ella misma confiesa que tiene «problemas personales», como llama a las heridas provocadas por el trauma, no solo de los ataques, sino de la ocupación, del asedio y del desplazamiento que los desarraigó de un hogar, una comunidad y una vida, que es lo que tenían en el campo de refugiados.
A las niñas les toca caminar cerca de una hora para llegar al colegio que está dentro de la ciudad. Encerrados en la pequeña casa, sin nevera, lavadora y dinero suficiente para la comida, eventualmente reciben alguna ayuda de vecinos y familiares. El esposo de Heba, que solía trabajar como fontanero en el campo, lucha por conseguir empleo, y de vez en cuando le salen trabajos ocasionales, siempre son insuficientes.
El comité popular del campo de Jenin se encargaba, en cierta medida, de la administración del campo, y también de la movilización política y de la resistencia civil a la ocupación, así como de defender el derecho al retorno. El modelo de los comités populares está extendido por diferentes campos de refugiados de la Cisjordania ocupada.
Pero ahora, un año después de la invasión y el desplazamiento, el comité popular de Jenin trata de gestionar ayudas para los miles de desplazados que están esparcidos en diferentes puntos de la ciudad. Un gran número de personas está en la Universidad Árabe Americana; otros tantos, con familiares.
Sahar es parte del comité popular de Jenin, y también escritora y educadora, por lo que disfruta usando la escritura creativa como herramienta educativa. Explica que, tras un año de desplazamiento, muchas personas se quedan sin trabajo y no pueden mantener a sus familias ni cubrir sus necesidades básicas. Un problema importante es que muchas familias no pueden pagar el alquiler y están en riesgo de quedarse sin dónde vivir.
Sahar afirma que las restricciones israelíes a las organizaciones que brindan ayuda a los palestinos comienzan a notarse con la escasez y falta de capacidad para atender la creciente crisis humanitaria de los desplazados del norte de la Cisjordania ocupada.
El caso es similar en Tulkarem, a unos 45 km de Jenin. En un edificio escolar se refugian 155 personas desde enero de 2025, cuando cerca de 14.000 personas de los campos de refugiados de Tulkarem y de Nur Shams fueron forzadas a desplazarse por el Ejército israelí.
Mohammed, de 34 años, es padre de dos niñas y un pequeño de 2 años. Trabajaba en la construcción en la «tierra del 48», como llaman a lo que hoy es el Estado de Israel y que era la tierra de cientos de miles de palestinos que fueron expulsados durante la Nakba de ese año. Ahora, como miles de trabajadores palestinos que trabajaban en los territorios del Estado de Israel, fue despedido y hoy tiene un empleo temporal. Ha montado una pequeña tienda en el aula que ha convertido en su hogar.
En su móvil, muestra con orgullo un vídeo del interior de la que era su casa y que construyó con sus propias manos. «Me gusta vivir en condiciones dignas, así sea en esta situación», dice Mohammed.
El campo y el futuro
«Nadie entendería lo que significa el campo de refugiados para nosotros», asegura Fadwa, mirando de nuevo ese punto en la pared que le traslada a sus recuerdos. Explica que, más que un campo de refugiados, era una comunidad, una gran familia que, en cierto modo, se autogobernaba y , pese a la ocupación y los ataques israelíes, funcionaba con el apoyo mutuo generando economías internas, trabajo y solidaridad.
Los jóvenes del campo, expulsados de su comunidad, comienzan a ver con preocupación que el desplazamiento sea sostenido. «Algunos han perdido la esperanza, algunos piensan que esto es lo que será», señala un joven que reflexiona que se tiene que seguir intentando movilizar a la gente para exigir el regreso a sus casas en los campos de refugiados. «Tenemos que dejar de estar colonizados y atemorizados en nuestras mentes», concluye sin dar su nombre por miedo a represarías.
El centro cultural Al-Awda del campo de refugiados de Tulkarem, permanece operativo. Sigue trabajando para los niños con discapacidad y con los proyectos culturales para afianzar la historia y la identidad del pueblo palestino, así como implementando programas psicológicos para el trauma que muchos experimentaron durante la escalada violenta los días de la invasión del campo. Pero Fatma Azaza, la coordinadora de proyectos, admite que los recursos para mantenerse han disminuido exponencialmente.
«La destrucción del campo también es la destrucción de la narrativa de nuestro derecho al retorno», explica otro joven, quien ve que en la expulsión y destrucción de los campos de refugiados en la Cisjordania ocupada un intento de la ocupación israelí de borrar la historia, la condición de refugiados de sus habitantes y el derecho al retorno a los hogares de los que fueron expulsados en 1948.
«Antes del 7 de octubre decíamos que estábamos sufriendo, pero ahora sí que estamos sufriendo», afirma un joven que, como tantos, se juntó en una de las plazas de Tulkarem después del iftar. Muchos no quieren mostrar su rostro ni dar su nombre, pues temen represalias y arrestos por parte de los israelíes y de la Autoridad Palestina, que todavía realiza incursiones en diferentes poblaciones de la Cisjordania ocupada.
«Ya casi nadie está pensando en el futuro; estamos ocupados pensando en cómo vamos a vivir y pasar el día», concluye el joven de 23 años.
El desplazamiento masivo de los campos de refugiados no solo les ha robado el derecho de vivir en sus casas y ha precarizado su vida diaria, sino que también ha roto comunidades muy unidas en las que los lazos abarcaban economías, trabajos, resistencia a la ocupación, arte, cultura, una vida entera.
En medio del limbo del desplazamiento, la escalada de ataques en toda la Cisjordania ocupada y las legislaciones del Estado de Israel que amenazan con la ocupación de más tierras palestinas, muchos de los residentes del campo se mantienen expectantes.
En otra aula de la escuela, sus ahora temporales residentes presentan a Yaman, nacido allí el 24 de agosto del 2025. El tiempo, como la vida, no se detiene, el futuro está llegando.
Los jóvenes temen la violencia desmedida israelí si organizan protestas o movilizaciones para volver al campo. Algunos sienten también que el mundo se ha olvidado de lo que está pasando en Cisjordania, pero saben que el apoyo internacional es más importante que nunca para sobrevivir. Como dice Fadwa: «Tenemos tiempo, debemos tener paciencia. Un día no solo volveremos a nuestras casas en el campo, sino a nuestros hogares del 48».