Luismi Uharte
Sociólogo

12 de octubre de 2015: juicio al imperialismo español en Iruñea

El 12 de octubre es un día señalado en el calendario y en el imaginario oficial español. Es el Día de la Fiesta Nacional, de la Hispanidad, que también fue conocido como Día de la Raza, del Descubrimiento y de la Madre Patria. La historiografía oficial española todavía sigue concibiendo octubre de 1492 como un «encuentro entre 2 culturas», pretendiendo blanquear el carácter colonialista de un episodio histórico que supuso la ocupación militar de casi todo un continente y el sometimiento, explotación e incluso exterminio de millones de sus habitantes.

Apenas 20 años después de aquella ocupación militar, se produjo otra con fines no muy diferentes. En el año de 1512 el Estado navarro, solar político de la población vasca durante siglos fue ocupado e incorporado por la fuerza de las armas, la violencia y la amenaza, al imperio español naciente. La historiografía oficial, de nuevo, volvió a falsear la historia presentando un hecho violento y colonialista como una «incorporación voluntaria».

Las rebeliones que se produjeron en los siglos posteriores, tanto a un lado como al otro del océano, fueron silenciadas sistemáticamente por la maquinaria de propaganda del imperio, y cuando no pudieron ser ocultadas se presentaron como revueltas de salvajes que atentaban contra el orden y la paz del Reino de España.

El agitado siglo XIX, periodo clave de la decadencia del imperio, trajo como consecuencia las independencias en cadena de los territorios de ultramar y el nacimiento de las Repúblicas latinoamericanas. La pérdida de Cuba en 1898 dio cierre a un periodo que fue considerado por la prensa española de la época como una tragedia, una catástrofe y una humillación. En ese mismo siglo las guerras carlistas, que tuvieron como epicentro territorio vasco, estuvieron caracterizadas –y lo siguen estando hoy– por la propaganda oficial como meros conflictos monárquicos, ocultando la importancia que para las y los vascos de la época tuvieron como expresiones de resistencia en defensa de la identidad, los derechos históricos y la propiedad comunal.

La guerra civil de los años 30 del siglo XX fue caracterizada por la propaganda franquista como alzamiento nacional contra el contubernio rojo-separatista y posteriormente, la disidencia vasca que surgió en plena dictadura fue tachada de terrorista, además de ser criminalizada hasta la actualidad, en pleno siglo XXI.

El siglo XX fue también el de la reconquista de América Latina, después del desastre colonial del XIX. La globalización neoliberal fue el marco en el que las multinacionales españolas desembarcaron en territorio latinoamericano para un nuevo expolio, esta vez sin necesidad de ocupación militar. Mientras las voces críticas identificaron este proceso como una «segunda colonización», los mass media del Reino de España se esforzaron en presentarlo como una inversión económica que tenía como objetivo ayudar a desarrollarse a países del «Tercer Mundo». El nuevo desembarco vino acompañado de la famosa cooperación al desarrollo, que se convirtió en una herramienta eficaz para blanquear el expolio de las transnacionales e incluso terminó siendo funcional, en muchos casos, para desarticular y neutralizar movimientos populares que se vieron obligados a «oenegeizarse» para subsistir en el nuevo contexto histórico.

Las últimas décadas han sido también importantes por el papel de los movimientos de solidaridad internacionalista. Por fin, aprendimos que era fundamental que aquellos pueblos que históricamente habíamos estado subyugados por el imperialismo español nos solidarizáramos unos con otros. Surgieron organizaciones como Askapena, que desde el principio plantearon la necesidad de una solidaridad política y recíproca entre pueblos que seguían luchando por emanciparse del yugo del imperialismo y del capital. Y de nuevo la solidaridad, expresión de la ternura de los pueblos, fue satanizada por la propaganda del Reino de España, hasta el extremo de ser categorizada como «terrorista».

La manipulación de la realidad dio pie para la criminalización y posteriormente para el actual intento de ilegalización de una organización que desde que nació, no ha tenido otro objetivo que solidarizarse con otras luchas y desenmascarar el imperialismo. Por esto, hoy día se van a sentar en el banquillo de los tribunales españoles cinco militantes internacionalistas vascos.

Hace unos años se activaron los tribunales populares para juzgar entre otras, a las multinacionales españolas responsables del expolio actual que sufren los países del Sur. Es hora también de poner en marcha otro tribunal popular, para juzgar al imperialismo español, ese que pretende de nuevo proscribir y encarcelar a la disidencia vasca. Este 12 de octubre de 2015, tenemos una cita todas y todos en la vieja Iruñea, capital histórica de Euskal Herria, no para celebrar su Fiesta Nacional, sino juzgar en un tribunal popular, de una vez por todas, al imperialismo español. Askapena aurrera!

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