Agresión policial a un compañero de París 365
El pasado martes, varios medios de comunicación informaron de que, supuestamente, un hombre se había atrincherado en una vivienda con un arma de fuego, después de que amenazara con ella a su pareja. Desde París 365 seguimos con preocupación este caso de violencia machista en el barrio donde trabajamos y sentimos alivio al saber, finalmente, que la mujer había podido huir, el piso estaba vacío y el presunto agresor en búsqueda.
En el comedor solidario conocemos muy bien las dinámicas de poder, porque agudizan las situaciones de pobreza que atendemos. Por ello, somos muy sensibles ante cualquier tipo de ataque machista, racista, clasista, capacitista o de otra índole. Por desgracia, nuestra experiencia nos demuestra que a menudo estos abusos los cometen quienes, en teoría, trabajan para protegernos de ellos.
En el caso del supuesto atrincheramiento, nuestro alivio se vio empañado al conocer que uno de nuestros compañeros y amigos, camarero de barra, fue tratado de manera absolutamente inaceptable por la Policía Foral durante el dispositivo de acordonamiento de la zona.
Nuestro compañero, que desconocía la noticia porque había estado ocupado sirviendo cafés y desayunos durante toda la mañana, iba de camino a casa. Cuando pasaba por la calle Mercaderes, sin mediar palabra, un agente lo agarró fuertemente, le pellizcó en uno de los brazos y le apartó de manera violenta. Aunque solo fueron unos instantes, la agresividad fue tal que todavía tiene la marca de la herida que le provocó el pellizco.
Independientemente de quién fuera la víctima, la actitud del agente merece una enérgica condena por nuestra parte. Sin embargo, en este caso, creemos importante señalar una condición particular de nuestro compañero, ya que la consideramos un claro agravante: él tiene síndrome de Down y todos los días recorre minuciosamente el mismo trayecto de su casa al trabajo y viceversa. Por esta razón, nos parece un despropósito mayor la reacción del policía, que le creó una situación de estrés totalmente innecesaria a nuestro camarero.
Cabe destacar que un segundo policía foral se hizo cargo amablemente de nuestro compañero hasta que su padre llegó para tranquilizarle. Pero, por desgracia, sabemos que la actitud del primer agente está amparada por la impunidad que le confiere la Ley Mordaza. Como varios la hemos sufrido incluso con multas, resulta hasta tentador pensar que, por lo menos, a nuestro compañero no le va a llegar una desagradable carta a casa. Basta ya de esta lógica perversa.
Desde aquí queremos trasladar nuestro apoyo al compañero agredido. Asimismo, pedimos a la Policía Foral que identifique al agente en cuestión y tome las medidas que considere oportunas para erradicar este tipo de abusos, en especial con colectivos vulnerables.