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‘Glaxo’: ¿Se puede perdonar todo?

Benjamín Naishtat aterriza en competición con ‘Glaxo’, una cinta sobre el valor de la amistad, que muchas veces se ve nublada por la tentación del poder.

El equipo de ‘Glaxo’ posa para la prensa en el Kursaal. (Gorka RUBIO | FOKU)

Es 1956 en Argentina. Ha pasado un año desde que el golpe militar derrocara a Juan Domingo Perón. Un grupo de cuatro amigos vive en la pequeña localidad de Chivilcoy, a donde es trasladado un comisario militar, al que han premiado con un retiro por su «valentía» en ciertos episodios oscuros de la dictadura. 

La llegada del policía Folcada (Marcelo Subiotto), junto a su esposa (Lali Espósito), pondrá en jaque la amistad de estos cuatro jóvenes, ya que uno de ellos se verá tentado por el poder con el que aún cuenta el excomisario. 

Benjamín Naishtat pone en el centro de ‘Glaxo’ –basada en la novela homónima de Hernán Ronsino– el perdón y la traición, y lo hace atravesando las figuras del poder y las relaciones de amistad. 

Preguntado sobre el mensaje que ha querido trasladar, Naishtat ha afirmado ante la prensa que «es una palabra que me incomoda un poco, el mensaje. Voy buscando estímulos, sentirme interpelado y posiblemente algunas cosas se perdonan y otras no».

Por su parte, Marcelo Subiotto se ha pronunciado sobre su personaje, el excomisario Folcada: «Hace un tiempo acá, podía ser –un personaje– extraordinario y ahora parece que es la invitación que nos hace el mundo. No es un personaje solo de hoy; ahí están los testimonios de los fusilamientos de la década de los cincuenta».

Y es que durante la rueda de prensa ofrecida en el Kursaal ha sido inevitable hablar sobre el pasado argentino y también sobre el panorama actual, sobre todo en cuanto a la situación precaria de la industria del cine se refiere. ‘Glaxo’ cuenta con una producción brasileña y la propia película fue rodada en Brasil. Naishtat ha explicado que intentó encontrar localizaciones en Argentina, incluso visitó Chivilcoy y La Pampa, pero fue imposible rodarla en el país latinoamericano: «Si nuestro país está pasando por un momento donde la producción se inviabiliza, es por dos razones: por el desmantelamiento de las políticas de Estado y, por otro, por la macroeconomía que no solo produce cine, sino zapatillas o lápices, por lo que los costos son muy altos para hacer cine».

También ha salido al paso el productor Rodrigo Teixeira. «Cuando un país está sufriendo y, si estamos en condiciones de ayudar, les vamos a ayudar. Cuando Benjamin me dijo que era difícil hacer la película en Argentina, primero buscamos soluciones para rodarla en Brasil. Tenemos que ser solidarios con el resto de países latinoamericanos», ha sentenciado.