Agricultores y ley de márgenes

Tanto para los problemas de la agricultura como para el resto de abastecimientos de bienes y servicios de la población, creo que es necesaria una Ley de Márgenes.

2020/02/24

Estamos presenciando estos día en los medios de comunicación las protestas de los agricultores por los bajos precios que perciben por las frutas y hortalizas que producen y que para llamar la atención de los ciudadanos y gobernantes, recurren a los cortes de carreteras y concentraciones de tractores en las ciudades con los consiguientes problemas de atascos y molestias.

La diferencia entre los bajos precios de los productos en origen y lo que alcanzan en la cesta de compra no es nuevo, esta situación viene ocurriendo desde que se cambió del sistema del trueque al de la moneda de cambio, es decir, al dinero.

Mi acercamiento al sector de producción y distribución de productos hortícolas consecuencia de mi trabajo en los últimos 50 años (instalaciones de cámaras frigoríficas tanto a agricultores como a asentadores y minoristas), me da una visión de conjunto, sin caer en los juicios fáciles de demonizar al sector de la distribución.

Aquí mismo en Pamplona, sin ir mas lejos, he conocido a mayoristas de frutas y verduras que unos años ganaban mucho y otros lo perdían todo, y varios de ellos han acabado arruinados. Podría poner nombres y en Mercairuña saben muy bien a que me estoy refiriendo.

Es cierto también, que en muchos casos, entre el precio que perciben los agricultores y el que nos cuesta en el súper o en la frutería hay una diferencia de 1 a 10. Estos días estamos oyendo que por algunos productos reciben 10 céntimos por kilo, y que luego ven en las tiendas a 3 euros. Generalizar estas diferencias creo que es una exageración.

Una de las soluciones que se intentó hace mas de cuarenta años para que el valor añadido de la distribución no se les escapara de las manos a los agricultores fue la de impulsar las cooperativas agrarias, en las qué, además de juntar esfuerzos a la hora de adquirir maquinaria, abonos, etc. a mejor precio, se crearan canales de distribución manejados por los propios agricultores para acercar sus productos al consumidor, de tal manera que se beneficiaran ambos. Unos consiguiendo revalorizar sus productos y los otros reducir el precio final.

Pero en la mayoría de los casos el experimento no ha funcionado, por unas u otras circunstancias o por la concurrencia de varias de ellas a la vez, como pueden ser:

-Tuvieron que hacer inversiones en la construcción de almacenes en origen y en centros intermedios de distribución y dotarlos con medios de acarreos (como carretillas elevadoras) y de conservación (como cámaras frigoríficas).

-Tuvieron que contratar personal, tanto para el manejo de los almacenes como de personal comercial.

-Tuvieron que asumir las pérdidas de la fruta que al madurarse en exceso tenían que tirar, como la tienen que tirar los asentadores, almacenistas y el punto final de venta.

-Y al final, tenían que recurrir al comerciante minorista, que también lleva su margen, además de los costes antes mencionados.

-La desconfianza entre los propios cooperativistas, sin mucha cultura empresarial y muy individualistas. Aunque en algunos casos la desconfianza estaba fundada por los abusos de los gerentes de algunas de las cooperativas, que se aprovechaban de la ignorancia y buena fe de los socios, que delegaban en los administradores los temas de gestión y que algún espabilado se enriqueció a cuenta de ellos.
Un sucedáneo de acercar los productos del campo al consumidor son los mercadillos, pero la mayoría de los comerciantes que acuden son intermediarios, no son los productores directamente.

En definitiva, tanto para los problemas de la agricultura como para el resto de abastecimientos de bienes y servicios de la población, creo que es necesaria una Ley de Márgenes.

El Gobierno tiene que intervenir, para establecer unos márgenes máximos a aplicar a los precios de coste de todos los bienes y servicios, para acabar con las situaciones de abusos que se están dando desde hace mucho tiempo, no solo en los productos alimentarios, que al final, no lo olvidemos, son perecederos, sino mas escandalosos aún, en otros ámbitos del comercio y sobre todo de instalaciones.

Los márgenes no serán uniformes en todos los casos. Habrá que adaptarlos a cada actividad. No es lo mismo hablar de productos perecederos que de productos manufacturados sin fecha de caducidad. Y dentro de cada actividad a los diferentes eslabones que concurren en la cadena de distribución. No es el mismo margen, por ejemplo, el del que está en la base de la pirámide (sector primario: agricultor o fabricante) que el de los niveles intermedios (almacenista y mayoristas), o el de la cima de la pirámide (punto de venta). Según se va estrechando la pirámide el margen será mayor por kilo o unidad de venta.

Además habrá que establecer un margen mínimo que tendrán que respetar las grandes centrales de compra, en la actualidad casi concentradas en las grandes marcas de distribución como son: Eroski, Mercadona, Leclerc, Carrefour, Día, Aldi, Alcampo, Lidl, etc., que con la presión por su gran capacidad de compra asfixian a los productores, no sólo en el precio, sino también en los plazos de pago (no menor de 120 días), con el consiguiente costo financiero, que merma el ya de por si el estrecho margen.

Pero ésta Ley de Márgenes, no solo hay que aplicarla a los productos de la cesta de la compra diaria. También hay que aplicarla a todos los precios de bienes y servicios que tenemos que adquirir los ciudadanos.

Sectores en los que hay unos márgenes abusivos se dan en almacenes de materiales de construcción, especialmente en cerámicas, materiales eléctricos, de fontanería, decoración, carpintería metálica, recambios del automóvil, etc., etc., en los que los almacenista efectúan descuentos del 40% y hasta el 50% a albañiles, fontaneros, mecánicos, etc. a los que el ciudadano, además de pagarles la mano de obra del montaje o instalación, tiene que soportar estos márgenes inadecuados, ya que los instaladores no arriesgan nada, compran los materiales sobre pedido en firme.

Igualmente en los sectores de ropa y calzado, hay que aplicar una normativa de márgenes adecuados y no los del 200%, 300% o mas que se estilan en la actualidad. Las «rebajas», no debieran de existir. Si los fabricantes estuviesen cerca, podrían optar al suministro «just in time» comprando en partidas mas pequeñas, con ello y con unos márgenes mas ajustados, los precios resultarían mas bajos y los ciudadanos nos compraríamos lo que necesitásemos en el momento oportuno y en cualquier época del año, sin tener que esperar a los periodos de «rebajas», en las que no pierden, pues aún mantienen unos márgenes excesivos. Únicamente estarían justificadas las «liquidaciones de stock», pero a unos precios de auténtica ganga, por debajo, incluso, del precio de coste.

Así, con este «totum revolutum» de productos y sectores, exclamo a gritos:

¡Ya basta de abusos! ¡Por favor, cuanto antes una ley de margenes!

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