Mikel Arizaleta
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10 años de Hartz IV o cómo vejar legalmente

Escribe el profesor de sociología Holm-Detlev Köhler de la Universidad de Oviedo que «durante dos décadas, Alemania figuraba ante la opinión pública como el paciente enfermo de Europa, con altos gastos sociales y costes laborales, un mercado laboral muy rígido y estructuras corporativistas con una amplia participación de los agentes sociales en la gestión pública».

Corrían los tiempos en los que hombres como el premier británico Tony Blair o el canciller alemán Gerhard Schröder representaban la nueva cara de la socialdemocracia europea, la que había dejado atrás viejas utopías y entendido, por fin, el funcionamiento del mundo moderno. 

En Alemania, el gobierno –del que además de la izquierda moderada de Schröder participaba el Partido Verde– reunió en 2002 a una comisión de expertos y le pidió que elaborase propuestas para la reforma del sistema social, que visto desde Berlín era caro, rígido y desprovisto de mecanismos que incentivasen a los desempleados a dejar de vivir del Estado. 

Y el gobierno de Schröder del partido socialista (SPD) aprobó a finales de 2002 la famosa Agenda 2010, también conocida como reformas Hartzen, en alusión al presidente de la comisión de expertos Peter Hartz, amigo de Schröder y jefe de personal de la multinacional Volkswagen, por cierto condenado en 2007 a dos años de cárcel por varios delitos de corrupción y sobornos al comité de empresa en forma de viajes de lujo a Brasil con prostíbulo incluido a cargo de la empresa.

Las cuatro leyes Hartz consistieron en: Hartz I, la creación de Agencias de Servicios Personales en las Oficinas de Empleo; Hartz II, el fomento del autoempleo y los mini-empleos con sueldos inferiores a 400€ al mes y carentes de contribuciones sociales; Hartz III, la conversión de las oficinas de empleo en job-centers para sus clientes (parados); y, por último, Hartz IV, el sistema de prestaciones por desempleo, que ahora surge de dos fusiones: de la fusión de la ayuda social y del subsidio por desempleo, ley que entra en vigor el 1 de enero de 2005, hace ahora 10 años. Con esta fusión desaparecieron dos sistemas paralelos de ayuda social.

La ayuda social se destina a personas necesitadas que no tienen derecho a la prestación por desempleo, abonándose cuantías unificadas. Por otra parte, el subsidio por desempleo se rige por el último sueldo (53% del último salario neto para solteros, el 57% para un cabeza de familia con hijos) y tiene una duración ilimitada y entró en vigor el 1de enero de 2005.

El Arbeitslosengeld II (dinero a parados), más conocido como Hartz IV, es la prestación por desempleo y pretende incrementar la responsabilidad propia de las personas en estado de necesidad con capacidad laboral y de las que conviven con ellas en una comunidad de necesidad, y contribuir a que en el futuro puedan mantenerse independientemente de las prestaciones estatales. Son beneficiarias todas las personas en estado de necesidad con capacidad laboral, mayores de 15 y menores de 65 años, así como las personas que conviven con ellos en una comunidad de necesidad, que no tienen ingresos que superen la cantidad considerada como mínima para poder satisfacer las principales necesidades de la persona. La cantidad mínima a partir de la cual se considera que no existe necesidad es de unos 750 € al mes. Por lo tanto, si tienes un trabajo peor remunerado o si como autónomo tu empresa no tiene beneficios superiores, tienes derecho a recibir las prestaciones de Hartz IV por la cantidad que te falte hasta llegar a los 750 €.

Uno de los principales argumentos esgrimidos por el Gobierno, presidido entonces como hemos dicho por Gerhard Schröder del partido socialista (SPD), era eliminar diversos impedimentos que dificultaban el acceso rápido de los desempleados al mercado de trabajo. Con ello el ejecutivo hacía suyo el argumento recurrente de que unas prestaciones sociales excesivamente generosas desincentivan la búsqueda de empleo, lo que ha venido a denominarse la «trampa del desempleo». Este tipo de argumentación, afirman los autores del Instituto de estudios económicos y sociales (WSI) y que ahora evalúan estos 10 años de Hartz IV, ha dado pie a planteamientos políticos que justifican una intervención estatal como puede ser el recorte o rebaje en las prestaciones, que claramente lesionan intereses de los afectados, con la justificación de que a la larga le beneficiarán (inserción laboral más rápida). En concreto, el Gobierno afirmaba que la duración ilimitada del subsidio por desempleo de un importe muy superior al subsidio social dificultaba la búsqueda activa de un puesto de trabajo por parte de los desempleados de larga duración.

