‘Krux’, el miedo como elemento arrasador
Tony Vahl irrumpe en competición oficial con ‘Krux’, una historia localizada en un pueblo al noreste de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial, dentro de una comunidad que espera, agónica, la llegada de tropas enemigas.
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Tony Vahl propone una película de estética heladora, terrorífica, pero con un elemento de fondo muy humano: el miedo. Y a este se le ha de sumar otra característica, la ignorancia de las personas que habitan en una pequeña comunidad al noreste de Alemania cuando la Segunda Guerra Mundial está a punto de terminar y no tienen conocimiento de lo que ciertamente está ocurriendo, por lo que lo habitual para ellos es continuar los dictados del régimen, como hasta entonces.
Todos los hombres han ido a luchar al frente, mientras en el pueblo quedan mujeres, ancianos y niños, expectantes de lo que vaya a ocurrir en una contienda en la que la Alemania nazi tiene ya prácticamente perdida cualquier batalla.
La corriente del río que transcurre junto al municipio arrastra hasta sus orillas cuerpos de varias personas que han decidido quitarse la vida ante el miedo de lo que ocurrirá si son invadidos por tropas enemigas.
La directora ha recordado que esta historia, basada en hechos reales, comenzó cuando su abuela, cuando ella era niña, le contó que hubo una época en la que aparecían cadáveres en el río: «Me pareció una historia de terror. Esta imagen de cadáveres flotantes nunca la perdí. Pero no era una historia de mi abuela, sucedió en toda Alemania. Me intrigaba saber qué sucedió cuando cayó el alma colectiva de un pueblo. Me interesó el aspecto psicológico de las personas y también me interesó esta especie de obediencia, y qué significaba el temor a lo desconocido».
Vahl ha evitado mostrar el sufrimiento físico o explícito, ya que el objetivo no era dirigir una cinta sobre la II Guerra Mundial al uso: «Tenemos muchas películas bélicas y queríamos contar la historia de una manera diferente, con un ambiente de guerra de trasfondo, pero no queríamos ver la guerra, ni explosiones. Solamente trazas de la guerra, en la cara y en los cuerpos de nuestros personajes. Elegimos este enfoque estético».
La directora también ha hablado de religiones y de creencias. «Cuando tú crees fuertemente en algo, quizás vayas a hacer cualquier cosa por ello. El alcalde, por ejemplo, es un nazi, el cura tiene su religión y la mujer supersticiosa cree en el universo. Todos tienen una religión. ¡Es tan fácil seguir a la multitud! Por ello es importante tener tu propio compás moral y tu propia voz interna. Este también es un mensaje de la película».