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Guerra de desgaste contra el Ejército israelí en sur de Líbano

Hizbulah, que intenta frenar el avance israelí en el sur de Líbano, ha llevado a cabo un giro estratégico. Dado por muerto en 2024, ahora lleva a cabo una guerrilla de alta intensidad e intenta agotar al ejército israelí en un terreno que conoce a la perfección.

Un partidario de Hizbulah ondea una bandera de la organización sobre unas ruinas en Beirut. (Laurent PERPIGNA IBAN)

Tras más de un mes de guerra, los combates en el sur de Líbano parecen estancarse cada día un poco más. El objetivo anunciado por Benjamín Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, que prometían establecer una zona de control hasta el río Litani, parece hoy fuera de alcance, al menos a corto plazo.

Varios factores explican este estancamiento: por un lado, implicado en varios frentes, especialmente en Irán, Israel considera Líbano como un teatro secundario y no puede concentrar allí todas sus fuerzas; por otro lado, Hizbulah, anunciado como duramente debilitado en noviembre de 2024, ha logrado reconstituir sus capacidades y contrarrestar los planes israelíes. Un equilibrio de fuerzas que provoca una creciente brecha entre las ambiciones políticas proclamadas por los dirigentes israelíes y la realidad operativa.

Guerra de desgaste

Hay que decir que Hizbulah ha sorprendido a todos. Se ha redesplegado militarmente muy rápidamente en el sur del país, y además sus ataques son tan numerosos como variados. Además de sus temibles armas anticarro, el Partido de Dios utiliza un gran número de drones de ataque, pero también, como novedad, misiles tierra-aire y francotiradores. A comienzos de abril, apuntó contra la ciudad israelí de Ashkelon con un misil Scud, el de mayor alcance empleado por la milicia-partido desde su creación.

«Los líderes de Hizbulah han aprendido la lección de la infiltración de los servicios de inteligencia israelíes y se ha reorganizado en pequeños grupos muy autónomos, que se comunican con medios muy rudimentarios para no ser detectados», explica una fuente bien informada. Esto no le impide difundir casi sistemáticamente los vídeos de sus operaciones. Un auténtico desafío a Israel.

Hizbulah parece haber hecho evolucionar su doctrina militar, volviendo a sus orígenes, como explica Nicolas Dot-Pouillard, uno de los mejores conocedores del Partido de Dios: «Es una configuración muy distinta a la de la guerra de 2024: los israelíes avanzan hacia el Litani para cercar a Hizbulah y encerrarlo, evitando a la vez los combates en llanuras y valles. Pero a medida que avanzan, los combates siguen estallando a sus espaldas. Hizbulah está empleando una estrategia de guerrilla en el más clásico sentido del término. Llevan a cabo una guerra de acoso: abren fuego, se repliegan, regresan…».

Como consecuencia, los israelíes tienen enormes dificultades para consolidar su presencia. Una auténtica guerra de desgaste que busca agotar a las fuerzas adversarias. «Hizbullah ha vuelto a una organización más dispersa, arraigada en la guerra asimétrica y en una misión de resistencia a largo plazo», señalan desde Chatham House, instituto de investigación independiente con sede en Londres.

Coordinación militar y estratégica con Irán

Por el momento, y esta es otra diferencia con 2024, muy pocos líderes del Partido de Dios han sido abatidos por Israel. La mayoría de los analistas apuntan a una toma de control operativa por parte de Teherán, que impondría el ritmo a su brazo regional.

«Contrariamente a lo que se cree, la relación entre los Guardianes de la Revolución e Hizbulah no es solo vertical. Hay amistades de 40 años, matrimonios, numerosas historias familiares en las más altas esferas de las organizaciones; los vínculos son extremadamente fuertes. Y los iraníes también saben lo que deben a los libaneses y a los palestinos, que apoyaron a la oposición iraní antes de 1979 y a los Guardianes de la Revolución desde su aparición», señala Nicolas Dot-Pouillard.

Así, la coordinación sigue siendo total: de las mil operaciones reivindicadas por Hizbulah, la mitad se han llevado a cabo en territorio libanés. La mayoría de las otras 500 han sido coordinadas con Teherán. ¿Es esta cooperación también estratégica? Todo parece indicarlo, ya que permite evitar la disociación de los frentes libanés e iraní.

Así, al abrir un frente en apoyo a Irán tras la muerte de Khamenei -y no en respuesta a las 10.000 violaciones israelíes del alto el fuego entre noviembre de 2024 y marzo de 2026, algo que le fue duramente reprochado en Líbano-, Hizbulah buscó en realidad asegurar que un alto el fuego en su propio frente fuera condición cualquier acuerdo de paz regional.

Y lo consiguió, según Irán. No así según Trump, quien, a todas luces, impuso el alto el fuego a Benjamín Netanyahu. Entonces, ¿ha querido el presidente preservar la susceptibilidad de su aliado dejándole margen de maniobra en el Líbano? Todo parece indicarlo. Queda por ver qué ocurre ahora, tras el fin de las negociaciones en Pakistán. Pero es más bien en Beirut -y no en Washington, Teherán o Islamabad- donde se está jugando la estabilidad regional.