Adiorik ez, Ramon
Hemos dejado transcurrir unos días antes de escribir este artículo como recuerdo a Ramón Zallo, persona con la que durante muchos años hemos compartido reflexiones, reivindicaciones, muchos artículos de opinión y ratos de los que guardaremos siempre un buen recuerdo.
Nos rebelamos a la idea de que esto deba ser una despedida. Un adiós. El recuerdo de Ramón nos va a acompañar siempre, porque el tiempo que hemos compartido ha dejado su huella.
En todos estos años hemos tenido épocas más duras y otras menos, que han posibilitado crear unos fuertes lazos de amistad y solidaridad en responder ante retos que, desde una perspectiva democrática y de respeto a los derechos humanos, entendíamos necesitada de una respuesta de la sociedad civil.
Su fallecimiento nos trae a nuestro recuerdo esas luchas comunes y también muchas experiencias anecdóticas en las que Ramón siempre sabía poner la guinda del comentario con “chispa”, porque a pesar de ese gesto serio que él tenía, detrás de él, se escondía el hombre agradable, buen conversador y sobre todo, siempre, tratando de sacar el aspecto positivo en las situaciones complicadas.
En este sentido, recordábamos entre nosotros cuando supimos de su fallecimiento, un viaje que hicimos a Madrid para entrevistarnos con los portavoces de los Grupos Parlamentarios y trasladarles la necesidad de un compromiso en favor de los derechos de las presas y presos vascos. Fue el mismo día en que se anunciaron los primeros casos de COVID, lo que supuso que no pudiéramos entrevistarnos con ninguno de los Grupos Parlamentarios porque todos ellos habían abandonado apresuradamente la capital del Reino.
Ante este tipo de situaciones Ramón nunca perdía ni la calma ni el humor. De manera muy resuelta dijo: «Pues una vez de venir hasta aquí, no nos marchamos a EH, hasta que nos hayamos comido un buén codido madrileño». Nos costó encontrar un restaurante abierto, pero nos comimos el cocido y pudimos disfrutar, a pesar del momento, de una sobremesa entretenida. Como siempre.
Adiorik ez, Ramón. Hemos seguido la evolución de su enfermedad, sabíamos de su estado de salud quebradizo y cómo luchaba por recuperarse. La última vez que nos comunicamos con él fue el lunes 23 de marzo. No esperábamos que una semana después nos dejara. Conocemos el sí, la vida se acaba, aunque no el cuándo. Esta relación se ha roto, pero nunca olvidaremos el trabajo que hemos compartido.
Desde el año 2014, hemos trabajado en diferentes iniciativas en la Red Ciudadana Sare. Todas ellas en defensa de los derechos fundamentales de las personas presas. Ha sido un compromiso firme el de Ramón en esta justa causa. Ramón, siempre estaba disponible, dispuesto, infatigable en llevar a cabo los compromisos que conlleva la apuesta por la paz y la convivencia en nuestro País. Cuantas veces insistía en que este proceso de defensa de los derechos que asisten a los presos y presas vascos no hay que olvidar el dolor de las víctimas; en cómo es posible avanzar sin olvidar.
Como amigo, militante, persona comprometida, hasta ahora y antes, nos queda la pena, en este momento, luego vendrá la nostalgia del amigo entrañable, solidario, comprometido.
Pero ha de ser una nostalgia grata, porque el recuerdo de lo vivido y compartido, encenderá, también, los buenos recuerdos. Nosotros le recordaremos, nos inspirará lo hecho conjuntamente, para continuar con nuestro compromiso ciudadano, con nuestra actividad en defensa de los derechos de las personas, especialmente de aquellas que carecen más radicalmente de ellos: las personas que aún permanecen privadas de libertad.
Nuestro recuerdo con él y la solidaridad con su familia, especialmente con Maite y Doltza. Las buenas personas dejan con su generosidad un rastro insuprimible y un hueco, que se manifestará en la continuidad de la actividad que juntos asumimos. Te recordaremos Ramón por todo. Por tu compromiso compartido; por tu lucha en favor del Derecho y de los Derechos Humanos y, también, porque no decirlo, por el cocido madrileño y por las pochas que todos los años, junto con otros buenos amigos, comíamos en Estibaliz. Mila esker Ramon.