Pues bien, los autores concluyen que «la fusión de las prestaciones no contributivas no ha sido eficaz para reducir el período de percepción de las prestaciones». Las medidas no solo han sido ineficaces para el alcanzar el principal objetivo que en su día las motivaron (la inserción laboral) sino que han supuesto un incremento del porcentaje de riesgo de pobreza del 13% al 16% y del índice gini (estudio de la desigualdad de los ingresos) del 2,6 al 3,0). Solo el 55,4% de los beneficiarios de la prestación que consiguen encontrar un trabajo lo mantienen por un período superior a los seis meses y solo el 50,6% cuenta con ingresos suficientes para cubrir las necesidades y no tener que volver a solicitar la prestación de forma complementaria.

Desde el 1 de enero del 2005 ha crecido la pobreza en Alemania. La ley Hartz IV observa y contempla a millones de personas alemanas como presuntos holgazanes o vagos en potencia, y esto no casa con un estado que se dice social. La conclusión es clara: Desde el Hartz IV y con él ha crecido la pobreza en Alemania. Hoy hay en Alemania más pobres que entonces. El Hartz IV ni ha elevado la moral ni ha creado ilusión en Alemania, ni, tampoco, ha solucionado el paro, al contrario, ha oprimido y vejado al desempleado.

El Hartz IV, la prestación por desempleo, ley creada con la pretensión de incrementar la responsabilidad propia de las personas en estado de necesidad con capacidad laboral, culpabiliza del desempleo a los parados. En definitiva, se ha convertido en un programa de grandes subvenciones para salarios de mierda.

Los no afectados por esta ley dicen estar contentos con ella porque actúa en contra de esa supuesta mentalidad holgazana y dejada de los afectados, activaría a los parados obligándoles a hacer algo aun con poco o nada sentido. La prestación social se convierte en recompensa por un comportamiento de acuerdo y sumiso a las leyes vigentes del mercado.

En los afectados por el Hartz IV la ley no provoca seguridad sino lo contrario, inseguridad. Es una ley que les vigila, que les exige, y si bien les protege lo hace a base de control, entrometiéndose en su actividad y en su vida. Si los parados no se comportan como la ley se imagina pueden ser castigados y rebajados en sus prestaciones del minimum vital.

Con el Hartz IV se introducen y cuelan elementos penales en el derecho social. ¿Cómo es posible una cosa así en un estado denominado social? Porque desde una determinada «sociedad de posibles» se observa a los que perciben el Hartz como unos abusones, holgazanes que viven del cuento, y el abuso hay que castigar. Cierto: hay abusos, pero son mínimos entre los receptores de las prestaciones, una pequeña minoría. La gran mayoría lucha por un trabajo, por el reconocimiento y el respeto de la sociedad. Y el Hartz IV les dificulta: es una ley vejadora, que obliga a las autoridades a excesos administrativos y menosprecia la aportación de los parados a lo largo de su vida laboral y ahora, de pronto, atrapados por el desempleo por las leyes del mercado. El mercado laboral se sirve de esta bolsa de esclavos para su lucro, descubren que una mano de obra así de barata y vejadora les resulta rentable. El Hartz IV contempla a millones de personas como holgazanes, los rebaja y denigra, es lo que predica el principal parágrafo de la ley, el 31, el más largo y el que conforma su meollo. Y esta vejación, esta acusación de holgazanería viene afectando al año de manera estable desde la entrada en vigor de la ley en Alemania a entre cuatro y cinco millones de personas.

¿Cuáles han sido los resultados de la Agenda 2010 según el profesor Holm-Detlev Köhle? «El efecto más inmediato y profundo ha sido la dualización del mercado de trabajo con un amplio sector de mini-empleos y empleos subcontratados (más de siete millones de personas) con grandes dificultades de inserción en el mercado laboral regular. Cada vez más personas quedan atrapadas entre empleos por 1€/hora, mini-salarios subvencionados y la vuelta al paro, mientras en el otro mercado laboral la carencia de profesionales cualificados atrae a los nuevos inmigrantes bien preparados, convirtiéndose en un serio problema para una economía que gozaba antes del mejor sistema de formación profesional del mundo. Se calcula un porcentaje mayor del 20% de los asalariados alemanes pertenecientes a la categoría de trabajadores pobres, un altísimo valor en el marco europeo y una brecha salarial y social desconocida en la Alemania de la post-guerra. Más desigualdad y más pobreza en medio de una economía boyante es el efecto principal de las famosas reformas».

Heribert Prantl se pregunta: Si la pedagogía del desprecio y denigración, de la vejación, está mal vista en la educación infantil y ha sido abolida por el tribunal constitucional, ¿cómo puede ser que ésta tenga cabida para personas mayores a través del Hartz IV, donde se trata a los desempleados más como súbditos que como ciudadanos, haciendo gala de un paternalismo estatal?

El Hartz es más propio de un capitalismo autoritario que de un estado social; sin duda más ajustado y conforme con una democracia obediente y sumisa a las leyes del mercado que a la dignidad de la persona y a su ser de ciudadano responsable; ese demócrata sometido a las leyes del mercado y descrito en el Hartz IV no es el ciudadano que propugna la constitución alemana, sino más bien el que postula Ángela Merkel y los gobiernos sumisos de nuestra Europa.

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