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Salvar al soldado Balogun

El delantero que fue ‘indultado’ por Trump y la FIFA durante el Mundial ha sido protagonista de un absurdo caso de recta final de mercado y ahora se encuentra apartado por su propio club, el Mónaco.

Balogun, en un Mónaco-PSG de la pasada campaña. (Valery Hache | AFP)

Folarin Balogun no se había planteado convertirse en famoso durante este verano. El caso de la cancelación de su sanción por parte del dynamic duo Infantino-Trump le ha acabado afectando más a él y a la selección estadounidense que a los rivales.

En primer lugar, el equipo de Pochettino, después de lo que apareció como un verdadero escándalo, sucumbió frente a Bélgica en octavos de final del Mundial. Y luego, esto es historia reciente, al delantero del Mónaco se le ha torcido todo.

Un escándalo contraproducente

Una Copa del Mundo bien disputada casi siempre ha sido el trampolín que impulsa hacia arriba la carrera de un futbolista. Aunque veces ha resultado también algo engañoso, solamente la cumbre, porque la forma que se alcanza durante un mes es la suma de varias circunstancias. 

Las de Folarin Balogun el pasado junio habían sido inmejorables: tres goles en cuatro partidos con la selección de Estados Unidos y el estatus de estrella absoluta de un equipo que necesitaba goles y espectáculo para el público de casa. 

El delantero nacido en Brooklyn estaba preparándose para ser el héroe, hasta la llegada del fatídico 1 de julio. En dieciseisavos de final anotó un gol contra Bosnia-Herzegovina y luego hizo una torpe falta sobre el defensa Muharemovic. Tarjeta roja a través del VAR y sanción, inevitable: el mundo entero lo había visto. Una pena, una mancha en una hoja inmaculada. Nada grave en el fondo, Balogun iba a estar ausente contra Bélgica para luego volver (quizá) en cuartos de final. 

Tras el tumulto del Mundial, otro dislate en la recta final del mercado: el Everton pidió un ‘descuento’, el Mónaco se indignó y el acuerdo, que estaba cerrado, se anuló porque el mismo Balogun rechazó un trato así por parte de los ingleses

 

Lo que ocurriría de allí en adelante lo conocen hasta quienes no siguen el fútbol. Alguien desde muy arriba decidió que la sanción había sido injusta, y que Folarin tenía que volver, como si nada hubiese pasado. ¿Quién? El juez supremo de la Copa del Mundo, la FIFA, confirmó la sanción pero al mismo tiempo suspendiéndola. Luego se supo el trasfondo de la noticia, detallado por Associated Press; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había pedido explícitamente a Gianni Infantino, jefe absoluto de la FIFA, quitarle la sanción al delantero. 

El resultado sería contraproducente para la selección norteamericana, que de equipo anfitrión algo simpático pasaría a convertirse en el más odiado. Un estímulo extra para los belgas, que acababan de salvarse por la campana contra Senegal en dieciseisavos. Con Balogun en cancha, totalmente trastornado por el enorme eco del asunto, el resultado final sería una masacre a favor de los Diablos Rojos: 4-1. 

Venta fallida

El caso es que Folarin ha vuelto después de las vacaciones al Mónaco, su club, que mientras tanto había colgado para el americano el cartel ‘En vente’, es decir ,‘Se vende’. A pesar de las polémicas el jugador no estaba en discusión en cuanto a precio: todavía joven, con excelentes números anotadores (19 tantos en la pasada temporada) y un Mundial cargado de protagonismo. 

Filipe Luis, el nuevo entrenador, no contaba con Balogun pero había que sacar petróleo de la gran ocasión. Sin embargo, desafortunadamente para los del Principado nadie se ha acercado a pagar los 40-50 millones que el club pedía.  Nadie excepto el Everton, en última instancia, a pocas horas del cierre del mercado de verano. Los ‘Toffeemen’, con la clásica actitud adinerada de los equipos de la Premier League, concretaron el trato y llamaron al delantero para revisión médica en Liverpool. 

El avión que Balogun cogió desde Niza a Inglaterra increíblemente llegó con tres horas de retraso. Algo que puso a todos nerviosos, puesto que eran los frenéticos instantes de cierre del mercado. Y aún más se tensaron las cosas cuando los datos recogidos por las máquinas en el reconocimiento médico revelarían que Folarin estaba totalmente lejos de su mejor forma. 

Así que el Everton pidió un ‘descuento’, el Mónaco se indignó y el acuerdo, que estaba cerrado, se anuló porque el mismo Balogun rechazó un trato así por parte de los ingleses. Un gran jaleo, que ha acabado en nada. 

Como si fuera un paquete defectuoso, el delantero ha sido devuelto al equipo del Principado, donde por otro lado nadie lo quería ya. No ha sido incluido en el listado de los jugadores participantes a la Ligue 1 ni competición europea y hasta enero se quedará allí, suspendido, y muchos se olvidarán de él. Quizás sea un alivio.