Iolanda Formoso
Cocinera LHI El Casal

A la Cristina Uriarte, consejera de Educación del Gobierno Vasco

Todo nos lleva a la obligación de repensar el comedor para el periodo de covid-19, virus que ha dejado en evidencia, también en los comedores, los puntos negros, que afloran como, en algunos aspectos, resultado de un sistema a como mínimo reconstruir. Por otro la poca atención que ha recibido en esta crisis un ámbito donde convergen, como queda diáfano, la alimentación, la educación y la salud.

El nuevo curso se presenta complicado con la presencia del nuevo comensal que convivirá con nosotras en nuestros comedores en la «nueva normalidad».

Veníamos oyendo multitud de noticias, y silencios, sobre el nuevo periodo escolar.

Queremos, desde nuestra mirada profesional, hacer nuestra aportación que, esperemos, tenga recorrido y sea tenido en cuenta por la consejera Cristina Uriarte para la elaboración de su plan de contingencia.

Obviaré decir que los comedores son una herramienta indispensable para atender necesidades nutricionales de muchos casos, sólo tenemos que repasar datos para contrastar que el número de becas de comedor del sistema educativo fue de más de 50.000 en el curso pasado.

Subrayar también el objetivo social de los comedores escolares en cuanto a conciliación familiar, sin olvidar su función educativa que, aunque no reconocida formalmente (sigue catalogado de servicio complementario) es una de la reivindicación de familias y demás agentes sociales. Resumiendo podríamos decir que es un ámbito donde convergen varios derechos fundamentales del alumnado: educación, alimentación, salud.

Éste último derecho es el que debe, en la situación actual y transitoria, de la convivencia con el covid-19, priorizar. Es indispensable situarse en el escenario de una cocina, comedor para analizar los obstáculos con los que nos encontramos para efectuar un análisis riguroso y así trabajar posibles medidas correctoras con el objetivo de anular el riesgo, y si esto no es posible, minimizar la transmisión. Lo que se conoce como prevención.

Este trabajo ya debe de estar llevándose a cabo por parte del Departamento de Educación, pero visto que, como trabajadoras no tenemos ninguna noticia, queremos compartir nuestra propia investigación, y que pueda servir para encarar el nuevo curso. Diremos que la documentación que hemos utilizado para su ejecución son la guía covid en restauración del Basque Culinary Center y guía de Osalan sobre cómo realizar plan de contingencia en covid. Muy útiles por cierto.

Tenemos que precisar que nuestra cocina es in situ, donde diariamente se elabora la comida para 147 personas, pero también precisar que los problemas son muy parecidos en cocinas de comida transportada.

Dividiremos en tres secciones el servicio de cocina-comedor: antes de comer, el momento de comer, después de comer.

Cada tramo presenta multitud de puntos sensibles, empezando con la recepción del género. Los proveedores ya no podrán entrar en la cocina para entregar los alimentos, con lo que seremos las cocineras las que deberemos salir a recoger el material, con la ropa de trabajo, desinfectar lo recibido (envases, cartones, plásticos, verduras...) Deshacernos de la ropa utilizada, cambiarnos y ponernos a cocinar.

La elaboración en sí no tiene porqué sufrir modificaciones, pero la desinfección y limpieza se debe de extremar, deberemos desinfectar utensilios, superficies después de cada uso. Mientras deberemos evitar reducir distancias entre compañeras, en una cocina el trabajo es de equipo, de coordinación y apoyo constante.

En el segundo tramo: momento de comer, deberemos preparar el comedor, respetando 1,5 metros entre comensales y mesas, lo que reduce el espacio considerablemente, por poner un ejemplo: allí donde comían 60 ahora sòlo lo podrían hacer un máximo de treinta, en grupos diferenciados para evitar en lo posible contacto, una medida a considerar: aumentar turnos, trae per se la necesidad de más personal.

Pero vayamos a turnos, si 147 comensales se dividen en grupos de máximo treinta, se necesitarán cinco turnos. Entre turno y turno se deberá desinfectar vajilla, mesas, sillas, suelos, puertas y pomos, lavabos, baños..para efectuar esto, calculamos que se necesita un mínimo de treinta minutos, los cuales sumados a treinta minutos para comer (actualmente se contempla 45 por turno) dan una hora por turno. Siendo cinco, serían cinco horas. ¿A qué hora debería entrar el primer turno? ¿A qué hora acabaría el último? Cuántas monitoras más para atender cada grupo? Mientras la cocina y lavado de vajilla, maquinaria... se pospone.

En el tercer tramo: después de comer, están el rato patio para alumnado, por un lado y por otro la desinfección de cocina, comedor, vestuarios, almacén, baños, con su tiempo necesario para una buena realización. El momento patio se debe tener en cuenta, las distintas edades coinciden, o pueden coincidir, los grupos deben mantenerse en distancia, las educadoras son las responsables de ese momento, necesitarán más apoyo, formación, EPIs...

Cierto es que se habla de usar clases como alternativa, quién propone esto no ha debido visitar muchos de nuestro sistema de comedores, lo que le impide ver que las aulas utilizadas, deben de ser preparadas para comer: montar mesas, vajilla, vasos, cubiertos. Transportar la comida por el centro (cosa prohibida) recoger mesas con todo los utensilios, limpiar y desinfectar antes del comienzo del periodo lectivo de la tarde. Esta labor corresponde a las cocineras. Recuerden, dos para 147 comensales.

Todo nos lleva a la obligación de repensar el comedor para el periodo de covid-19, virus que ha dejado en evidencia, también en los comedores, los puntos negros, que afloran como, en algunos aspectos, resultado de un sistema a como mínimo reconstruir. Por otro la poca atención que ha recibido en esta crisis un ámbito donde convergen, como queda diáfano, la alimentación, la educación y la salud.

Solicitamos por ello que la consejera Cristina Uriarte tenga en cuenta todo lo relatado y ponga en marcha todas las medidas de inversión económica necesarias para, en este periodo transitorio, surtir los comedores escolares de medios personales, materiales, sanitarios para que podamos atender las necesidades de nuestro alumnado y familias, siendo éstas últimas las que no tienen otra opción que usar el comedor para acudir a sus puestos de trabajo para mantener la economía activa.

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